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Lazarillo de Tormes inaugura el género de la novela picaresca, muy representativo de la literatura española de los siglos XVI y XVII y que viene a ser como la antítesis de géneros renacentistas e idealistas muy en boga en esos años, como la novela caballeresca y la novela pastoril, poblada de personajes y situaciones idealizadas. La novela picaresca ofrece en vivo la realidad, de ahí su interés documental para conocer la España de estos siglos.

La edición más antigua que se conserva de esta novela es de 1554. Se piensa que se escribió entre 1525 y 1524. No se conoce el nombre de su autor, aunque se supone que fue un importante intelectual de su tiempo influido por las ideas erasmistas que no quiso tener problemas con las autoridades de su tiempo. Eso sí, se despachó a gusto con algunos de los vicios más visibles de una sociedad que vivía instalada en la hipocresía, a diferentes niveles. Por su manifiesto anticlericalismo, la novela fue expurgada en sucesivas ediciones.

Mediante el artificio de una extensa carta dirigida a «Vuestra Merced», suponemos que un alto dignatario eclesiástico, Lázaro comienza a relatar su vida hasta llegar a la «placentera» situación en que se encuentra. Cuando escribe la carta ha conseguido una cierta estabilidad laboral y un cierto también prestigio social, pues es el pregonero, cargo que ha obtenido gracias al arcipreste de la iglesia toledana de San Salvador. Lázaro se ha casado con una de sus criadas y los rumores que circulan es que el casamiento es una tapadera para que el arcipreste continúe amancebado con ella.

Para entender por qué Lázaro asume esos hechos, decide contar su vida. Él, Lázaro González Pérez, es huérfano de padre. Su madre vivía amancebada con un negro que le dio un hermanastro mulato. Con pocos años es entregado a un ciego para que le haga de criado y de guía. Con él inicia su aprendizaje vital, que está plagado de engaños, trucos y calamidades. La ingenuidad de Lázaro contrasta con la astucia del ciego. Pero Lázaro no es un pardillo y aprende rápido. Tras hacer que el ciego se estrelle contra un grueso poste, desahogándose así Lázaro de tanto castigo y reprimenda, decide abandonarlo. Desde ese momento pasa a servir a diferentes señores, experiencias que sirven al autor, utilizando personajes y escenas del folclore popular, para trazar una ácida y divertida radiografía de aquella España.

Lázaro sirve después a un clérigo avariento e hipócrita que le hace pasar hambre. Luego a un escudero de origen hidalgo muerto de hambre que vive para las apariencias y al que incluso Lázaro tiene que alimentar. A continuación, trabaja para un fraile mercederario, un bulero, un pintor de panderos y como aguador al servicio de un capellán, oficio con el que gana algún dinero. Por último, desempeña el cargo de pregonero.

A diferencia de los géneros antes mencionados, Lázaro no cuenta en su carta grandes hazañas ni éxitos fantasiosos. Con gran realismo y sencillez, relata crudamente su vida miserable. El tono de la novela es humorístico y burlón, aunque la novela es sobre todo un relato pesimista sobre los vicios y la hipocresía que están instalados y anquilosados en una sociedad enferma, obsesionada por fingir la virtud y el honor.

La novela picaresca tendrá importantes continuadores como Mateo Alemán, autor de Guzmán de Alfarache (1599); Vicente Espinel, Vida del escudero Marcos de Obregón (1618), y, entre otros, Francisco de Quevedo, Vida del buscón don Pablos (1626).


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Adolfo Torrecilla (Madrid, 1960) es profesor y crítico literario. Dirige la sección de literatura de la agencia Aceprensa y colabora en diferentes revistas y medios de comunicación. Entre otras publicaciones, es autor de “Dos gardenias para ti y otros relatos”.