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José Miguel Serrano, profesor de filosofía del derecho en la Universidad Complutense y especialista en bioética, reflexiona de nuevo sobre las implicaciones jurídicas y éticas de la eutanasia, un tema siempre polémico y, a su juicio, tremendamente ideologizado. Casos como el de Ramón Sampedro —analizado detalladamente en las páginas de este ensayo—y el más reciente de Inmaculada Echevarría, así como las reformas legislativas que se han venido produciendo desde 1995 en España, otorgan a la eutanasia una trascendencia mediática que, en la mayoría de las ocasiones, menoscaba la calidad de las opiniones vertidas en público. De este modo, el libro de Serrano constituye una valiosa aportación, en la que se defiende de forma argumentada una posición acorde con la defensa de la vida de todas las personas, desmontando, al mismo tiempo, los tópicos de lo políticamente correcto.

Desde un punto de vista estrictamente jurídico, la legalización de la eutanasia supone, de entrada, una excepcionalidad no justificable en la protección general de la vida humana, una «negación de lo jurídico», por emplear las palabras del propio autor. De rondón se introduce una asimetría social ciertamente perturbadora, en el sentido de que unos se terminan arrogando la decisión sobre la vida ajena, decisión basada, por otro lado, en criterios tan vagos y ambiguos como el resumido bajo la expresión «calidad de vida». Pero más grave aún son los cambios que se operan en el concepto mismo de derecho. En efecto, la legalización provoca la pérdida de una de sus funciones más básicas, a saber, la protección de los débiles frente a los abusos. En última instancia, todo ello perjudica la seguridad jurídica de los ciudadanos, tanto de los afectados de forma directa como la de aquellos no implicados en el tema. Los ejemplos de Holanda y Bélgica han demostrado que la legalización ha provocado más efectos negativos que positivos. De un lado, la admisión en los sistemas jurídicos de esta práctica ha certificado la renuncia de la sociedad a proteger y cuidar de los necesitados y dependientes, lo que supone, a la larga, su propio debilitamiento moral. De otro, ha aumentado hasta tal punto la presión social ejercida sobre los enfermos que éstos no han tenido más remedio que huir de estos países.

En Eutanasia también se repasan las ambigüedades terminológicas y se confrontan las diversas opiniones existentes sobre la dignidad de la persona. Es cierto, señala, que en una sociedad altamente influida por los medios de comunicación y con una moral sentimentalista se corre el riesgo de que se acepte, incluso por motivos «humanitarios» , la legalización.


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