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La novela de intriga policiaca señala, en los últimos años, un significativo cambio que apunta a la intervención de nuevos elementos, humanos y ambientales, que aportan al género profundidad y altura, con el resultado de una mayor calidad literaria. Dentro de esa línea se mueve la escritora Karin Fossum (Sandefjord, 1954), llamada la «dama noruega del crimen», bien conocida en España por sus títulos anteriores: No mires atrás, El ojo de Eva y ¿Quién teme al lobo?

A duras penas Una mujer en tu camino puede considerarse como un relato clásico dentro de la novela policiaca. Se produce, en efecto, un brutal asesinato que abre el proceso de investigación llevado a cabo, con rigor y paciencia, por los agentes encargados del caso. Finalmente y tras superar las dificultades habituales, se logra desenmascarar al culpable, que recibe el merecido castigo por su delito. A pesar de las apariencias, ni el hecho criminal, ni la identidad del asesino, ni las pesquisas de la policía, acaparan el interés del lector que, llevado por la maestría narrativa de Karin Fossum, se desplaza hacia otros aspectos de una realidad mucho más compleja y atrayente.

La acción gira en torno a los dos personajes que van a figurar en el centro del relato. Uno es Gunder Jomann, que, a sus cuarenta años cumplidos, decide viajar a la India en busca de la mujer soñada en las tardes frías del largo invierno noruego. La otra es Poona, bella joven hindú que acepta en Bombay la formal propuesta de matrimonio de Gunder, que ha emprendido tan largo viaje dispuesto a cumplir sus fines. Formalizados los trámites legales, el hombre regresa Noruega a la espera de la novia, que llegará en breve, una vez resueltas algunas gestiones pendientes.

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Los hilos del destino van a impedir a Gunder realizar sus sueños. Cuando se dirige al aeropuerto para recibir a Poona, recibe una llamada urgente del hospital: debe hacerse cargo de su hermana, gravemente herida en accidente de tráfico. Angustiado, encarga a un vecino taxista que recoja a la chica y la lleve al confortable chalet ya preparado para el matrimonio. El taxista llega tarde y Poona, preocupada, ha tomado ya un taxi que la conduce a la dirección del pueblecito de Elvestad, según datos que le había facilitado Gunder. La chica localiza el lugar y comprueba que la casa está cerrada. Se traslada a la taberna local y decide abandonarlo, debido a las miradas suspicaces e indiscretas de los clientes, extrañados ante la figura de aquella exótica mujer.

Poona arrastra su maleta por la carretera un largo trecho y desaparece para siempre en un recodo del camino. Desde el hospital, Gunder recibe la noticia, que no acaba de creer: el cadáver de Poona, mutilado cruelmente, ha aparecido en un bosquecillo próximo.

Una vez esbozado el esquema básico de la trama, prevalecen ya los elementos emocionales, afectivos y costumbristas, que dan al relato de Karin Fossum una particular dimensión humana, al prevalecer sobre el fondo de violencia generado por el crimen, y dejar paso a otros valores que, como la ternura, la poesía y el sentido del humor, se encarnan a través de una pintoresca galería de personajes, cuyas vidas quedan desveladas a medida que avanzan las pesquisas de la policía. El caso conmueve a la pequeña comunidad de Evelstad. Viejas enemistades, rencores ocultos, envidias y peleas conyugales quedan al descubierto, para sorpresa de unos y vergüenza de otros. Las sospechas recaen alternativamente, sobre presuntos culpables. Cualquiera de ellos puede ser el asesino… pero ¿quién es el verdadero criminal? No hay testigos fiables, nadie se atreve a declarar lo que sabe, por temor al error… y a las represalias del perjudicado.

La acción transcurre en el agitado mundo de los sentimientos, e incluye también en el conflicto a los mismos policías encargados de resolver el enigma, puesto que forman parte del mismo entramado, amigos-vecinos de los interrogados durante el proceso.

La habilidad de la autora, estriba en desplazar el interés del relato desde las circunstancias propias del crimen, al ambiente del lugar en el que se ha producido, que cobra especial relieve a medida que avanza la narración.

Hasta el final, que no revelo por elemental respeto al posible lector, no se aclara la personalidad del culpable del monstruoso crimen, a favor del cual testifica repetidamente su madre, incapaz de aceptar que su hijo, siempre bueno con ella, respetuoso, trabajador y atento, haya sido capaz de cometer una acción semejante. Destaca sobre todos, la figura de Gunder, noble, sacrificado y víctima de unas circunstancias dramáticas, que acepta con generosidad el destino adverso y dedica los mejores cuidados a la hermana herida, que ha sido la causante involuntaria de su desgracia.

Con relatos como el de Karin Fossum, la literatura del género cobra nuevas dimensiones literarias y demuestra que los sentimientos humanos interesan tanto o más que cualquiera de los ingeniosos argumentos dedicados a dividir el mundo entre buenos y malos, policías y ladrones.


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