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sdf_img1.jpgEl hecho histórico de la transición española ha despertado un considerable interés entre expertos y politólogos de todo el mundo. En determinados momentos aquella fase de nuestra historia ha sido citada como pauta o modelo a seguir en países que han experimentado situaciones parecidas: el dilema de un cambio de régimen político a través de la vía pacífica y el acuerdo entre las partes.


Tanto en la propia Europa como en Iberoamérica determinados países se vieron en la necesidad de sustituir viejos sistemas, dictatoriales o autoritarios, por democracias parlamentarias con partidos políticos. El modelo español, contemplado desde la superficie y a juzgar por la eficacia de los resultados obtenidos, parecería, en principio, sencillo y fácil de trasladar a otras realidades políticas, más o menos, similares.


Sin embargo, esa percepción simplista puede resultar engañosa teniendo en cuenta la extrema complejidad de una realidad en la que los aspectos sociales, económicos, políticos y culturales se interferían en línea discontinua y muchas veces contradictoria. Todo ello sin valorar la gran influencia ejercida por los elementos humanos, de carácter personal, que desempeñaron un decisivo papel tanto en la gestación y desarrollo del proceso como en su desenlace final.


Ese «factor humano», que era imprevisible, no ha sido considerado en toda su importancia por algunos de los numerosos historiadores, extranjeros y españoles, que se han ocupado de estudiar el fenómeno. En todo caso, es verdad que a la muerte del general Franco en noviembre de 1975, los acontecimientos se precipitan con tal rapidez que plantearon en muchas ocasiones compromisos difíciles de resolver a las personas más directamente implicadas en el proceso, que fueron bastantes, en los diversos grados de responsabilidad y ámbitos de actuación.


En definitiva, nos encontramos, con el paso de los años, ante una ingente masa documental que, según la fuente y procedencia, admite diversas lecturas e interpretaciones. La verdad es que sólo algunos de los protagonistas que vivieron de cerca los acontecimientos estarían en condiciones de interpretar adecuadamente lo ocurrido aquellos años. A ellos, algunos ya desaparecidos, les correspondería enlazar los hilos del tejido que hizo posible confeccionar el modelo de la transición, vestidura que permitió a España superar una de las etapas más complicadas de su larga y ajetreada historia.


Numerosos investigadores han estudiado los hechos en profundidad sobre sólidas bases documentales. A través de ellas disponemos de los textos facilitados por organismos oficiales, declaraciones de representantes políticos y, de modo especial, de las informaciones y comentarios de los medios de la prensa. En aquellos momentos, a falta de recursos informáticos, los periódicos se ocuparon con amplitud de informar, analizar y elaborar ante la opinión pública su versión de los acontecimientos.


Esos recursos han sido utilizados con buen criterio general por la investigadora Cristina Palomares, doctora en Historia por la London School of Economics and Political Science.


El libro, publicado en Gran Bretaña el año 2004, ha sido traducido para la actual versión española. Se trata de un aspecto que debemos considerar, teniendo en cuenta que el estudio iba dirigido, en principio, al público británico, no muy versado en el conocimiento del rumbo seguido por la transición. La autora se detiene en aspectos bien conocidos en España que, sin embargo, son necesarios aclarar al lector extranjero.


Con acierto, se estudian las diversas fases del régimen del general Franco. Se presta especial atención a los años sesenta, al atribuir el despegue económico a los expertos que, en torno a la Comisaría del Plan de Desarrollo y al amparo del almirante Carrero Blanco, liberalizan la economía española y provocan así una profunda transformación en la mentalidad y aspiraciones políticas de la sociedad.


Los más avispados dirigentes del régimen perciben el cambio y adoptan, según las circunstancias, diversas posturas ante la cada vez más urgente necesidad del cambio. C o m o anota Cristina Palomares, desde el ámbito del poder, Manuel Fraga aparece como el más destacado promotor de las reformas. Quedan consignados, además, las siglas, cometidos, actividades y fines de los muy numerosos grupos, asociaciones o «Plataformas» que surgen en esos años y se multiplican a partir de la proclamación del Rey don Juan Carlos, decidido impulsor de las libertades democráticas al amparo de la Monarquía Constitucional.


Esta es la misión que el Rey encomienda al nuevo presidente Adolfo Suárez en julio de 1976, que culmina de forma brillante con la aprobación de la Ley de Reforma Política en referéndum (diciembre de ese mismo año) y anuncio de elecciones generales para 1977 con participación de los partidos políticos.


Sobre la frialdad de datos y fechas, sobradamente conocidos, se echa en falta la valoración matizada que hubiera permitido establecer diferencias entre las actitudes de unos y otros. A veces, se olvida que la reforma, promovida por la Corona y gestionada por Adolfo Suárez, fue combatida duramente por todos los sectores de la izquierda, partidarios de una ruptura, incluso violenta.


El consenso fue el arma milagrosa que hizo posible el acuerdo entre las partes y abrió paso al régimen constitucional. En un trabajo de estas características, hubiera sido interesante indagar las razones que movieron las conductas y marcaron así el rumbo de unos acontecimientos que no llegan a entenderse correctamente. Es una tarea, pendiente, sin duda, arriesgada y difícil, aunque merecedora de un esfuerzo esclarecedor que sirviera como ejemplo para afrontar las crisis actuales que afectan al presente y futuro de la sociedad española del siglo XXI.


El prólogo de Paul Preston no aporta elementos que faciliten la correcta interpretación de los episodios cruciales de la transición. Se trata de un historiador que no se distingue por su objetividad, capaz de distribuir juicios y condenas de acuerdo con prejuicios carentes de fundamento científico. C o m o no podía ser menos, la extensa obra del «hispanista» británico recibe el apoyo de amplios sectores intelectuales de izquierda, que le han encomendado la tarea de explicar a los españoles de hoy las verdaderas claves de la transición de ayer.


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