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Hoy ha sido galardonado en Oviedo el filósofo estadounidense Michael J. Sandel con el Premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales 2018. Sandel es profesor de Filosofía Política en la Universidad de Harvard. Allí ha impartido la asignatura Justicia, con un éxito tal que sus clases se convirtieron en una serie de televisión. Ofrecemos a continuación el artículo de María Gemma Prieto sobre el libro de Sandel Democracy’s Discontent. America in search of a public philosophy, que publicamos en Nueva Revista el 27 de febrero de 1998. 

Parece inevitable que el debate profundo de la filosofía política contemporánea se sitúe en el problema de la democracia, sus realidades y perspectivas. Sobre todo porque, sujetos a la tiranía de A Theory of Justice, la obra capital de John Rawls (publicada en el ya lejano 1972), los scholars norteamericanos se ven en el deber (intelectual y académico) de tomar partido en favor o en contra de aquella tópica “democracia procedimental” predicada por el primer espada del “liberalismo” (cuidado: de la socialdemocracia, en versión europea) de los Estados Unidos.

El comunitarismo es, sin duda, una de las más firmes respuestas a la fría doctrina derivada de la creación racionalista del misterioso “velo de la ignorancia” y de la sagaz decisión por un maximin, tan cara a los ortodoxos rawlsianos, que tanto predicamento han alcanzado también en España, en los ambientes del socialismo democrático. La seña de identidad del comunitarismo es la exigencia de un rearme moral (también religioso, en sentido estricto) de la democracia contemporánea, agobiada por el neutralismo, la tiranía de los valores abstractos y la presencia del bien común (the good, sin más, por evitar resonancias escolásticas), que han conducido al discontent, a la indiferencia del ciudadano desorientado.

El reciente libro del profesor de Harvard Michael Sandel no es particularmente original ni brillante. Sin embargo, refleja con rigor, coherencia y buen sentido el cómo y el porqué del desencanto que la democracia y su particular forma de integrar la tradición liberal (ahora sí, en sentido europeo) están produciendo en nuestro tiempo. Hay que volver a la justicia material y denunciar el formalismo; es imprescindible recuperar el tono religioso (siquiera en el sentido político del maestro Tocqueville) o, al menos, moral (en la línea republicana de los founding fathers) de la democracia americana, la única a la que se refiere —con esa ya habitual falta de perspectiva— este libro. Sandel considera deseable el retorno de las formas más consolidadas de “comunidad”, como la familia o la auctoritas social, para evitar que se pongan en primer plano algunas peligrosas pseudo-comunidades; en particular, la nación entronizada como forma de vida.

Las más de 400 páginas, densas y bien estructuradas de Democracy’s Discontent, merecen una lectura atenta y crítica, que permita valorar — un cuarto de siglo después de la gran obra dogmática de Rawls- los errores e inconveniencias de la democracia, desorientada por el socialismo y revestida de procedimientos “neutrales”.


Crédito de la imagen: Wikimedia Commons


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