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Con frecuencia se repite que el Quijote es una parodia de los libros de caballerías y que el propósito de su autor era acabar con estas narraciones disparatadas, llenas de hazañas imposibles. Y sin duda es así, pero las claves de la lectura van más allá y habría que buscarlas en los propios libros de caballerías y, especialmente, en el Amadís de Gaula: son el amor y las hazañas; en definitiva, aventuras realizadas con el pensamiento puesto en la dama amada.

Los precursores de don Quijote apenas tuvieron más preocupaciones que las derivadas de su propio quehacer heroico; sin embargo, el Ingenioso Hidalgo nos abre la puerta de su casa manchega para dejarnos ver una biblioteca, principio de no pocos de sus males, y a partir de ese momento, los libros nos acompañan de formas diversas, pero siempre están presentes: los personajes leen, están al tanto de las más recientes publicaciones, visitan una imprenta, discuten de literatura; en definitiva, viven gracias a la tradición literaria en la que están insertos, y viven de lo que han aprendido en esos libros, tendiendo de ese modo un puente con el lector, que conoce perfectamente las lecturas que sirven de sustento a la ficción. La polémica literaria adquiere, así, un papel de primordial importancia; caballeros, nobles, curas o amas, cabreros y actores, todos tienen su propio punto de vista que dialoga con el del lector. Las hazañas leídas superan, con creces, a las vividas; y apenas hay más hechos de armas que los realizados por el protagonista.

Don Quijote ha superado a sus predecesores, pero el reto de Cervantes era grande: por una parte, tenía que hacer creíbles las aventuras de su caballero andante, y, por otra, tenía que dar cabida en la narración a una amplia variedad de personajes, de temas, para que el conjunto fuera una historia surgida de la vida misma, protagonizada por un hidalgo, pero en la que intervenía de forma muy especial un escudero, Sancho Panza, con su peculiar punto de vista de las cosas que ocurrían; y el hilo narrativo se enriquece con la presencia de tal cantidad de personajes, que bien se puede decir que el Quijote es un pedazo de la vida de España entre el siglo XVI y el XVII.

El éxito del Quijote desde el momento mismo de su publicación o un poco antes, las traducciones continuas a las lenguas de Occidente y también a las del lejano Oriente, justificarían su inclusión en esta Biblioteca. Pero no hay que olvidar que las traducciones dieron lugar a imitaciones, a versiones teatrales, musicales, a pinturas y a obras cinematográficas desde los inicios de este invento, y sobre todo, el Quijote ha servido y sigue sirviendo de modelo a escritores de todo el mundo y es considerado uno de los libros más influyentes de la Historia de Literatura. No es una elección; su presencia es incontrovertible, pues no en vano con él empieza la novela moderna.


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Catedrático de Filolofía Románica de las universidades de Alcalá y Ginebra. Director del Centro de Estudios Cervantinos