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Escribir sobre Kierkegaard no es una tarea fácil: uno debería sentir la tentación de dejar que Kierkegaard —un ingenio retórico y estilístico— hablara directamente en sus innumerables juegos o podría también ser víctima de sus ironías, incapaz, por tanto, de captar lo que realmente el pensador danés quiso transmitir. De ahí que solo pueda llevar a cabo una introducción a su pensamiento quien haya frecuentado con asiduidad amistosa al autor de Temor y temblor. Esta familiaridad se nota en este ensayo de Carlos Goñi, experto en Kierkegaard, que ha sabido transmitir sin traiciones las claves de la filosofía kierkegaardiana.

Goñi explica a Kierkegaard cronológicamente, tomando siempre como punto de partida todas y cada una de sus obras. Se agradece este punto de vista porque aclara la génesis de los diversos conceptos y el alumbramiento temporal de sus ideas, y también porque hace posible una lectura —o consulta— más concreta de sus diversos ensayos. Por otro lado, la gran aportación de Goñi ha sido destacar, nuevamente, la vigencia de una forma de pensar que, a pesar de los años transcurridos, sigue teniendo la misma fuerza: como afirma el propio autor, Kierkegaard sigue hoy día dirigiéndonos sus impertinencias, incomodando nuestras seguridades más íntimas.

Lo más molesto para el lector de hoy puede ser la exigencia kierkegaardiana de compromiso. El panorama filosófico contemporáneo no resulta muy existencial: las modas filosóficas, si es que tienen algún sentido vital, pueden acomodar comportamientos o instalar determinadas imposturas, pero son resistentes, demasiado resistentes, a remover existencialmente al individuo. Hay, pues, cierta divergencia entre la verdad y su vivencia; de hecho, es como si el hombre democrático fuera consciente de la necesidad de renunciar a sus principios, a sus convicciones más íntimas, en su aparición pública.

A esta esquizofrenia quiso enfrentarse Kierkegaard, lo que le exigió mucho, también desde el punto de vista personal. Y no solo hay que aludir a la ruptura de su compromiso con Regina Olsen, sino también a las insidias y la ridiculización de las que fue objeto. Él pudo soportar todo ello con la jocosa serenidad de su pluma y con el juego de sus disfraces, consciente de que tenía una misión más alta a la que servir con honestidad y sin componendas.

Junto con la actualidad de su pensamiento, el acierto de esta magnífica introducción a la vida y obra del pensador danés es resaltar algunos aspectos que en muchas más ocasiones de las deseables han sido olvidados. Es l que ocurre con sus reflexiones sobre el amor, por ejemplo, o con las disquisiciones que aparecen en sus diarios —desgraciadamente, en castellano no contamos con una traducción completa de los mismos—. Además Goñi hace algo que, para ser sinceros, solo está al alcance de los mejores conocedores de la obra del danés: aventura hacia dónde podría haber dirigido Kierkegaard sus pasos en caso de haber vivido un poco más de tiempo, el suficiente como para completar constructivamente su obra crítica.

El filósofo impertinente es, en definitiva, un buen homenaje a Kierkegaard en el aniversario de su nacimiento y una invitación brillante a familiarizarse con la terminología y los motivos de este filósofo tan incómodo, pero tan profundo, para el hombre de hoy. _


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