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religionespoliticas_img_0.jpgEric Voegelin fue uno de los pensadores políticos más importantes del siglo XX y sus teorías son tan relevantes como las propuestas políticas de H. Arendt o Leo Strauss, por mencionar a algunos filósofos significativos. Con ellos compartió el exilio: por motivos ideológicos, tuvo que abandonar Austria tras la anexión alemana. Voegelin se había destacado, desde los años veinte, por su compromiso político y fue uno de los primeros en denunciar las incoherencias de las teorías biológicas de la raza y en augurar el totalitarismo nazi. Por seguridad, tuvo que abandonar el viejo continente.

Pero lo cierto es que, pese a su relevancia teórica, la obra de Voegelin no es apenas conocida. En castellano, hasta el momento, se contaba con La nueva ciencia de la política y El asesinato de Dios. Ahora, la editorial Trotta ha traducido la primera obra importante de este autor, Las religiones políticas, y junto a ella ha editado Ciencia, política y gnosticismo. Falta todavía por traducir su obra más significativa, Order and history, con la que culminó su trayectoria.

Sin embargo, esta última edición permite hacerse una idea completa de cuáles son los temas que más inquietaron a Voegelin y cuál fue su método. Las religiones políticas, siguiendo la estela de la teología política, advierte de las analogías entre religión y política y sostiene que toda sociedad ha de responder al problema de la trascendencia. En este sentido, Voegelin creía que la distinción entre inmanencia y trascendencia era capital para la constitución de la política y para generar orden. De hecho, cualquier amenaza a esas dimensiones genera problemas sociales y políticos, como explica en referencia a la modernidad,

Su interpretación del gnosticismo es quizá una de las teorías más conocidas del autor. A su juicio, la Modernidad tiene un origen gnóstico, en el que se inmanentiza la salvación y paulatinamente se transforma en un explícito rechazo de la trascendencia. Las ideologías y los movimientos de masas contemporáneos —entre ellos el nazismo y el socialismo, pero también el democratismo— constituyen formas espurias de lo religioso, pues adquieren las características y las hechuras de las religiones.

En Voegelin, sin embargo, la interpretación de la génesis, el diagnóstico, ha de ir acompañado de la terapia. Lo trágico del gnosticismo, o del origen gnóstico de la configuración contemporánea de las ideologías, es no solo que reprimen lo trascendente, sino que con ello nublan también el horizonte del hombre. En efecto, la ideología arrostra todas las dificultades y termina erosionando la dignidad humana con la fuerza de su imposición. Por eso todo gnosticismo tiene la ilusión de constituir un nuevo mundo, sea el de la sociedad sin clases o el de la raza o del superhombre, entre otros.

La terapia para Voegelin es retomar los aspectos centrales de la metafísica clásica, sin dogmatismos ni reduccionismo. Una investigación filosófica abierta al ser y la verdad y que reviva la distinción clásica entre inmanencia y trascendencia, sin que ello implique confusión entre religión y política. La apertura a la dimensión trascendente restaura el equilibrio social y asegura el orden político, sin incurrir en riesgos totalitarios.

Conviene leer estos textos: no solo por su claridad, sino porque cuando se leen uno tiene la sensación de estar presente ante una filosofía profunda, original y auténtica. En ellos, la teoría política, tan especializada y académica, se depura filosófica y conceptualmente y se presiente la unidad perdida de la reflexión filosófica. Como complemento a estas obras, la edición cuenta con una presentación de Josemaría Carabante y Guillermo Graíño que contextualiza la filosofía de Eric Voegelin y permite comprender en toda profundidad el conjunto de sus aportaciones.

Alberto Crespo


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