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Memorias de cuatro Españas. República, Guerra, Franquismo y Democracia

Prólogo de Manuel Fraga Iribarne.

Planeta, Barcelona, 2011, 694 págs., 29,50 €.

memoria-de-cuatro-espanas-9788408101543.jpgLas recientes memorias de Carlos Robles Piquer narran una vida intensa dedicada a sus dos grandes amores: España y su familia. Y resultan ejemplares porque muestran el valor de una vida de entrega y de trabajo sabiamente aprovechada que constituye un auténtico contrapunto al hedonismo y materialismo que hoy embrutece la educación de tantos españoles.

Para quienes no conozcan ni a la persona ni al personaje, que serán pocos, al menos entre los que alguna vez se hayan interesado por la vida política y cultural española, hay que decir que Robles Piquer es, ante todo, un español y un hombre de bien. Para enseguida añadir que es buen amigo de sus innumerables amigos, a los que honra y recuerda en las páginas de este libro de una vida, que es a lo que aspiran a ser todas las memorias, aunque estas casi 700 páginas solo apunten algunos de los rasgos de la buena gente que es don Carlos: su humanidad, su bonhomía, su auctoritas y siempre su sentido del humor.

Cronológicamente, abarcan un largo periodo cuyo subtítulo esclarece —República, guerra, franquismo y democracia— y que nuestro autor, que cumplió el pasado octubre los 86 años, ha logrado condensar en «solo» veintitrés capítulos escritos en un español de alta cuna. Como ha explicado el propio Robles, su deseo es el de «contribuir desde la experiencia a la mejor comprensión de la actual realidad histórica de España». Y a fe mía lo consigue. A lo que se añade un segundo aliento personal y explícito en cada capítulo: el del amor, lealtad, admiración y gratitud hacia su mujer Elisa, compañera principal de su aventura.

Diplomático de carrera por vocación hispánica, otra de las pasiones de su vida ha sido y es la política. Además de pasar por numerosas embajadas y consulados, su actividad ha estado siempre ligada a la vida pública española. En 1975 juró el cargo de ministro de Educación y Ciencia en el primer Gobierno de la Monarquía, lo que le parece «el más alto honor que he recibido en mi larga vida». Ha sido también director general de RTVE y desde 1982, en estrecha relación con Manuel Fraga, coordinador general de AP (hasta 1989) y, sucesivamente, diputado de la Asamblea de Madrid, senador en la II y III legislaturas y diputado en el Parlamento Europeo desde 1986 hasta el 2000.

Y en todas sus valiosas ocupaciones siempre le guió la misma preocupación, España, y por ende el construir una alternativa liberal-conservadora de centro y reformista capaz de alcanzar el gobierno y enmendar las políticas fracasadas de los gobiernos socialistas. A ello se aplicó con insistencia como parlamentario. Buena prueba son los muchos escritos y programas políticos en los que directa o indirectamente ha participado, promovido o es autor. A este respecto, no quiero dejar sin subrayar el amor que Robles Piquer profesa a la literatura, al libro y al mundo editorial, que reluce en toda su trayectoria y que tuve el honor de vivir cuando él fue presidente de la Fundación Cánovas del Castillo. Y tampoco quiero dejar de mencionar el que haya sido capaz de dedicar un capítulo entero a lo que considera sus fracasos.

Don Carlos, como muchos le decimos con cariño y respeto, ha vivido y vive una vida apasionante, plena de servicio a España, de fe cristiana y amor a su familia: «nacimos de buena gente, en una buena patria». Una muy viajada vida en la que ha sabido representar con orgullo lo mejor de nuestra vieja nación desde sus cargos diplomáticos o políticos. Una vida que queda escrita en su Memoria de cuatro Españas donde también analiza las vicisitudes que atraviesa nuestra nación y muestra su «convencimiento de que España no puede fragmentarse en paz o por las buenas». Dios quiera que sea así. Lo dicho, un español de bien, un valioso diplomático, un gran amigo y un mejor patriota.


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