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Se han estudiado abundantemente las diversas versiones realizadas sobre el tema de don Juan y el donjuanismo. El poema de Byron es típicamente romántico y añade algunos matices al significado más conocido y divulgado en España. Resulta en cualquier caso un personaje más moderno y menos barroco; más un paladín de la libertad que un pecador casi irredento. Ese tono del hombre libérrimo es lo que atrajo a Byron que, como indicaba Luis Antonio de Villena al hablar de esta obra, estuvo también personalmente atrapado entre la libertad y el malditismo: don Juan sería, en esta interpretación, una máscara del propio poeta inglés. No faltan referencias autobiográficas en la obra que han sido y seguirán siendo objeto de estudio para los especialistas, como si conociendo exhaustivamente a don Juan pudiera saberse más de Byron. Así también el poema estuvo, por suerte o por desgracia, sometido a los avatares de su propia existencia: publicó los cantos iniciales en 1819, pero lo retomó pasado el tiempo, en 1824, sin concluirlo desgraciadamente a causa de su propia muerte.

A diferencia de otras obras, en el Don Juan de Byron el personaje se presenta a sí mismo y lo hace como un conquistador de la libertad, más que de las mujeres, como alguien que, en lugar de acoger el castigo o de mostrar su arrepentimiento, rompe con las convenciones, sea cual sea el lugar donde se encuentre. Es también mujeriego, qué duda cabe. Algo muy romántico, es cierto. Además el encantador de damas, que juega a seducir o engatusar en otros casos, aparece bajo un disfraz de inocencia. No es tanto ya el seductor como el seducido. Satírico y mordaz, en ocasiones falto de delicadeza, desfilan junto con don Juan y doña Julia, Haydée, piratas y esclavos, la amada Grecia de Byron, Rusia, además de un retrato de la aristocracia inglesa en los cantos finales. Byron fue en el poema demasiado atrevido con sus invectivas y mostró una genial hostilidad hacia determinadas convenciones sociales que, en verso y sazonadas con gracia e ironía, pudieron resultar más tolerables o llevaderas. Sería injusto negar la poderosa influencia que ejerció su poético Don Juan en la literatura inglesa posterior. Está considerada su mejor obra. Una lectura obligada, sin lugar a dudas.


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