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La trama argumental de la novela Berlin Alexanderplatz presenta una estructura de   bien un pretexto con el fin de esbozar un cuadro realistasobre la caótica situación en la que vivieron las diversasclases sociales en la Alemania de entreguerras: 1928-1930.La imagen del protagonista, el desdichado Franz Biberkopf,representa en cierto modo a los miles de ciudadanosque sufrieron las consecuencias de la ansiedad, la amarguray falta de horizontes humanos y profesionales de sugeneración, enfrentada a un futuro incierto. Franz acabade cumplir cuatro años de condena en prisión, en la que ingresó por un homicidio involuntario. Se promete a sí mismo no reincidir en los mismos errores que le llevaron a tan triste situación. Muy pronto descubrirá la imposibilidad de alcanzar sus buenos propósitos. La realidad se impone. Carente de recursos, ganado por el ambiente y tras diversos incidentes desafortunados, acaba por donde había empezado: se sumerge en una vida de sombras carente de ilusiones y resignado a un fracaso inevitable.

La acción transcurre en torno a una zona de Berlín, la Alexanderplatz, en la que todo es posible. En torno a ella, se mueve un mundo abigarrado en el que confluye gente de muy variada procedencia, origen e intenciones. Ciudadanos modestos, obreros y empleados, coinciden con oportunistas sin escrúpulos, delincuentes y hasta criminales. No faltan señoritos diletantes de clases acomodadas que acuden atraídos por la fama de la mítica plaza, bien conocida por sus peculiares rasgos: libertad, libertinaje y desenfreno. Un lugar tentador para una sociedad en carne viva que prefiere olvidar el pasado (la guerra humillante) y no pensar en el futuro, cumplir las condiciones del «infame» tratado de Versalles.

Döblin, médico psiquiatra de origen judío polaco emigrado a Berlín en 1898, que prestó sus servicios al ejército alemán durante la Gran Guerra, trabajaba en un hospital de la sanidad pública. Allí tuvo ocasión de conocer a fondo los afanes e inquietudes de sus pacientes, cuyas confidencias interiores y velados traumas le proporcionaron una visión certera del drama que afectaba al conjunto de la sociedad. Döblin, ya para entonces bien conocido en el mundo de la literatura alemana, transmite con mano maestra y depurada e innovadora técnica narrativa la tragedia de unos seres humanos, como el propio Franz Biberkopf, triste marioneta desmadejada, víctima de unas circunstancias que le han sido impuestas por los dirigentes políticos y no se sabe qué extrañas fuerzas desconocidas. Estas circunstancias fueron aprovechadas por los dirigentes del nuevo Partido Nacionalsocialista que precisó un claro culpable: los judíos. Como parece natural, Döblin se vio forzado a escapar de la feroz persecución racista de los nazis. Primero se dirigió a Suiza y Francia, finalmente emigra a los Estados Unidos, donde se convierte al catolicismo y presta servicios como guionista de cine en Hollywood. Regresa a una Alemania de posguerra todavía, si cabe, más triste y deprimida que la anterior, que abandona para afincarse unos años en Francia, hasta su definitiva vuelta a casa, para morir en el sanatorio de Emmendingen el año 1957.


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