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El año 1302 fue crucial en la vida de Dante, que a la sazón tenía treinta y siete años; su participación en la política florentina tuvo como consecuencia inmediata el destierro, la condena a muerte y, en definitiva, la imposibilidad de regresar a su ciudad natal, Florencia. Pero, además, se produjo una ruptura total con su actividad literaria anterior, marcada por la «dulzura» del Stilnovismo, como atestigua la Vita Nuova. Ahora los temas van adquiriendo una dimensión filosófica más amplia; la experiencia autobiográfica, idealizada con tintes de hagiografía en la Vita, se va a convertir en la expresión alegórica de la Commedia, con toda su carga de sentidos y de niveles de significación y, por tanto, de interpretación, como ocurría con las Sagradas Escrituras.

Dante titula su gran poema «Commedia», aunque una larga tradición iniciada por Boccaccio la ha adjetivado como divina, tanto por su grandeza como porque trata de asuntos no terrenales. En realidad, Dante parecía pensar más bien en el hecho de que la comedia era un género que permitía la presencia de todos los registros estilísticos, desde los más elevados a los más vulgares, y, sobre todo, le permitía emplear la lengua cotidiana, frente al latín. La comedia, además, era el género utilizado para reflejar la vida de las personas en sus quehaceres diarios. Y de todo ello hay en este largo poema, elaborado incansablemente a lo largo de quince años, desde poco después del destierro hasta el final de los días del escritor.

En apariencia, el tema no es otro que un viaje en el que el autor encuentra su propia identidad. Pero desde antiguo el viaje representa la condición humana, y así no solo se trataría de la adquisición de unas experiencias, sino que, además, cada una de las etapas contendría su propio simbolismo: la noche del Inferno sería la desesperación; la llegada al Purgatorio al alba, representa la esperanza; la entrada en el Paradiso a mediodía, es clara muestra de la salvación, por la abundante luz que hay. Así, este viaje iniciado la noche del Jueves Santo del año 1300 es, a la vez, un libro de viajes muy especial y una rica muestra de literatura de visiones, también sui géneris; todo ello aderezado con elementos de literatura apocalíptico-profética y una enorme riqueza de materiales diversos. En definitiva, se trata de una auténtica enciclopedia de los conocimientos de principios del siglo XIV.

El contenido de la Divina Comedia se difundió con extraordinaria rapidez y alcanzó gran popularidad en vida aún de su autor. Luego, llegaron lecturas públicas, comentarios y traducciones. Y el libro pasó al canon de las letras universales en el siglo XVIII y se mantiene inamovible en su prestigio.

Por la riqueza de su contenido, por la variedad estilística, por ser un espejo de la vida humana, la Divina Comedia merece un lugar entre los libros de la Biblioteca de Occidente, y su presencia rendirá justicia a una de las obras que más ha influido en Europa.


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Catedrático de Filolofía Románica de las universidades de Alcalá y Ginebra. Director del Centro de Estudios Cervantinos