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La narración de los hechos históricos ha sido muchas veces fuente de inspiración literaria para el novelista, convencido de que la mera exposición de la realidad llega a superar, en fuerza dramática e intensidad, a las situaciones creadas por la más desbordada fantasía. El recurso, sin embargo, se presta a inevitables equívocos, puesto que el escritor, al dar vida a personajes y situaciones del pasado, introduce, de modo inevitable, aspectos imaginarios que dificultan, cuando no impiden, el conocimiento exacto de la verdad. Respecto a la descarada manipulación de la historia en perjuicio de personas e instituciones con fines comerciales, disponemos de numerosos y lamentables ejemplos actuales que no es necesario citar.

NO  CONFUNDIR AL  LECTOR

Naturalmente, que, cuando del ejercicio de novelar se trata, se han de permitir licencias a la creatividad del autor para que invente episodios o atribuya a sus personajes reacciones sobre las cuales no existen datos fiables. Pero, en tal caso, se deberían establecer con claridad las diferencias entre realidad y ficción, los hechos bien documentados de los imaginarios, con el fin de evitar innecesarios equívocos.

Al observar el panorama editorial de los últimos meses, vemos que han aparecido obras de tema histórico, tanto en su vertiente de investigación como en el género del relato novelado. Se han seleccionado algunos de estos libros que, curiosamente, centran su atención en la era de los viajes y descubrimientos en busca de nuevas rutas a través del océano Atlántico, iniciada en los dos países ibéricos, Portugal y España.

DESCUBRIMIENTOS Y CONQUISTAS

Los riesgos e ilusiones desplegados en tales aventuras ejercen todavía una indudable y merecida fascinación, que no ha disminuido con el paso de los siglos. A pesar del tiempo transcurrido, aún se mantienen numerosas incógnitas por descifrar, episodios oscuros por aclarar y personajes a los que es preciso reivindicar porque no se les ha hecho justicia.

Sobre la expedición marítima del portugués Hernando de Magallanes al servicio del rey de España, que finalizó Juan Sebastián Elcano, para demostrar con datos la esfericidad de la Tierra, el investigador británico Lawrence Bergreen ha publicado su obra Magallanes: Hasta los confines de la Tierra (Planeta, Barcelona, 2004). El autor reproduce con fidelidad los hechos, aunque su enfoque general descubre los prejuicios latentes en la cultura anglosajona, que atribuye a los españoles, venga o no a cuento, una actitud permanente de supuesta crueldad y sectarismo religioso. Curiosamente, los portugueses, nuestros compañeros de fatigas, son tratados, en términos generales, con mucha mayor comprensión y respeto.

Especialmente duro se muestra contra el papel de J. S. Elcano, al que considera desleal y rival de la gloria que corresponde a Magallanes. Inconvenientes de aceptar que, desde fuera, otros vengan a contar nuestra propia historia.

En este mismo apartado del libro histórico, ha publicado el profesor norteamericano Matthew Restall Los siete mitos de la conquista española (Paidós, Barcelona, 2004), donde se propone desmontar algunas versiones que alteran, con sus rasgos mitológicos, el auténtico carácter definidor del descubrimiento y conquista de América. Meritorio empeño, aunque esos mitos, muchos de ellos generados en las Américas, hayan sido rechazados desde hace muchos años por la historiografía española, mucho mejor documentada, que ha sabido prescindir de los rasgos propios del romanticismo decimonónico, ya superado en nuestro país.

RIESGOS DE LA NOVELA HISTÓRICA

Si  de los  trabajos  con  pretensiones científicas, pasamos al ámbito de la novela habría que comentar el libro de otro escritor foráneo, Edward Rosset, autor de Malinche (EDHASA, Barcelona 2004), donde se ocupa, a medias entre la novela y el mito, de narrar una visión personal de la vida de la joven Malinche, la compañera fiel de un imaginario Hernán Cortés, sin escrúpulos, astuto y valiente vencedor del imperio azteca. Sus amores con la joven Malinche responden a los más conocidos tópicos, carentes de rigor, que pueden, sin duda, confundir al lector crédulo o mal informado.

Por su parte, el profesor Núñez Ladevéze ha elegido en su reciente novela, El ímpetu del viento (Apóstrofe, Madrid, 2004), un camino distinto y personal para recrear a su modo un relato imaginario, pero anclado en una sólida base documental. Nos trasladamos, a través del relato del autor, al año 1460, cuando en Portugal la fiebre de los viajes por el Gran Océano, localizaba en el promontorio de Sagres y en Lisboa una intensa actividad científica y marinera. Mientras los estudios realizados por el infante don Enrique el Navegante facilitaban el desarrollo científico y tecnológico de las artes de la navegación, el puerto de Lisboa se convertía en base de lanzamiento de atrevidas expediciones hacia la costa africana, en el camino de las Indias.

PORTUGAL EN ESA ÉPOCA

Luis Núñez sitúa en torno a la capital lisboeta el núcleo central del relato, como escenario en el que los personajes, principales y secundarios, van a desempeñar el papel asignado a cada uno de ellos. La novela se adereza con los detalles definidores del espíritu de una época, marcada por el tránsito de la Edad Media al Renacimiento, abierta a los cambios, a la poesía y el arte, atrevida y sugerente, pero no exenta de conflictos religiosos, sociales y políticos.

Todos estos elementos se integran dentro del relato, encarnados en el ambiente refinado de los condes —Hubertus y Fiorina—, en el clima de estudio de las nuevas ciencias cartográficas, representado por el joven Andrés, heredero de la vieja sabiduría monástica; en el activo y emprendedor Juan Güiraldes, constructor de carabelas, sin que falten nobles ambiciosos, frailes iluminados o episodios galantes inspirados en la poesía, al itálico modo, sobre el modelo de Petrarca.

Una vez listo el decorado, se enlazan con habilidad los hilos de una trama que lleva, tras una rápida sucesión de episodios dramáticos, al sugestivo desenlace final. La flamante carabela Atlántida, bajo la dirección del marino de Huelva el capitán Alonso Sánchez, conduce a los condes y a Güiraldes, junto a sus familiares y amigos, superada una larga y peligrosa travesía, a unas tierras nuevas, símbolo de esperanza y salvación para todos ellos. La imaginación debe completar el resto, para identificar la naturaleza y el lugar de esa Tierra Desconocida.

LA ATLÁNTIDA, ANTESALA DE AMÉRICA 

¿Alcanzaron a vislumbrar los viajeros los restos de la fabulosa Atlántida, descrita por Platón? ¿O tal vez esa Atlántida fueron las primeras islas del continente a las que, treinta años más tarde arribaron las carabelas de Colón?

Sueños y mitos sirven al autor como elementos capaces de motivar a los personajes en su lucha por hacer realidad sus ilusiones. Cada uno de ellos aporta los mejores esfuerzos al éxito de la empresa, aunque ignoran el resultado final. Han de superar dificultades personales, rivalidades, celos y trampas de los enemigos, que forman parte del acontecer diario y como tal se afrontan. Luis Núñez ha construido un relato sólido, bien trabado, con numerosas referencias históricas, incluso técnicas en el-caso de la detallada terminología marina.

Elementos literarios que reproducen con fidelidad no solo el clima, sino también, a través de la amplia galería de personajes, el espíritu de una época tan rica en acontecimientos y matices como fue la última mitad del siglo XV. El autor mantiene una línea coherente, no se aprovecha de personajes reales, sino que los inventa para expresar con toda libertad sus opiniones y sentimientos.

Sin embargo, pese a reflejar un mundo imaginario, los hechos narrados, al menos en parte, bien pudieron haber ocurrido. Si la historia no sucedió como la cuenta el profesor Núñez, lo cierto es que parece bien inventada. «Si non è vero, è ben trovato».


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