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LA COMEDIA

A lo largo de unos catorce años, en el destierro y en condiciones de extrema incomodidad material y padecimientos del espíritu, hasta pocos días antes de su muerte, Dante dio forma a una obra a la que llamó simplemente Comedia. Si hoy la conocemos como Divina Comedia es porque la tradición le añadió el adjetivo con el cual quería resaltar su contenido y su valor.

¿Por qué Dante la llamó Comedia? El mismo autor explica en una epístola dirigida a Cangrande de Verona que una comedia se inicia en una situación difícil, áspera, pero su materia termina bien: va de situación de infelicidad a una de felicidad, a diferencia de lo que sucede en la tragedia, en la que el proceso es el contrario. En efecto, la Comedia de Dante trata del viaje que el yo del autor, convertido en héroe de su epos, realiza desde una condición negativa hasta la felicidad suma, la contemplación de Dios.

La Comedia, pues, relata un proceso, un viaje, una transformación que lleva del malestar al bienestar, de la pequeñez de la menesterosidad a la grandeza de la plenitud, de la enfermedad a la salud. Por ello, Rollo May, gran psicoterapeuta norteamericano, ha visto en la Comedia algo especial. Él dice: «El viaje atormentado y ejemplar de Dante perdura como uno de los mejores estudios de caso que posee la profesión psicoterapéutica; es la presentación del mito radiante de los mejores métodos e intenciones de la terapia moderna». May ha visto en el iter que Dante desarrolla con la compañía de Virgilio un proceso de retorno a la salud.

El nombre Comedia también está asociado al de un género literario en el que se mezclaban personajes y expresiones correspondientes a diversos niveles sociales. Tal heterogeneidad no se daba en la tragedia. En efecto, en la magna obra de Dante, el protagonista, en su recorrido, debe ser testigo de todo lo que caracteriza a la experiencia humana, en la cual se mezclan situaciones y expresiones sublimes con lo descomunal y lo grotesco, alta doctrina y refinadísima poesía con lo soez. Así es la vida cotidiana, y desde ella el hombre construye cada día su futuro histórico y metahistórico, terreno y eterno. En su Comedia, Dante retrata la rica heterogeneidad de la vida terrena y las consecuencias eternas que ella genera.

GRANDEZA

Respecto a «grandeza», el Diccionario de la Real Academia Española, en su vigésima segunda edición, entre otras, registra las siguientes acepciones: «1. Tamaño excesivo de algo respecto de otra cosa del mismo género». «2. Majestad y poder». «5. Extensión, tamaño, magnitud». «6. Elevación de espíritu, excelencia moral».

Las cuatro anteriores acepciones de la palabra son aplicables a la Comedia de Dante, aunque unas más que otras. La Comedia no solo es grande por su tamaño, ya que sus más de 14,000 versos endecasílabos hacen de ella una obra bastante más extensa que La Eneida, la gran epopeya de Virgilio, guía, maestro y autor de Dante, y más larga que la Odisea, epopeya homérica que sienta las bases en el mundo occidental del modelo épico centrado en la idea del viaje. La Comedia también es grande por su majestad y su poder poético. Ella, en efecto, alcanza gran vuelo creativo en la extraordinaria palabra poética de Dante adecuada para el más osado viaje, aquel que Odiseo no pudo realizar. La palabra poética en la Comedia es siempre renovada y sorprendente. Cuando leemos la Comedia, verificamos que nunca se agota la inventiva de Dante, quien frecuentemente recurre a episodios sencillos o corrientes de la vida humana, de la realidad animal, de los procesos vegetales, de los acontecimientos cósmicos o de los inventos tecnológicos de su época para crear comparaciones, símiles o metáforas que revelen plásticamente o sugieran la complejidad de la vida interior o las más altas aspiraciones del hombre que busca la salvación. Y esa capacidad de crear imágenes reveladoras o desveladoras, que agranda a su poesía y hace visible lo que los solos conceptos no pueden ofrecer, también ensancha al espíritu del lector. Con la extraordinaria música del verso endecasílabo de Dante, cargado de ritmos sugestivos, se resaltan palabras e imágenes que sirven de sostén a la visión. Así vivimos una elevación del espíritu que nos induce a la excelencia moral. La Comedia es un gran testimonio de excelencia creativa que actúa sobre los lectores gracias a la palabra y a todo el potencial que ella encierra como materia de musicalidad. Allí están los acentos creadores de ritmos, las rimas, las aliteraciones o repeticiones de un mismo sonido que destacan el contenido del texto.

A continuación se ofrecen sencillos ejemplos de recursos poéticos que permiten comprender cuánto provecho sabe obtener Dante del lenguaje y sus posibilidades significativas. Uno de ellos está tomado del canto I del Infierno, de aquel que sirve de prólogo a todo el viaje y que muestra lo que sucede al protagonista en un momento de su vida terrena. Cuando el autor se refiere a la selva oscura (alegoría del mundo del mal, los vicios, los errores, la ignorancia) por la que transitaba cuando estaba en la mitad del camino de la vida (a los 35 años), utiliza en el verso 5 la expresión «esta selva selvaggia e aspra e forte» («esta selva salvaje y áspera y fuerte»). La idea de espesura intrincada y de dificultad que el lugar oponía a su avance se refuerza con el empleo de sonidos repetidos (aliteraciones) y de unidades léxicas reiteradas (paronomasia). En la construcción «selva selvaggia», en efecto, se reiteran los sonidos y la idea asociada a aquellos sonidos. De ese modo, la realidad que muestra, la de la selva oscura, aparece ante nosotros como más adversa, ardua y difícil de vencer.

En el canto X del Infierno se narra lo que sucedió después que un enviado celeste había abierto las puertas de la ciudad de Dite (el Infierno duro) a fin de que Dante y Virgilio pudieran continuar su descenso a las profundidades del mal. Los viajeros acababan de pasar por una situación muy difícil: Virgilio (en el canto VIII) no había podido convencer a los demonios para que abrieran las puertas. Por primera vez el poeta latino había fallado y había necesitado el apoyo de un enviado celeste. Pensemos en el pavor que debió de asaltar a Dante en esta situación de impotencia de su maestro. Hacía poco que había leído en la puerta de ingreso al Infierno la expresión «Dejad toda esperanza vosotros que entráis». Asimismo, había visto y se había compadecido, hasta llegar al desmayo, de Francesca y Paolo, ubicados en el círculo de los lujuriosos. También había sido testigo del mal que afligía a los golosos, los avaros y los pródigos, los iracundos y los acidiosos. Todo ello, con seguridad, había cargado a su ánimo de matices oscuros y temores. Después de pasar la puerta de la ciudad de Dite, abierta por el enviado celeste, vieron unas enormes arcas funerarias que estaban descubiertas. Dante manifestó su interés por mirar dentro de esas arcas, ya que estaban descubiertas y nadie hacía guardia en aquel lugar. Virgilio le explicaba que allí estaban los que en vida habían negado la inmortalidad del alma cuando súbitamente salió de una de las arcas una voz que espantó a Dante y lo hizo olvidar su deseo de ver quiénes estaban allí. Las primeras palabras que oyó el viajero Dante fueron las siguientes:

«O tosco, che per la città del foco

vivo ten vai così parlando onesto,

piacciati di restare in questo loco». (Inf. X, 22-24)

(«Oh toscano, que por la ciudad del fuego

vivo te vas así hablando honestamente

te sea grato detenerte en este lugar».)

Tales palabras habían sido pronunciadas por Farinata degli Uberti. El sonido sorpresivo de la voz aterró a Dante, cuyo ánimo ya estaba cargado de experiencias oscuras. Las palabras altisonantes de Farinata cobran especial relieve sonoro por la acumulación de la vocal «o», la cual irrumpe en el inicio del verso 22 («O tosco…») e interrumpe el diálogo entre Virgilio y Dante que se venía desarrollando entre los versos 1 y 21 del canto X del Infierno. Con la técnica del «exabrupto», Dante ha hecho aparecer sin ninguna preparación este discurso de Farinata iniciado por una «o», vocal que adquiere especial presencia en este discurso y que, por su repetición, caracteriza a la personalidad del poderoso jefe gibelino, partido político que reunía a la antigua clase feudal terrateniente. Solo después de haber oído el discurso, se nos dice que este sonido había salido de una de las arcas funerarias y que Dante, asustado, había buscado protección volviéndose y acercándose a Virgilio.

Observemos que en este caso la vocal «o» caracteriza a lo sorpresivo, lo que aparece inesperadamente y va contra lo habitual en la vida. Lo normal es que en la experiencia terrenal cotidiana primero veamos al interlocutor y después lo escuchemos. También retrata, en su modo de ser, a un personaje prepotente capaz de interrumpir con su voz estentórea las conversaciones ajenas. Esa repetición produce un efecto en el oyente Dante, al cual asusta: él había querido aproximarse para ver quiénes estaban dentro de las arcas, y, contrariamente, terminó apartándose de ellas para buscar protección en su guía. El verso 22 se inicia con la vocal «o» que actúa como elemento de la invocación. Esa vocal se repite en las tres primeras sílabas («O tosco»), y vuelve a aparecer dos veces en la palabra final del verso («foco»). En el verso siguiente, la vocal «o» aparece en tres palabras: «Vivo» (la primera del verso) «così» (en el centro del verso) y «onesto» (la última del verso). En el tercer verso, el 24, está presente en las dos últimas palabras: «questo loco». La presencia de la vocal «o» cobra especial valor en estos versos tanto por su repetición como por los lugares en los que se presenta. En efecto, ella aparece en posiciones destacadas de la construcción (inicio o final de verso) y da relieve a palabras muy importantes en el plano significativo. Con tales palabras podrían constituirse dos series. Una de las series está relacionada con Dante, el invocado, («O tosco», «vivo», «parlando coonesto»). La otra serie está vinculada con el lugar que el viajero recorre y que es la nueva patria de Farinata, el Infierno («città del foco», «questo loco»).

Un ejemplo, extraído del canto IX del Paraíso, muestra a resplandores que se manifiestan a Dante en el cielo de Venus, e irradian de las almas de aquellos que en la vida practicaron el amor con defecto en la virtud de la templanza, pues fueron muy atraídos por la carnalidad. Entre aquellos resplandores, se presenta uno que, como es habitual en la Comedia de Dante, primero indica las circunstancias geográficas e históricas en las que nació y vivió. Ella es de la marca trevisana, del Véneto, y se llama Cunizza da Romano, hermana del feroz tirano Ezzelino.

En su época, Cunizza alcanzó triste fama por sus apasionados amoríos; pero en un momento de su experiencia terrenal cambió de modo de vida. Entre los versos 34 y 35 del referido canto IX del Paraíso, ella dice que de buen grado, felizmente, a sí misma se perdona su agitado pasado. Ella es indulgente consigo misma respecto a su antigua y desenfrenada inclinación a amar, y añade que eso no le produce fastidio. En el verso 36 se lee lo siguiente: «che parria forse forte al vostro vulgo» («que parecería tal vez fuerte a vuestro vulgo»). En efecto, para muchos, para el vulgo de los vivos, puede parecer difícil (fuerte) de entender que un alma del Paraíso diga que es indulgente con la etapa de su vida en la cual se excedió en la práctica del amor carnal y que, además, eso no le da fastidio. Como dice Anna Maria Chiavacci Leonardi en su comentario a este pasaje: «[Son] palabras fuertes, arduas, que desconciertan a los bienpensantes, como lo fueron aquellas de Jesús para su huésped Simón y para todos los presentes, cuando acogió a la pecadora que le lavaba los pies con su llanto: “quedan perdonados sus muchos pecados, porque ha mostrado mucho amor” (Lucas 7, 47). Solo a la luz de este pasaje evangélico, en efecto, creemos que se pueda verdaderamente entender esta singular tercina dantesca, donde el mismo amor que llevó a pecar es causa de la beatitud eterna en el cielo». En el referido verso 36 hay un par de juegos de aliteraciones, repeticiones del mismo sonido, en el inicio de palabras. La primera pareja está constituida por las palabras contiguas «forse» y «forte», las cuales empiezan con el sonido dentilabial sordo «f». Ese sonido repetido llama la atención sobre las palabras en las que aparece y destaca el significado de ambas: «forse» («tal vez») y «forte» («fuerte» o «difícil»). Además, en las palabras «forse» y «forte» se repiten casi todos los sonidos, menos uno (la «s» de «forse» cambia por «t» en «forte»). En el mismo verso aparece otra pareja de palabras contiguas que empiezan con un mismo sonido, también dentilabial, pero ahora sonoro. Es el sonido «v» de las palabras «vostro» y «vulgo». Cunizza dice a Dante que el vulgo vuestro, el pueblo de los vivos (Dante está vivo) no está probablemente capacitado para entender fácilmente este mensaje. Con las dos consonantes labiodentales («f» y «v») se ha creado un verso cargado de sugerencias a partir del relieve que la figura retórica fónica ha dado a cuatro palabras claves («forse», «forte», «vostro» «vulgo»).

Dante despliega todas las armas de su arsenal poético, creativo, para dar vida a una realidad grande que sirva para ir a lo grande (la salud, el Paraíso, la utopía, la Ciudad Perfecta, la unidad en Dios). Con esas armas, él, creador, sube y nos induce a buscar la excelencia moral. Cuando comprendemos, guiados por Dante, que el futuro es resultado del presente, que nuestro destino está ya acá, en lo que hacemos, en nuestro modo de ser, de vivir; cuando nos damos cuenta de que en la historia (realidad del vivir cotidiano) se gesta lo metahistórico, nos sentimos impulsados a crecer, a buscar lo mejor y a ser creativos. La grandeza de Dante, viva en su palabra, irradia a los lectores, quienes se pueden sentir movidos, como diría el gran poeta español Jorge Guillén, «a compartir la plenitud del ser en la fiel plenitud de las palabras». Sí, la palabra de Dante, con todo su poder creador conceptual (logopoiético) plástico imaginativo (fanopoiético) y musical (melopoiético), encierra la virtud de contagiar deseos de alcanzar grandeza. Palabra clave de todo el propósito de Dante es una que él inventó para hablar del deseo de elevación del hombre. Esa es la palabra «transhumanar». Ella alude al hombre que crece y trasciende de su condición humana limitada mediante obras que le permiten llegar a la gloria. Pero, a veces, el hombre puede olvidar que está destinado a tal metamorfosis y, como menciona Dante, no sabe pasar de la condición de gusano a la de mariposa (Purgatorio, X 124-5).

«Por sus frutos los conoceréis», dice la Sagrada Escritura. La grandeza de Dante también se puede medir por los frutos que su obra ha generado a lo largo de la historia. La lista de grandes nombres de cultores de la pintura, la escultura, el grabado, la música, la literatura, y hasta del ballet, que se han inspirado en la Comedia de Dante es enorme. Mencionemos, de paso, algunos: Botticelli, Signorelli, Blake, Delcaroix, Rodin, Doré, Dalí, Barceló, Liszt, Chaikovski, etc.

La grandeza de la Comedia también se puede percibir en la cantidad de personas que estudian, escriben, comentan o se reúnen para hablar de ella. Si bien la obra fue creada por Dante desde las circunstancias históricas en las que le tocó vivir, desde las ilusiones y las experiencias amargas del mundo medieval de comienzos del siglo xiv, la Comedia ha trascendido a su tiempo y con ello, de algún modo, se ha hecho más grande. Si el hombre, como quería Dante, está llamado al «transhumanar», con neologismo inventado por él, hoy podríamos decir que la Comedia ha «transcreado». Lo digo con otro neologismo para referirme a los frutos que ella ha generado a lo largo de los siglos. De eso dan razón todas las obras de arte, los estudios y hasta los cambios personales que se puedan haber originado en el proceso de tradición de la Comedia.

Esa superación de las circunstancias que movieron a Dante a crear la obra ya estaba en el hecho de que el autor hubiera sabido abrirse a la tradición grecolatina, permanentemente presente en su viaje por el otro mundo. Dante no se limitó a una visión cerrada que excluyera la enseñanza que se podía adquirir de la Antigüedad clásica. Ideas, citas literarias, paráfrasis de textos y personajes precristianos se insertan a lo largo de la obra, incluso en el Paraíso. Jorge Wiesse ha escrito: «La Comedia es casi equivalente a la literatura, a toda la literatura, en tanto este procedimiento (se refiere a la contaminación) crea una dinámica de remisiones y alusiones que incluye a la literatura anterior a Dante y prefigura la posterior a él». Eso es grandeza, sin duda.

BELLEZA

A propósito de la palabra belleza, el Diccionario de la Real Academia Española dice que es «propiedad de las cosas que hace amarlas, infundiendo en nosotros deleite espiritual. Esta propiedad existe en la naturaleza y en las obras literarias y artísticas».

La Comedia es una obra que posee ampliamente esa capacidad de hacerse amable, digna de ser amada, porque infunde deleite espiritual. En efecto, ella atrae y gusta porque enseña a conocer y a conocerse. Ella encierra, en el relato de un hombre que viaja y crece, que se transhumana, la potencia mítica necesaria para encantar y conducir al lector, en su propio viaje, hacia la felicidad. Ella seduce e interpela, como sucede con cualquier relación iluminadora de verdadero y profundo amor. Al entregarse a ella, se descubren sus encantos y quien lo hace se va descubriendo a sí mismo. Como el lector se reconoce en ella, experimenta el intenso placer de gozar de la belleza. Aun en la fealdad del Infierno puede encontrar aspectos de su naturaleza humana limitada. Como Dante, puede decir que en el mal es posible encontrar bien en tanto que el conocimiento de lo que limita puede llevar al cambio. Sin conciencia del «malestar» (Infierno), no hay posibilidad de transitar al «bienestar». En ese proceso de cambio está, eso es, el Purgatorio, y solo a partir del discernimiento entre el mal y el bien, entre el sentimiento de culpa y la esperanza, puede crearse el clima adecuado para ir del «malestar» al «bienestar», al Paraíso. Allí, la belleza se manifiesta en la plenitud de su esplendor. Ella aflora al comprender que la vida es camino, proceso, superación, posibilidad de lograr la felicidad.

Elevación del espíritu, excelencia moral, es decir, grandeza, eso hay en la Comedia y en el ensanchamiento de la humanidad que tal obra viene produciendo en diversas generaciones de artistas, estudiosos, profesores, alumnos y simples lectores. Y la grandeza encerrada en tal obra, capaz de enriquecer nuestra vida, de dar sentido a nuestra humanidad, nos conmueve y nos hace amarla. Allí se reúnen en una sola experiencia la grandeza y la belleza. ¢


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Profesor del departamento académico de Humanidades. Universidad del Pacífico (Lima)