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Si dejamos a un lado las discusiones teóricas, parece evidente que es a partir de la segunda mitad del siglo XIX y hasta el momento actual, un considerable número de narradores se han inspirado en sus novelas de algunos acontecimientos que forman parte de la memoria colectiva y nos transportan de la mano hacia en un emocionante «viaje en el tiempo» que nos permite contemplar los hechos desde la distancia y descubrir siempre, como dijo el poeta, que «cualquiera tiempo pasado fue mejor». Nos acercamos así a un pasado que nos habla de épocas teñidas por la nostalgia del recuerdo, que mueven al escritor a buscar temas de inspiración en los viejos actos heroicos, iluminados por brillo de una gloria que el recuerdo exalta frente a la prosaica monotonía de la vida cotidiana.

LOS CREADORES DEL GÉNERO HISTÓRICO

Sentimientos que sir Walter Scott (1771-1832), uno de los creadores del género, incorpora a sus relatos. Destaca el carácter épico de la caballería medieval en su famosa novela Ivanhoe y el valor de la libertad de los episodios de la luchas seculares entre Inglaterra y Escocia representadas por la figura de RobRoy. En Ivanhoe, Scott recrea, con estilo vigoroso, el fascinante mundo de los torneos y justas en buena lid, al tiempo que fustiga las malas intenciones de torpes usurpadores (Juan sin Tierra) dispuesto a eliminar a los legítimos herederos del trono, en este caso el valeroso Ricardo Corazón de León, defensor de la fe en lejanas tierras de cruzada.

Rob Roy descubre los dramáticos episodios que enfrentaron a los católicos escoceses partidarios del rey Jacobo Estuardo con los defensores de Guillermo de Orange en una sangrienta guerra que acaba con el sometimiento final de Escocia. Luces y sombras de una tragedia, fechada a finales del siglo XVII, que ha llevado a los británicos, a partir de entonces, a evitar los conflictos armados entre los pobladores de su propia isla. Consideraciones que, tal vez movieron a Walter Scott a pronunciar su conocida sentencia: «El que se olvida de su propia historia está condenado a repetirla».

Algunos de los rasgos que imprime a la novela histórica sir Walter Scott se reproducen, adaptados a las circunstancias de ambiente y lugar, en otros países europeos. Influencias perceptibles en autores de la época, tales como Victor Hugo y Alfred de Vigny en Francia y Alejandro Manzoni en Italia.

En la recién forjada nación americana, Fenimore Cooper (17891851) adelanta en El último mohicano algunos de los elementos literarios de la épica posterior, centrada en la lucha entre indios y blancos, que ya establece las diferencias entre el «buen salvaje», representado por los nobles mohicanos, frente a la belicosidad permanente, desencadenada por tribus hostiles dispuestas a expulsar a los colonizadores de sus tierras.

LA REVOLUCIÓN FRANCESA Y EL IMPERIO

Los agitados vientos que azotan la Europa heredera de la Revolución francesa ofrece a los novelistas nuevos temas de inspiración. Como no podía ser de otro modo, Napoleón es el gran protagonista de los acontecimientos que se desencadenan en el viejo continente hasta su derrota final de Waterloo. La baronesa de origen húngaro afincada en Londres, Emma de Orczy (1865-1940) cuenta en sus novelas dedicadas a Pimpinela escarlata, las actividades del caballero Percy Blackeny, arriesgado salvador de un gran número de nobles franceses amenazados de muerte durante la época del Terror republicano (1793-94). La amenidad en el estilo y las pintorescas aventuras del valeroso protagonista, hicieron muy popular su figura, creando el término Pimpinela, aplicado para designar actuaciones salvadoras de nuevos héroes que actuaron en conflictos posteriores. Las conquistas militares de Napoleón encuentran en la Península Ibérica primero y en la campaña de Rusia después los comienzos de un declive que finalizaría en la batalla de Waterloo. Dos novelistas, el español Benito Pérez Galdós (1843-1920) en sus Episodios Nacionales y el ruso León Tolstói (1828-1910) en la monumental Guerra y Paz han reflejado en sus obras un emocionado recuerdo literario de los hechos acontecidos en sus respectivos países.

Parece oportuno señalar que los ejércitos de Napoleón, tanto en España como en Rusia, lograron obtener muchas más victorias que derrotas. Demostraron enorme superioridad militar sobre unos enemigos que, por diversas circunstancias, acabaron por ganar la partida. En Rusia, la inmensidad de los territorios, el frío y la nieve resultaron letales para la Grand Armée. Las defensas numantinas de las ciudades españolas, tal como relata Pérez Galdós (Zaragoza, Gerona) las guerrillas y la alianza hispano británica, obligaron a Napoleón a capitular en la Península. Muy diferentes en cuanto a formas, estilos y sentimientos, las obras de Pérez Galdós y Tolstói se han convertido en ejemplo y modelo de un género ya maduro, capaz de equilibrar el más escrupuloso respeto a la historia verdadera con la creación de numerosos personajes y situaciones que, aunque imaginarias, muy bien pudieran haber sido realidad.

Si la Europa del siglo XIX se vio agitada por revoluciones y guerras, el siglo XX culminaría una de las épocas más dramáticas de su historia.

LAS GUERRAS DEL SIGLO XX

La I Guerra Mundial aparece reflejada, con toda su profunda miseria y dramatismo, en Sin novedad en el frente, relato considerado como la obra cumbre del escritor alemán Erich María Remarque (1898-1970). Las glorias y el heroísmo romántico, presentes en las novelas de sir Walter Scott, o el patriotismo que caracteriza a muchos de los personajes de Galdós y Tolstói, quedan en la obra de Remarque a muchas leguas de distancia. Aquí impera el temor, el dolor y la muerte que predican la sinrazón de una guerra cruel en la que todos, vencedores y vencidos, pierden el honor y, con frecuencia, la vida.

En parecida estela realista y autobiográfica de Remarque, se mueve el relato de su compatriota alemán Heinz G. Konsalik (1924-1999) en El médico de Stalingrado, dedicada a narrar los sufrimientos de los prisioneros alemanes que permanecieron recluidos en un campo de concentración soviético durante la II Guerra Mundial. El mensaje final descubre un cierto horizonte de esperanza en la humanidad que acaba por triunfar sobre el odio y las pasiones desencadenados por la guerra.

En otra vertiente del conflicto, el ataque japonés a la base naval norteamericana de Pearl Harbour supone la participación activa de Estados Unidos contra las potencias del Eje RomaBerlínTokio. James Jones (1921-1977), entonces joven soldado de servicio en la base, presencia el horror de los bombardeos y la muerte de cientos de sus compañeros, masacrados en una agradable mañana de descanso. El recuerdo de las imágenes contempladas no se apartará de su mente y quedarán retratadas con extraordinario vigor y el realismo de las vivencias personales en la novela De aquí a la eternidad llevada posteriormente a la pantalla con gran éxito por Frank Sinatra.

El final de la Alemania nazi, con los últimos momentos de agonía en el búnker de Hitler, ha encontrado en la magistral pluma del periodista e historiador Joachim Fest (1926-2006) la expresión de la tragedia vivida por los berlineses a la entrada de las tropas rusas en Berlín. El relato describe en forma novelada el caos que rodeó el suicidio del dictador y de algunos de sus más fieles colaboradores. Fest nos ha dejado en su obra El hundimiento un documento estremecedor sobre la barbarie del nazismo que supera en elocuencia y capacidad de convicción al mejor documentado análisis teórico del III Reich.

ESPAÑA EN GUERRA: 1936-1939

La guerra civil española (1936-1939) como preludio de la mundial ha suscitado controversias y diferencias de puntos de vista no sólo entre los historiadores que se han ocupado del conflicto, sino también en los narradores que la convirtieron en argumento novelesco. Agustín de Foxá ofrece una visión realista del terror desencadenado en la capital de España tras el estallido del conflicto en su obra, convertida en clásico, Madrid, de corte a checa, escrita con depurado estilo que logra captar el ambiente de violencia y odio generalizado, sin el cual no se llegan a entender algunas de las claves sociológicas y políticas de aquella guerra fraticida. Desde otro ángulo, muy próximo al ejército popular de la República, en las que se involucró, Ernest Hemingway (1899-1961) transmite en Por quién doblan las campanas emociones y sentimientos que movieron a miles de jóvenes de todo el mundo a participar en una lucha que libraron con valor en defensa de las libertades y la dignidad de los pueblos. Un relato, quizá el más completo, equilibrado y profundo sobre los componentes humanos y factores sociales previos a nuestra guerra civil, destaca sobre los demás: Los cipreses creen en Dios. Su autor, José María Gironella (1917-2003), personaliza en la familia de los Alvear y en la ciudad de Gerona las complejidades de uno de los episodios más dramáticos de toda la historia de España. La obra muestra cómo las pasiones enfrentadas acaban por imponer su ley inexorable, hasta unos extremos de difícil comprensión en momentos de calma.

EL FASCINANTE VIAJE EN EL TIEMPO

El mundo antiguo ofrece también un extenso campo a la inspiración de narradores y novelistas, fascinados por el atractivo de unas civilizaciones que permiten un amplio recorrido a la imaginación, partiendo de los escasos y no siempre fiables datos de los que se dispone. El escritor finlandés Mika Waltari (1908-1979) acierta en su reconstrucción del espíritu y la mentalidad del imperio de los faraones en su extenso relato dedicado al médico Sinuhé, el egipcio, siguiendo una crónica de un personaje, se supone que real, fechada 2000 años antes de nuestra era. Waltari logra identificarse con la mentalidad y los misterios de Egipto, cerrados durante siglos hasta que los expertos europeos lograron descifrar el significado de la escritura jeroglífica grabada en monumentos, papiros, tumbas y templos descubiertos por historiadores y arqueólogos europeos (Jean François Champollion, 1790-1832).

El filólogo, poeta e historiador británico Robert Graves(1895-1995) recrea la vida de Roma en sus novelas Yo, Claudio y Claudio, el dios y su esposa Mesalina, publicadas en Inglaterra en 1934 y conocidas en España cincuenta años más tarde y eso gracias a la serie de televisión producida con el mismo título. Se percibe la admiración de Graves hacia la cultura latina del Mediterráneo, que supo captar desde su refugio en la localidad balear de Dejá, donde terminó sus días. Aunque el personaje tragicómico de Claudio es más producto de la imaginación del escritor que de las crónicas y fuentes históricas (Suetonio, Vida de los doce Césares) hay que reconocer el gracejo expresivo de Graves y su habilidad para retratar el clima degenerado y tumultuoso de los últimos emperadores.

El narrador polaco Henryk Sienkiewicz (1827-1908) ofrece en ¿Quo Vadis? la otra cara de la moneda, al exaltar los valores morales del cristianismo frente a la persecución romana que ya da muestras de ceder ante el ejemplar heroísmo de los mártires sacrificados en la arena del circo.

Menos conocida, aunque de mayor rigor y amplitud, es la serie que Sienkiewicz dedica a la historia de Polonia en el siglo VII que, con el título de Un héroe polaco, reproduce los episodios decisivos de una lucha secular en defensa de la independencia de la patria frente a las pretensiones dominadoras de los pueblos vecinos.

Con el paso del tiempo, el interés de la novela histórica no solamente no disminuye, sino que se incrementa. Bien es verdad que el género corre el riesgo de quedar adulterado por autores sin demasiados escrúpulos (Dan Brown y su Código da Vinci) que sacrifican la veracidad y el respeto a las instituciones al logro de beneficios económicos millonarios.

La tónica parece haber prendido y se multiplican los relatos sensacionalistas que explotan la violencia, el morbo, el sexo y el esoterismo para atraer a las masas de lectores. Se trata de una especie de fábrica de best-seller que se limita a asegurar con técnicas de marketing y escaso respeto hacia la literatura y la historia ventas millonarias en los más alejados rincones del mundo.


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