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Thomas Mann leyó a Goethe durante toda su vida y estudió con detenimiento a Schopenhauer, Nietzsche, Tolstói, Fontane, Lessing, Cervantes y Freud. Los ensayos sobre ellos los recogió en 1945 en una antología titulada Adel des Geistes. Sechzehn Versuche zum Problem der Humanität (Nobleza de espíritu. Dieciséis intentos sobre el problema de la humanidad).

Rob Riemen, en Nobleza de espíritu. Una idea olvidada (Taurus, 2017), continúa la batalla que comenzó el Nobel alemán de literatura en defensa de ese Adel des Geistes (nobleza de espíritu), porque como subraya el mismo Riemen en su libro, “desde entonces apenas hemos oído hablar ni hemos vuelto a leer gran cosa acerca del concepto de nobleza de espíritu. En nuestra sociedad, el término se considera inoportuno y el ideal subyacente ha caído en el olvido.” Es este Rob Riemen, en palabras de George Steiner, “una persona que cree firmemente en la luz aun antes de que despunte el alba”.

El pensador holandés, con su esposa, Kirsten Walgreen, ha creado un instituto, el Nexus Instituut, para potenciar esa aspiración humanística. No es una cuestión solo de fomentar la lectura de pensadores aislados, por extraordinarios que puedan ser y por necesaria que sea esta tarea. Es preciso también el diálogo, porque “el análisis y la promulgación de los valores humanos están incluso fuera del alcance de los genios individuales”, señala George Steiner en el prólogo a la obra de Riemen. Añade Steiner: “Mientras el lenguaje continúe marcando la pauta, mientras podamos seguir hablando los unos con los otros, hay esperanza para la civilidad y la búsqueda de la verdad”. De ahí que por el Nexus Instituut hayan pasado hombres y mujeres tan sobresalientes como Richard Rortry, Michael Ignatieff, Daniel Goldhagen, Elisabeth Mann Borgese (hija de Thomas Mann), Mario Vargas Llosa, etc.

El primer capítulo de Nobleza de espíritu. Una idea olvidada se titula “Preludio: cena en el River Café” (pp. 17-50). La imagen que ilustra este artículo es justo del River Café. Riemen nos relata primero su amistad con Elisabeth Mann Borgese, la persona que le empujó a la cruzada en la que está metido y la que en su vida confirmó la regla de que los acontecimientos más importantes no se planifican, sobrevienen. Elisabeth, hija pequeña y ojo derecho del gran Thomas Mann, es la mujer “a la que en gran medida se debe la existencia del presente libro”. Cuando la conoció tenía ochenta años y vivía en Halifax, Nueva Escocia. Con ella, y con el pianista Joseph Goodmann, Riemen tuvo un encuentro memorable en el River Café, Nueva York, el 7 de noviembre de 2001.

Riemen a continuación profundiza en los autores que más le han ayudado en el hallazgo de la nobleza de espíritu.

Walt Whitmann y Baruch Spinoza

La obra de Walt Whitmann se fundamenta en la conciencia de que la vida no es sino búsqueda de la verdad, el amor, la belleza, la bondad y la libertad; es decir, nobleza de espíritu y encarnación de la dignidad humana. Whitmann empuja a Riemen a llegar a la conclusión de que el término técnico de “educación liberal” es sinónimo de adquisición de nobleza de espíritu.

Sigue Riemen con un comentario sobre su paisano Baruch Spinoza. A este sefardí de origen portugués la experiencia le enseñó que prácticamente todo en la vida es vano e insignificante, y que el desastre está asegurado para una sociedad en la que todos se dejan guiar por el ansia de riqueza, honra y voluptuosidad.

Dinero, fama y placer jamás podrán brindar al alma ni serenidad ni dicha duradera. Spinoza siente que solo la entrega a la verdad y a la vida recta le confieren sosiego y júbilo. El poder y el dinero, por paradójico que pueda parecer, no hacen más que restringir la libertad. La verdadera felicidad solo puede consistir en la sabiduría y el conocimiento de la verdad, privativos de la razón humana.

Pero quien persigue lo verdaderamente bueno no puede mostrarse indiferente ante la desgracia ajena. Es más, toda sociedad que ignore la verdad y la libertad dejará de existir inexorablemente en algún momento.

La libertad de pensamiento, la libertad de opinión y la tolerancia han de ser el objeto de toda política. Ello también redunda en beneficio del propio Estado. Spinoza concluía, ya en 1670, que por eso la democracia es el régimen de gobierno que mejor garantiza la libertad.

Sin embargo, no hay futuro ni para la democracia ni para la libertad política cuando la gente se olvida de la esencia de la libertad, no reflexiona y en lugar de obedecer a la razón se deja guiar por la superstición, las emociones, la angustia y los deseos de esclavitud.

La esencia de la libertad, destaca Riemen apoyándose en Spinoza, no es otra cosa que la propia dignidad humana. Solo quien es capaz de prestar oído al llamamiento del hombre a ser hombre, quien en lugar de dejarse guiar por el deseo, la riqueza, la ambición, el poder y el temor consigue alcanzar lo duradero y lo verdaderamente bueno, adquirirá la libertad de espíritu y conocerá la genuina libertad. Esa excelsa libertad, tan difícil como rara, la calificó Goethe de “nobleza de espíritu”.

El segundo capítulo del libro de Riemen se llama “El reto de Thomas Mann”. De él damos cuenta aquí:

“El reto de Thomas Mann”


 

Rob Riemen: Nobleza de espíritu. Una idea olvidada. Taurus, 2017


 

 


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