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Libro inolvidable que tantos recuerdos trae de la infancia. Es una de esas novelas que están plenamente asociadas a la biografía personal de cada uno. En mi caso, su lectura trae recuerdos del caluroso verano que la leí y disfruté y cómo Tom Sawyer se convirtió a partir de ese momento en un imaginario compañero de juegos y de travesuras.

Sobre todo de travesuras, pues Tom no es un chaval ni modélico ni ejemplar, lo mismo que Huckleberry Finn, su fiel compañero de aventuras. Eso sí, tampoco son unos trastos y los dos tienen un fondo bueno que aparece en las dos novelas que les dedicó el escritor norteamericano Mark Twain (1835-1910). La primera en publicarse fue Las aventuras de Tom Sawyer, en 1876, una novela en la que Samuel Langhorne Clemens (Mark Twain fue su inseparable seudónimo) recrea sucesos de su infancia en un ambiente familiar, aunque la acción del libro transcurra en el imaginario St. Petersburg, uno de los pequeños pueblos de la ribera del larguísimo río Misisipi. El éxito fue tan grande que Twain escribió la continuación de las aventuras de los dos chavales en Huckleberry Finn, publicada en 1885, y que se convirtió con todo merecimiento en una de las grandes novelas americanas.

Las aventuras de Tom Sawyer es una novela dirigida a un público infantil y juvenil, aunque como suele suceder con las grandes novelas de este tipo, también disfrutan de ella todo tipo de lectores, sobre todo los adultos, que la han leído siempre como una viaje a sus más íntimos y personales recuerdos. Su continuación, Huckleberry Finn,es mucho más ambiciosa desde todos los puntos de vista y en ella Twain hace un divertido pero demoledor análisis de la sociedad de su tiempo, cargando las tintas en algunos personajes y sucesos que reflejan el racismo y la hipocresía de buena parte de sus compatriotas.

En Las aventuras de Tom Sawyer el protagonismo lo tiene Tom, un joven huérfano que vive con su tía Polly. La novela transcurre en el verano y cuenta sobre todo las trastadas en las que se ven involucrados Tom y sus amigos. Refleja también con mucho acierto su proceso de enamoramiento de Becky, la hija del nuevo juez del condado.

En pocas semanas las aventuras se suceden, unas de carácter más doméstico y otras que alteran la tranquila vida de St. Petersburg. La que funciona como hilo conductor de la novela es el asesinato del doctor Robinson en el cementerio del pueblo. Aunque acusan a Muff Potter, tanto Tom como Huck saben que el asesinato lo cometió el indio Joe, personaje peligroso que está involucrado en otros turbios sucesos. Cuando se celebra el juicio, Tom revela lo que vio en el cementerio el día del asesinato del doctor, lo que provoca la huida del indio Joe. Los sucesos posteriores están relacionados de una u otra manera con la presencia invisible de Joe, que determina las acciones de Tom y de Huck. La novela tiene excelentes momentos, como el regreso de Tom, Joe y Huck al pueblo cuando se celebraba su entierro tras tenerles por desaparecidos y muertos, el miedo ante el indio Joe en una alambicada cueva y las conversaciones entre Huck y Tom sobre lo mal que se vive cuando uno tiene la vida solucionada.

Una excelente e inolvidable novela, pues, que creó dos personajes ya clásicos e inmortales: Tom y Huck


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Adolfo Torrecilla (Madrid, 1960) es profesor y crítico literario. Dirige la sección de literatura de la agencia Aceprensa y colabora en diferentes revistas y medios de comunicación. Entre otras publicaciones, es autor de “Dos gardenias para ti y otros relatos”.