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João Guimarães Rosa (1908-1967) es el gran escritor del siglo XX en lengua portuguesa y ha pasado a la historia de la literatura por su gran obra de 1956, Gran Sertón: veredas. Médico y diplomático, incansable lector, su obra maestra es como un minucioso retablo ambientado en el sertón, vasto territorio del noroeste de Brasil.

No es una novela al uso, sino una suma de historias, un complejo relato lleno de derivaciones y de meandros. Narra la vida de un hombre del sertón, Riobaldo, pero en realidad se trata de una obra coral, con una importante presencia de la miseria, la rebeldía y el bandidaje. En cierto modo es un reescritura de la historia de Brasil, con la oposición entre lo arcaico y lo moderno, la ciudad y el campo.

Riobaldo, un hombre ya viejo, casado, dueño de una hacienda en el sertón, cuenta su vida a alguien que le escucha, quizá un antropólogo cultural. Ahora vive en paz pero de joven fue yagunzo, guerrero del sertón. Cuenta la pobreza en la niñez. Muerta su madre se traslada a vivir en la casa de un hacendado, que resultará ser su hasta entonces desconocido padre. Y entonces Ribaldo decide valerse por sí mismo. Encuentra trabajo como maestro de Zé Beblo, un político provinciano que sueña con acabar con los yagunzos, aunque en realidad utiliza los mismos métodos.

Riobaldo deja a Zé Beblo y encuentra a Diadorin, un joven yagunzo. Atraído por él, al que conoció de niño, se convierte en yagunzo también. Siguen largos episodios de guerra en los cuales Riobaldo acaba siendo el jefe de los bandidos. La misteriosa relación con Diadorin se resuelve, a la muerte de este, cuando se descubre que es una mujer.

En ese cañamazo de historia se desarrolla una crítica profunda y acerada. El sertón sigue esperando trenes, puentes, que no llegarán. Pero paradójicamente tampoco los desea, porque la vida en el sertón tiene su propia lógica. Gente aislada, abandonada, pero con un orgullo ancestral, que le hace no arrepentirse de sus crímenes.

No es fácil resumir en qué consiste propiamente la actitud del narrador. Hay muchos pasajes críticos, pero de vez en cuando la crítica se eleva hasta el nivel de la utopía, porque Riobaldo es capaz de bosquejar un mundo distinto, una tercera posibilidad, salirse de la oposición entre lo antiguo y lo nuevo y llegar a un mundo en el que lo inmediato, lo sencillo, lo telúrico puede desarrollarse.

Las historias entrecruzadas, entre ellas una muy delicada de amor, y en general todo el libro está al servicio del lenguaje, una recreación que hace Rosa de un dialecto portugués, en una asombrosa mezcla de lenguaje cotidiano y de idioma culto. Con esa poderosa arma de un lenguaje nuevo es capaz de acentos líricos y de motivos épicos. Es ese lenguaje el que podría lograr las mediación entre la crítica y la utopía y componer un mundo distinto. En esa aspiración reside el atractivo perenne de este libro.


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Adolfo Torrecilla (Madrid, 1960) es profesor y crítico literario. Dirige la sección de literatura de la agencia Aceprensa y colabora en diferentes revistas y medios de comunicación. Entre otras publicaciones, es autor de “Dos gardenias para ti y otros relatos”.