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Luces y reflejosEste amplio volumen, escrito por Esteban Torre, catedrático de Teoría de la Literatura y también doctor en Medicina y Cirugía, recoge tanto sus propios libros de poesía publicados como sus libros de poesía traducida (simbólicamente, las «luces» y los «reflejos»). Sus libros propios son: ¿Por qué? (1954), Y guardaré silencio (1988), Sobre el Libro de Job y otros poemas (2001) y Ráfagas (2013). Se les añade un pequeño conjunto de Nuevos poemas originales. En cuanto a los libros de traducción, son estos: 35 sonetos ingleses de Fernando Pessoa (1988), 33 poemas simbolistas (1995), y La poesía de Grecia y Roma (1998). Se incluye además otro pequeño conjunto: Nuevos poemas traducidos. Los libros propios y los traducidos aparecen ordenados cronológicamente en Luces y reflejos, por lo que se muestran intercalados en la lectura.

Cuenta Luces y reflejos con un breve pero enjundioso prólogo de Luis Alberto de Cuenca, y con una excelente «Nota biobibliográfica», de imprescindible lectura, a cargo de la profesora de la Universidad de Sevilla María Victoria Utrera Torremocha.

Antes de entrar a resumir mis impresiones sobre la obra poética de Esteban Torre, quisiera abordar brevemente sus traducciones, por las que ha recibido diversos premios.

Y con razón, porque el poeta Torre es un extraordinario traductor, que traslada siempre en verso, manteniendo el ritmo original, e incluso normalmente la rima y el metro, lo más cerca posible del poeta modelo; y lo mismo sucede con el sentido: un asombroso «tour de force». Así los 35 sonetos ingleses de Fernando Pessoa están reproducidos en sonetos, naturalmente. Los 33 poemas simbolistas incluyen excelentes textos de Baudelaire, Verlaine, Rimbaud y Mallarmé.

Aquí encontramos ya variedad de formas métricas, en función del original: serventesios alejandrinos («Albatros », «Correspondencias», etc.), cuartetas («Mujer y gata»), soneto alejandrino («El túmulo de Edgar Poe»), etc.

Por último, en La poesía de Grecia y Roma, el profesor Torre traduce poemas o fragmentos de Homero, Hesíodo, Safo, Píndaro, Sófocles, Teócrito, Catulo, Virgilio, Horacio, Tibulo, Propercio y el Pseudo-Ausonio: eternas joyas literarias. Aquí encontramos el «más difícil todavía», puesto que una buena parte de sus modelos están escritos en hexámetros, y Esteban Torre traslada esos versos cuantitativos a nuestros versos acentuales, pero siempre con ritmo próximo y eufónico. O para Tibulo y Propercio imita el dístico elegíaco: hexámetro + pentámetro. O para Safo, la estrofa sáfico-adónica. Un excelente gusto en la elección de los modelos se aúna con la proeza técnica y con la sensibilidad del traductor. Por último, da cabida Luces y reflejos a un pequeño conjunto de poemas no recogidos en libro previamente: Nuevos poemas traducidos. Son textos de Janus Vitalis, José María Blanco White, Dante Gabriel Rossetti y Yibrán Jalil Yibrán.

Pasemos ahora a sus libros propios. Junto a una delicadeza extraordinaria, el misterio es la savia de ¿Por qué? (1954), comenzando por su enigmático título. Una parte de ese misterio nos la revela el poeta al final de su último texto: Y volveré a cantar, sin saber por qué canto.

La contemplación maravillada de la Naturaleza y la indagación en su «ansia» íntima, empujan al poeta a cantar sin tregua. Temáticamente, ¿Por qué? es un libro misceláneo, fruto de muy diversos momentos y estados anímicos.

Al fondo, nos parece ver la sensibilidad de Bécquer, su cristianismo, e incluso su capacidad de sarcasmo. Y, junto al poeta sevillano, lecturas profundas del Modernismo hispánico, con su sensibilidad peregrina y sus versos cincelados.

A propósito de esto último, capítulo aparte y muy destacado merece la métrica de ¿Por qué? Comenzando por el poema inicial, titulado precisamente «¿Por qué?». Está anclado en el ritmo ternario —que tanto amaron los modernistas— y en la rima (dos cuartetas), y se desentiende olímpicamente del metro:

El aire es veloz, tiene prisa

en esta mañana. Parece

la raya entre el sol y la sombra indecisa.

Se mece

la tierra que piso, ligera.

Y el lápiz mordido, que fue

mi cómplice, espera…

¿Por qué?

La perfección métrica es un rasgo distintivo en Torre. Y también la abundancia y variedad de formas poemáticas: sonetos, romances, romancillos, redondillas, décimas, endecasílabos sueltos, estrofa sáfico-adónica, silvas clásicas y arromanzadas, serventesios alejandrinos, décimas espinelas, etc. Y junto a la pureza del esquema, la innovación dentro de él: en «Soberbia», p. ej., hallamos un soneto pentadecasílabo (de 7+8 sílabas) que evoca el ritmo del pentámetro clásico; en «Noche de Reyes» una silva semilibre arromanzada; y en «Cruz de mayo» un curioso soneto que tiene cuartetos de cuatro rimas, y donde el primer terceto rima con el segundo cuarteto.

Muy distinto es Y guardaré silencio (1988). Más unitario temáticamente, y más cercano a Machado y a la poesía social con sus angustias por la muerte, colectivismo, religiosidad atormentada y amor a la patria. Destacaríamos el irónico poema que cierra el libro, «Siendo andaluz», cuyo último verso explica el título del libro:

Me moriré siendo andaluz, hablando

de todo un poco, hablando, haciendo versos

de tarde en tarde y de tristeza en ansia.

Lo que pueda decir es lo de menos.

Me moriré parlando cuatro lenguas

vivas, y alguna muerta, por si puedo

seguir hablando, conversando, estando

—un poco más— de charla con los muertos.

Me moriré siendo feliz a medias,

a medias profesor y a medias médico.

Pero, a pesar de todo, y como todos,

me moriré del todo desde luego.

Me moriré un mal día, y no es probable

que suceda en París con aguacero.

Será en Sevilla, con asombro y sol,

siendo andaluz. Y guardaré silencio.

La religiosidad que subyacía en estos dos libros y afloraba intermitentemente, pasa a primer plano en Sobre el Libro de Job y otros poemas (2001). Subtitulado «versión libre y abreviada del texto bíblico», presenta un tema fundamental para el poeta: ¿Cuál debe ser la relación entre el hombre y el Dios que le sobrepasa? En los «Otros poemas» de este libro encontramos algunas  joyas de la poesía de Torres: la sextina «Certidumbre» (con razón elogiada por Luis Alberto de Cuenca en el prólogo), las «canciones de vida y muerte», con ritmo popular andaluz (soleares y variantes de la seguidilla compuesta), y por último el «Ars poética», soneto donde Torre parece dirimir la gran pregunta sobre el «ansia» que subyacía en sus dos primeros libros: «todo el misterio de la poesía / es no saber decir lo que se debe. // Habría que vivir con más sosiego, / habría que aprender a ser: habría / que poderlo expresar en forma breve».

Y en forma breve, en décimas espinelas y solamente en diez, nos llega su última obra, Ráfagas (2013). Estas aladas décimas, como delicadas miniaturas de un libro de horas, sintetizan pasajes esenciales de los Evangelios: «Anunciación », «Navidad», «Palmas y ramos», «Stabat Mater», etc.

Finalmente encontramos Nuevos poemas originales, diecinueve textos misceláneos, donde se juntan religiosidad, sarcasmo, reflexiones, amistad, dolor por los males de España y de la poesía, y algún soneto de pura belleza, como el que inicia el conjunto, «Abril», que nos recuerda el deslumbramiento con el que Torre se inició en la poesía:

…se deshilan las nubes. No se atreve

ya la rosa a cubrirse de rocío.

Isabel Paraíso


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