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¡Qué lástima
que yo no tenga comarca,
patria chica, tierra provinciana!
Debí nacer en la entraña
de la estepa castellana
y fui a nacer en un pueblo del que no recuerdo nada...

Alguna vez se ha acudido a estos conocidos versos de su Autorretrato para imaginar al poeta León Felipe como un apátrida sin casa que no recuerda su lugar de nacimiento. Y es cierto que su vida errante, su búsqueda poética de la Luz y su carácter combativo, nos dibujan a un personaje alejado de las convenciones sociales y poéticas, incluso como un hombre al que no le importaba ni siquiera su lugar de nacimiento.

Sin embargo, ese poema con el que se abre este comentario es una auténtica añoranza por declarar su lugar de nacimiento, por sujetarse a una patria chica, por tener unos antepasados en los que tomar la medida de su propia existencia. Incluso pone en cuestión la necesidad, la utilidad de su poesía al carecer de las raíces que él declara habérsele negado.

Porque… ¿qué voy a cantar si no tengo ni una patria,
ni una tierra provinciana,
ni una casa
solariega y blasonada,
ni el retrato de un mi abuelo que ganara
una batalla,
ni un sillón de viejo cuero, ni una mesa, ni una espada?

Sin embargo, en Tábara, su lugar de nacimiento en la primavera de 1884, y en Zamora capital, su recuerdo ha permanecido constante, transmitiéndose de generación en generación como un entrañable legado que nos era familiar, cercano y, sobre todo, porque este poeta sabía decir las cosas que a nosotros nos emocionaban. León Felipe forma parte indisoluble de la educación de los zamoranos y es la referencia constante de la poesía de la tierra. Siempre, desde mi infancia, en los años sesenta, he asistido a constantes y emocionantes recitales, conferencias, actos públicos y homenajes a León Felipe. Se han aprovechado todas las efemérides biográficas del poeta para reivindicar su altura literaria y su vinculación con la pequeña historia provinciana.

Es verdad, como dicen los estudiosos, que León Felipe no está considerado como se debe y que todavía no ha recibido el necesario reconocimiento, pero aquí, en esta comarca, patria chica, tierra provinciana, es un referente histórico y sentimental. Y no solamente porque unos jardines lleven su nombre o porque el escultor Baltasar Lobo erigiera una escultura homenaje a León Felipe en ese mismo parque, sino porque sus versos han calado hondo en las gentes de este lugar fronterizo como si no pudiese haber nacido en otro lugar más que en este.

En los últimos días del año 2002, el Ayuntamiento de Zamora compraba a Alejandro Finisterre, su albacea y editor, el llamado legado de León Felipe. Así, el poeta regresa recuperado en su esencia a la tierra que lo mantuvo en su memoria y que aventó sus versos.

Cartas, recuerdos, libros, manuscritos, ideas en tinta verde. El álbum de Berta Gamboa, dedicatorias de amigos, cuadros… se han instalado en la ciudad para que León Felipe, ahora renacido en este legado, tenga por fin su patria chica añorada.

Mi patria está donde se encuentre aquel pájaro luminoso que
vivió hace ya tiempo en mi heredad. Cuando yo nací ya no le
oí cantar en mi huerto…
Y me fui en su busca solo y callado por el mundo.
Donde vuelva a encontrarlo… encontraré mi patria… porque
allí estará Dios.

Es verdad que León Felipe encontró su patria para morir, en México, pero también que gracias a su poesía la encontró para nacer.

Al fin y al cabo, como él escribió:

¡Mi casa es inmortal!
Y no tiene fronteras…
La sangre no tiene fronteras… como el Amor. 


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