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La Historia General de las Cosas de la Nueva España, del franciscano Bernardino de Sahagún (ca. 1500-1590), es una auténtica enciclopedia de la vida en México antes de la conquista. Para describir en pocas palabras su naturaleza, digamos que tiene como antecedentes la existencia de la escritura jeroglífica y la de una escuela obligatoria para todos. Tal escritura llevaba consigo la presencia de bibliotecas y un registro material de los saberes, pero dependía mucho de la memoria viva, porque no era capaz de conservar todos los detalles. La poesía, por no ir más lejos —y se aprendía mucha poesía en esas escuelas—, no se escribe con «datos»: es necesaria la materialidad de las palabras, y para eso se acudía a la memorización.

Con la conquista se perdió la mayor parte de los documentos escritos, pero su contenido estaba en las memorias vivas de los antiguos alumnos de aquellas escuelas. Fray Bernardino recorrió muchos pueblos, acompañado por un equipo de indios trilingües —sabían náhuatl, español y latín—- con quienes realizó un auténtico trabajo de campo: recoger los recuerdos de boca de los ancianos. En palabras de un cronista de la época, fray Bernardino «escribió según lo que interrogó a los que eran ancianos en tiempos antiguos, a los que conservaban los libros de pinturas, según lo tenían pintado en ellas; así allá, en tiempos antiguos, los que eran ancianos. Gracias a ellos habló de todas las cosas que sucedieron en la antigüedad»1. Y entre esos recuerdos había de todo: teogonia, calendario, retórica, educación, moral, teología, meteorología, historia, organización política, tradiciones, cocina, oficios, anatomía, medicina, geografía humana, flora, fauna…

La Historia General está dividida en libros, como tantas obras antiguas. Una parte importante del libro X se la lleva una serie de descripciones que siempre me han causado maravilla, tanto por su contenido como por su forma. Son textos que trazan el perfil de numerosos tipos humanos, según el género, la edad, el parentesco, la profesión, la función social, etc. La particularidad de la forma reside en que, con raras excepciones, responde siempre a un esquema ternario, como se puede comprobar en la siguiente descripción del artista (llamado «tolteca» porque los habitantes de la antigua Tula quedaron para los nahuas como los artistas por antonomasia):

“TOLTECA: artista, discípulo, abundante, múltiple, inquieto.

El verdadero artista: capaz, se adiestra, es hábil;
dialoga con su corazón, encuentra las cosas con su mente.
El verdadero artista todo lo saca de su corazón;
obra con deleite, hace las cosas con calma, con tiento,
obra como un tolteca, compone cosas, obra hábilmente, crea; arregla las cosas, las hace atildadas, hace que se ajusten.
El torpe artista: obra al azar, se burla de la gente,
opaca las cosas, pasa por encima del rostro de las cosas,
obra sin cuidado, defrauda a las personas, es un ladrón2″

¿Por qué esta distinción entre la primera sección y la segunda, entre «el artista» y «el verdadero artista»?3. En estas descripciones las notas de la segunda son a veces cualitativamente superiores —describen lo que ahora se llamaría «la excelencia»—, pero es frecuente que se puedan intercambiar las secciones sin una alteración sustancial del esquema. Por otro lado, no se puede decir que la primera defina propiamente el término —que equivalga, diríamos, a lo que encontraríamos en un diccionario—, porque la mayor parte de las veces se presupone que uno ya sabe de qué se está hablando. De la madrastra, por ejemplo, se dice que es «aquella que se casó con algún hombre que tiene hijos de otra mujer», pero la descripción del tío empieza señalando que «tenían por costumbre estos naturales de dejarle por curador o tutor de sus hijos»4 y en ningún momento se dice que sea el hermano de un progenitor.

Esta interferencia entre la primera sección y la segunda me parece índice de una concepción de lo que los nahuas entendían por el bien: la conformidad con una naturaleza, con una índole, con una identidad.

Pero no termina todo aquí, pues las descripciones tradicionales náhuatl de los artistas están llenas de elementos que van más allá de la perfección técnica que les caracteriza. Junto a estos elementos, las descripciones presentan otros que trascienden las particularidades de cada una de las actividades y son de alguna manera comunes a todo el género «artista». ¿Qué sucede si se reúnen esos elementos comunes y se ordenan, tratando de cotejar las características del mal artista con las correspondientes del bueno? El resultado —la sustancia de mi propuesta— es la nueva descripción del artista que puede observarse en el esquema al final de este artículo5.

Ahora bien, si en él he conseguido separar las cualidades específicas de cada artista de las del artista en general, me ha resultado del todo imposible separar las que definen al artista de las que definen a la humanidad. Lo cual nos da a entender que no les era concebible a los nahuas una perfección técnica no acompañada por una perfección como persona.

Espero que el esquema que les voy a proponer ofrezca alguna luz, sin alterar por ello la autenticidad de estas descripciones. Me tranquiliza saber que el lector leerá primero los textos por entero, con lo que queda garantizada su autonomía con respecto a mi lectura final de síntesis.

DESCRIPCIONES ORIGINALES

La traducción de los textos que se recogen a continuación es de Miguel León-Portilla, y muy literal en el sentido de procurar que la derivación de las palabras en náhuatl se refleje en español. Por ejemplo, la palabra «mortecino», que se dice del mal alfarero y del mal artista de plumas de ave, traduce una palabra náhuatl que llevaba la raíz «muerte»*.

Fray Bernardina no llegó a ver impresa su obra. Por este motivo se conservan varias versiones manuscritas, entre las cuales están el Códice Florentino (CF), el Códice Matritense de la Real Academia de Historia (CMRAH) y los Cantares Mexicanos (CM). A las referencias a los códices añado entre paréntesis las publicaciones de León-Portilla donde es posible leer los textos

* Hago además algunos ajustes para simplificar el esquema, consistentes sobre todo en igualar algunos pasajes que en el original tenían la misma palabra y no en la traducción.

1. EL ALFARERO
(en adelante: AL)6
El que da un ser al barro:
de mirada aguda, moldea,
amasa el barro.
El buen alfarero:
Pone esmero en las cosas,
enseña al barro a mentir,
dialoga con su propio corazón,
hace vivir a las cosas, las crea.
Todo lo conoce
como si fuera un tolteca,
hace hábiles sus manos.
El mal alfarero:
Torpe, cojo en su arte,
mortecino.

2. EL CANTOR
(en adelante: CA)7
El que alza la voz,
de sonido claro y bueno,
da de sí sonido bajo y tiple.
Compone cantos, los crea,
los forja, los engarza.
El buen cantor:
De voz educada,
recta, limpia es su voz,
sus palabras firmes
como redondas columnas de piedra.
Agudo de ingenio,
todo lo guarda en su corazón.
De todo se acuerda,
nada se le olvida.
Canta, emite voces, sonidos claros,
como redondas columnas de piedra,
sube y baja su voz.
Canta sereno,
tranquiliza a la gente.
El mal cantor:
Suena como campana rota,
ayuno y seco como una piedra,
su corazón está muerto,
está comido por las hormigas,
nada sabe su corazón.

3. LA COSTURERA
(en adelante: CO)8
Cose con aguja,
zurcidora, hace costura,
diseña lo que hace.
La buena costurera:
Es artista
tiene mano de tolteca,
adiestra sus manos,
está dialogando con su propio
corazón,
calcula, diseña, cose.
La mala costurera:
Que hace hilvanes,
que revuelve las telas,
las enmaraña, sólo echa puntadas
sin tino.
Se burla de la gente, la ofende

4. EL GEMATISTA
(en adelante: G)9
Está dialogando con las cosas,
es experimentado.
El buen gematista:
Creador de cosas como un tolteca,
hace sus engastes,
crea como si fuera un tolteca.
Pule y bruñe las piedras preciosas,
las lima con arena fina,
les saca luz, las pule,
hace con ellas mosaicos.
El mal gematista:
Deja agujeros en las piedras,
las deja rotas, es torpe.
No encuentra placer en su trabajo.

5. EL NARRADOR
(en adelante: N)10
Donairoso,
dice las cosas con gracia,
artista del labio y la boca.
El buen narrador:
De palabras gustosas,
de palabras alegres,
flores tiene en sus labios.
En su discurso las consejas abundan,
de palabra correcta,
brotan flores de su boca.
Su discurso: gustoso y alegre
como las flores;
de él es el lenguaje noble
y la expresión cuidadosa.
El mal narrador:
Lenguaje descompuesto,
atropella las palabras,
labio comido, mal hablado.
Narra cosas sin tino, las describe,
dice palabras vanas,
no tiene vergüenza.

6. EL ORFEBRE
(en adelante: O)11
Experimentado,
que conoce el rostro de las cosas,
creador de cosas como los toltecas.
El buen orfebre:
De mano experimentada,
de mirada certera
prueba bien los metales, los pule.
Guarda sus secretos,
martillea los metales,
los funde,
los derrite,
los hace arder con carbón,
da forma al metal fundido,
le aplica arena.
El torpe orfebre:
Mete todo en las cenizas,
lo revuelve con ellas,
oprime las figuras, es ladrón,
tuerce lo que le enseñaron,
obra torpemente,
deja mezclar el oro con las cenizas,
lo revuelve con ellas.

7. EL PINTOR
(en adelante: PI)12
La tinta negra y roja*,
artista,
creador de cosas con el agua negra.
Diseña las cosas con el carbón,
las dibuja. Prepara el color negro,
lo muele, lo aplica.
El buen pintor:
Entendido, Dios en su corazón,
diviniza con su corazón a las cosas,
dialoga con su propio corazón.
Conoce los colores, los aplica,
sombrea; dibuja los pies, las caras,
traza las sombras,
logra un perfecto acabado.
Todos los colores aplica a las cosas,
como si fuera un tolteca,
pinta los colores de todas las flores.
El mal pintor:
Corazón amortajado,
indignación de la gente,
provoca fastidio,
engañador, siempre anda engañando.
No muestra el rostro de las cosas,
da muerte a sus colores,
mete a las cosas en la noche.
Pinta las cosas en vano,
sus creaciones son torpes,
las hace al azar,
desfigura el rostro de las cosas.

* Colores dominantes en los códices náhuatl.
La expresión equivale a «la sabiduría».

8. EL ARTISTA PLUMARIO
(en adelante: PL)13
Íntegro: dueño de un rostro,
dueño de un corazón.
El buen artista de las plumas:
Hábil, dueño de sí,
de él es humanizar
el querer de la gente.
Hace trabajos de plumas,
las escoge, las ordena,
las pinta de diversos colores,
las junta unas con otras.
El torpe artista de las plumas:
No se fija en el rostro de las cosas,
devorador, tiene en poco a los otros.
Como un guajolote
de corazón amortajado,
en su interior adormecido,
burdo, mortecino,
nada hace bien.
No trabaja bien las cosas,
echa a perder en vano cuanto toca.

9. EL POETA
(en adelante: PO)14
Comienzo ya aquí,
ya puedo entonar el canto:
de allá vengo, del interior de Tula,
ya puedo entonar el canto;
han estallado,
se han abierto las palabras y las flores.
Oíd con atención mi canto:
ladrón de cantares, corazón mío,
¿dónde los hallarás?
Eres un menesteroso.
Como de una pintura,
toma bien lo negro y rojo
y así tal vez dejes de ser indigente.

10. EL PREDESTINADO AL ARTE
(en adelante: PR)15
El que nacía en esas fechas [Uno Flor],
fuese noble o plebeyo,
llegaba a ser amante del canto,
divertidor, comediante, artista.

Tomaba esto en cuenta,
merecía su bienestar
y su dicha,
vivía alegremente, estaba contento
en tanto que tomaba
en cuenta su destino,
o sea, en tanto que se amonestaba
a sí mismo,
y se hacía digno de ello.

Pero el que no se percataba de esto,
si no lo tenía en nada,
despreciaba su destino, como dicen,
aun cuando fuera cantor
o artista, forjador de cosas,
por esto acaba con su felicidad,
la pierde.
No la merece.
Se coloca por encima
de los rostros ajenos,
desperdicia totalmente su destino.
A saber, con esto se engríe,
se vuelve petulante.
Anda despreciando los rostros ajenos,
se vuelve necio y disoluto su rostro
y su corazón,
su canto y su pensamiento.
¡Poeta que imagina y crea cantos,
artista del canto necio y disoluto!

11. EL SABIO
(en adelante: S)16
Una luz, una tea,
una gruesa tea que no ahúma.
Un espejo horadado,
un espejo agujereado
por ambos lados.
Suya es la tinta negra y la roja,
de él son los códices,
de él son los códices.
Él mismo es escritura y sabiduría.
Es camino, guía veraz para otros.
Conduce a las personas y a las cosas,
es guía en los negocios humanos.

El sabio verdadero:
Es cuidadoso
y guarda la tradición.
Suya es la sabiduría trasmitida,
él es quien la enseña,
sigue la verdad,
no deja de amonestar.
Hace sabios los rostros ajenos,
hace a los otros tomar una cara,
los hace desarrollarla.
Les abre los oídos, los ilumina.
Es maestro de guías,
les da su camino,
de él uno depende.
Pone un espejo delante de los otros,
los hace cuerdos, cuidadosos;
hace que en ellos aparezca una cara.
Se fija en las cosas,
regula su camino,
dispone y ordena.
Aplica su luz sobre el mundo.
Conoce lo que está sobre nosotros
y la región de los muertos.
Es hombre serio.
Cualquiera es confortado por él,
es corregido, es enseñado.
Gracias a él la gente humaniza
su querer
y recibe una estricta enseñanza.
Conforta el corazón,
conforta a la gente,
ayuda, remedia,
a todos cura.
El falso sabio:
Como médico ignorante,
hombre sin sentido, dizque sabe
acerca de Dios.
Tiene sus tradiciones, las guarda.
Es vanagloria, suya es la vanidad.
Dificulta las cosas, es jactancia
e inflación.
Es un río, un peñascal*.
Amante de la oscuridad y el rincón,
sabio misterioso, hechicero,
curandero,
ladrón público, toma las cosas.
Hechicero que hace volver el rostro,
extravía a la gente,
hace perder a los otros el rostro.
Encubre las cosas, las hace difíciles,
las mete en dificultades, las destruye,
hace perecer a la gente,
misteriosamente acaba con todo.

* Expresión equivalente a «un infortunio»

ALGUNAS OBSERVACIONES

Hago notar que en estas descripciones de artistas, hay un notable equilibrio entre técnica adquirida («experimentado», «se adiestra», «guarda sus tradiciones», «discípulo»), por un lado y espontaneidad por otro: «todo lo saca de su corazón», «diviniza con su corazón las cosas». El artista saca todo de su corazón, sí, pero después de haberlo guardado allí. Como fruto de tal armonía, «obra con deleite».

Es, por otra parte, una armonía de la que se tiene conciencia y que activamente se cultiva, pues el artista «dialoga con su propio corazón» y también «está dialogando con las cosas». La competencia técnica es fruto del esfuerzo del artista («hace hábiles sus manos»), pero hay algo gratuito, imponderable, que se expresa con el término yolteotl, «corazón endiosado» (como el enthousiasmós griego). Sin duda tiene algo de divino esa facultad de comunicar una naturaleza, ese «enseñar a las cosas a mentir» (el alfarero hace pasar por pájaro lo que sólo es barro).

Me parece claro que el corazón lleva aquí consigo una referencia a la interioridad, a una iniciativa. El contexto de creación artística y una particular recurrencia de los términos corazón y rostro, me animan a aventurar una lectura de cuyo cuño occidental, soy bien consciente, pero el lector puede juzgar a la vista de los textos.

Desde la idea de interioridad, pasando por la de espontaneidad (y la de iniciativa), propongo ver en el corazón un símbolo de la libertad. Si encontramos su correlato, la naturaleza, en el rostro, surgen varias correspondencias significativas. Digamos pues que el hombre tiene una naturaleza en cuyo núcleo hay una libertad. Se puede decir que él es propiamente libertad y tiene una naturaleza. Cada hombre debe formarse un rostro actuando desde su corazón, pero el punto de partida no es sólo corazón: posee un esbozo de rostro, sin el cual el corazón no tendría ningún criterio para actuar (para esto interviene el sabio con el espejo, como se lee en el último texto citado). A medida que el rostro se perfila, las virtualidades del corazón se incrementan, pues la posibilidad de la libertad se convierte en efectiva potencia en la medida en que la libertad puede hacer pie en una naturaleza para actuar. Por eso se dice del hombre maduro que es «dueño de un rostro y de un corazón»17.

En el texto sobre el sabio hay muchas alusiones al rostro y sólo una al corazón. En las descripciones de los artistas, en cambio, abundan las referencias al corazón, y cuando se menciona el rostro no es el del artista sino el de las cosas o el de los otros. Desde el punto de vista del binomio naturaleza-libertad, esto puede significar que en el mundo sólo encontramos naturaleza. Cuando debemos hablar sólo del hombre, nos podemos entretener mucho en la naturaleza (rostro) sin una necesidad absoluta de explicitar la libertad (corazón), pues ésta se sobrentiende (la naturaleza del hombre es ser libre). Pero como en el mundo sólo hay naturaleza, cuando se habla de él en su relación con el hombre salta a la vista lo específico de éste: la iniciativa, el corazón.

No obstante, no todo en el arte es tratar con naturaleza. De los malos artistas llama la atención lo acertado que es observar que no encuentran placer en su trabajo; que conservan sus tradiciones pero torciendo lo que les enseñaron; la ignorancia, la falta de cuidado, etc. Y destaca de modo particular el que tengan en poco a los demás, el ser una afrenta para ellos: la ineptitud no se queda en limitación técnica sino que implica una ofensa a los demás. En la medida en que el sujeto es humano, la técnica no puede ser nunca sólo técnica, ya que es propio del artista —se dice explícitamente del sabio y del artista plumario— humanizar el querer de la gente.

Paso, pues, a reunir en un esquema, como he prometido al principio, las características comunes a estas descripciones, tanto del buen como del mal artista, del que espero el lector pueda sacar sus propias conclusiones.

EL BUEN ARTISTA EL MAL ARTISTA
A • CUALIDADES GENERALES
Hábil PI Torpe Al, G
Capaz, múltiple, abundante, inquieto Ar Ayuno y seco como una piedra Ca
Entendido Pi Cojo en su arte Al
De mirada certera/aguda O, Al Burdo Pl
Agudo de ingenio Ca Poeta que imagina y crea canto, artista del canto necio y disoluto Pr
Tolteca (= artista) Ar, Pi, Co, N Obra en vano18 Pi, Pl, Co, N
Obra como un tolteca Ar, Pi
Tiene mano de tolteca Co
Todo lo conoce como un tolteca Al
Diseña obras como las de los toltecas G
Creador de las cosas como los toltecas O, G
Viene del interior de Tula Po

B • RELACIÓN CON LAS COSAS
Pone esmero en las cosas Al Obra torpemente O
Hace las cosas con calma, con tiento19 Ar Obra sin cuidado Ar
Hace vivir a las cosas Al Opaca las cosas Ar
Calcula, diseña Co Obra al azar Ar
Arregla las cosas, las hace atildadas, hace que se ajusten Ar Sus creaciones son torpes, las hace al azar Pi
Compone cosas Ar No trabaja bien las cosas Pl
Encuentra las cosas con su mente Ar Nada hace bien Pl
Conoce el rostro de las cosas O Mete las cosas en la noche Pi
Se fija en las cosas S No muestra el rostro de las cosas Pi
Está dialogando con las cosas G Pasa por encima del rostro de las cosas Ar
Conocedor G No se fija en el rostro de las cosas Pl
Crea Ar, Al, Pi Desfigura el rostro de las cosas Pi
C • ADQUISICIÓN DE UNA TÉCNICA
Guarda sus tradiciones Cu, S Tiene sus tradiciones, las guarda Cu, S
Guarda sus secretos O, Cu Tuerce lo que le enseñaron O
Discípulo Ar
De todo se acuerda Ca
Se adiestra20 Ar
Adiestra sus manos Al, Co
Experimentado21 O, G, Cu
De mano experimentada O
D • EL CORAZÓN DEL ARTISTA
Corazón endiosado Pi Como un guajolote de corazón amortajado22 Pl
Diviniza con su corazón las cosas Pi Corazón muerto, comido por las hormigas Ca
Todo lo guarda en su corazón Ca Nada sabe su corazón Ca
Todo lo saca de su corazón Ar En su interior adormecido Pl
Dialoga con su propio corazón Ar, Pi, Al, Co Mortecino Pl, Al
E • RELACIÓN CON LA GENTE
De él es humanizar el querer de la gente Pl,S Anda despreciando los rostros ajenos Pr
Ayuda, remedia, a todos cura Cu,S Se coloca por encima de los rostros ajenos Pr
Tranquiliza a la gente Ca Indignación de la gente Pi
Cualquiera es confortado por él S Se burla de la gente, la ofende23 Co, Cu
Conforta a la gente S Defrauda a las personas Ar
Tiene en poco a los otros Pl
Provoca fastidio Pi

F • CUALIDADES COMO PERSONA
Dueño de un rostro y un corazón Pl Necio y disoluto su rostro y su corazón Pr
Integro Pl Devorador PI
Dueño de sí Pl Se engríe, es petulante Pr
Ladrón de cantares su corazón Po No tiene vergüenza N
Enseña al barro a mentir Al Ladrón Ar, O, S
Engañador, siempre anda engañando Pi
G • PLENITUD COMO PERSONA
Vive alegremente, está contento Pr Acaba con su felicidad, la pierde Pr
Merece su felicidad y su dicha Pr Desperdicia totalmente su destino Pr
Obra con deleite Ar No encuentra placer en su trabajo G

 

BIBLIOGRAFÍA
Códice Florentino, Fray Bernardino de Sahagún, Archivo General de la Nación, México, 1979, 3 vols.
Códice Florentino, ed. facs., Giunti Barbera, Florencia 1979.
Códice Matritense de la Real Academia de la Historia, ed. facs. de Paso y Troncoso, vol.VIII, Madrid, fototipia de Hauser y Menet, 1907; citado por León-Portilla.
Ms. Cantares Mexicanos, Biblioteca Nacional de México, reproducción facsimilar de Antonio Peñafiel, México, 1904; citado por LeónPortilla.
Miguel León-Portilla, Filosofía náhuatl, UNAM-Institutode Investigaciones Históricas, México 1974- (FN)
IDEM, Toltecáyotl. Aspectos de la cultura náhuatl, FCE, México 1987. (Tolt).
IDEM, Los antiguos mexicanos a través de sus crónicas y cantares, FCE, México. 1988 (AM).

 

NOTAS
1 Domingo Francisco CHIMALPAIN CUAUHTLEHUNITZIN, Memorial breve acercada la fundación de Culhuacán, París, Biblioteca Nacional, MS. mexicain, 74, fol-40 v; citado por Miguel León-Portilla, Bernardino de Sahagún, Pionero de la antropología, Universidad Nacional Autónoma de México – El Colegio Nacional, México 1999, p.203.
2 CF fol.15r-v = CMRAH fol. 115v-116r (AM 160 = FN 261), Para las siglas, vid. el Apéndice.
3 La traducción más inmediata para el adjetivo que distingue las secciones segunda y tercera
(cualli y amo cualli) es -bueno» y «malo».
4 Aquí sigo la traducción de Sahagún.
5 Una versión embrionaria de este esquema está incluida en mi artículo concepción náhuatl del hombre», Istmo, Z04 (1991). pp. 69-75. La elección de los textos dependió mucho del hecho de contar con la traducción de León-Portilla. Podría añadir otros artistas con la versión de Sahagún, pero su sensibilidad es tan diversa que dificultaría la unidad del resultado final. Me pareció oportuno incluir la descripción del sabio, porque los frutos del trabajo del artista con respecto a las demás personas coinciden en buena parte con los del sabio. Nótese cómo las parejas de valoraciones directamente opuestas no suelen pertenecer a la misma descripción. Que «obra con deleite» se dice del artista en general, pero que «no encuentra placer en su trabajo» se aplica al mal gematista; del alfarero se afirma que «pone esmero en las cosas», pero que «obra torpemente» se dice del mal orfebre.
6 CF fol. 29r = CMR AH fol. 124r (AM 162 = FN 267s).
7 CF fol. 18v-19r = CM fol. 118 (AM 166).
8 CF fol. 37r-v = C M R AH fol. 128v (Tolt 307).
9 CF fol. 16r-v = CMRAH fol. 116 (AM 164s).
10 CF fol. 26r (Tolt 201s).
11 CF fol. 15v-16r = CMRAH fol. 116 (AM 164).
12 CF fol. 18v = CMRAH fol. 117v (AM 161 = FN 267).
13 CF fol. 15v = CMRAH fol. 116 r (AM 161s = FN 266).
14 CM fol. 68r (AM 165s). Este texto —propiamente un poema— se encuentra también, con otra traducción, en Poesía náhuatl, paleografía, versión, introducción, notas y apéndices de Ángel María Garibay K., 2ª ed. (1ª: 1964-1968), Universidad Nacional Autónoma de México, México 2000, vol. III: Cantares mexicanos, manuscrito de la Biblioteca Nacional de México, segunda parte, pp. 41-42.
15 CF L. IV fol. 17r-v = CM fol. 300 (AM 167 = FN 262).
16 CF fol. 19r-20v = CMRAH fol. 118r (AM 123s = FN 65 y 73).
17 CMRAH fol. 109v (AM 147). Se dice también del artista plumario.
18 Pi: pinta las cosas en vano; Pl: echa a perder en vano cuanto toca; Co: sólo echa puntadas sin tino; N: narra cosas sin tino… dice palabras vanas
19 S: cuidadoso.
20 Al, Co: adiestra sus manos.
21 O: de mano experimentada.
22 Pi: corazón amortajado.
23 Ar: se burla de la gente.


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