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No se sabe casi nada de Juan Ruiz, autor de una de las obras más singulares de nuestra literatura medieval: parece indudable que era arcipreste de Hita (cerca de Guadalajara) y de la lectura del Libro de buen amor se desprende que era hombre de cultura universitaria. En efecto, esta obra presenta una gran riqueza de asuntos organizados alrededor de las vicisitudes sufridas por el protagonista en sus pretensiones amorosas, todo ello relatado unas veces en tono jocoso, o mediante registros y técnicas variadas en otras ocasiones; allí se suceden, entre otros elementos, la parodia del lenguaje de signos utilizado en los monasterios y que constituía la base de ciertas discusiones entre los gramáticos del siglo XIV; luego, se incluyen reflexiones acerca de la necesidad que tiene el hombre de amar, tema frecuentado por los filósofos. Ovidio, Aristóteles o Averroes y otros muchos autores suministran parte de los materiales que van formando esta obra heterogénea, entretejidos con elementos tomados de la tradición oral: la religiosidad popular se mezcla con el espíritu profano; la exaltación de la vida y la fiesta, con la reflexión más o menos trascendental. Y en el fondo, la búsqueda de la mujer, lo que convierte al libro en una especie de arte de amar. Los fracasos del protagonista en sus pretensiones le llevan a buscar una intermediaria, la alcahueta Trotaconventos, brillante precursora de Celestina. Sin embargo, el destino del fallido seductor no mejora.

De contenido heterogéneo, caótico en apariencia, el Libro de buen amor respeta, sin embargo, unos planteamientosestéticos bien definidos, como la utilización de estrofasde cuatro versos (la cuaderna vía) muy rigurosas en susnormas métricas.

La originalidad de la estructura no se corresponde con la de ninguna otra obra conocida del occidente europeo, a pesar de que casi todos los episodios tienen una tradición literaria claramente arraigada en la cultura occidental. Al conjunto, el autor añade el tono didáctico y la pretensión de reunir una antología de su producción poética, en formas métricas diversas, que queda enmarcada en el relato de esas catorce experiencias amorosas.

No todo son bromas, Juan Ruiz se hace eco de algunas cuestiones muy debatidas en los ámbitos universitarios de su época. La diversidad de posturas manifestadas a lo largo de la obra dan al conjunto una ambigüedad deseada por el autor.

Por la gran riqueza de sus significados y por la variedad de niveles de lectura y de interpretación quedaría justificada la presencia del Libro de buen amor en la Biblioteca de Occidente. Si además se añaden la tradición universitaria que lo sustenta y la indudable cultura de tradición oral y escrita de su autor, no hay duda de que surgirá de inmediato el juego intelectual entre Juan Ruiz, el protagonista en sus distintos aspectos, y los lectores: son los ingredientes necesarios para comprender la gran originalidad y la indudable aportación que ofreció a nuestra literatura el Arcipreste de Hita a través del Libro de buen amor.


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Catedrático de Filolofía Románica de las universidades de Alcalá y Ginebra. Director del Centro de Estudios Cervantinos