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espana_sl.jpgLa persistencia y gravedad de la actual crisis y la respuesta que desde el ámbito institucional y privado se le ha dado a esta, ha generado dentro de nuestras fronteras un intenso debate en torno a la capacidad y liderazgo de nuestras élites políticas y económicas para superar una tremendamente compleja situación que ha terminado por alcanzar todos los órdenes, desbordando el económico y financiero que es en donde se halla su origen.

La gravedad de los escándalos a los que hemos asistido impávidos y que se han sucedido en los últimos años, junto a una más que controvertida gestión institucional de la crisis (desde sus estadios iniciales a las reformas estructurales emprendidas en los últimos años a los lomos de las políticas de austeridad y consolidación fiscal) optando por sacrificar logros sociales conquistados por generaciones precedentes en nuestro endeble Estado del bienestar en lugar de resetear en serio un desfasado modelo productivo así como un complejo e insostenible modelo territorial, rémoras indiscutibles para la ansiada recuperación, han terminado por dejar a la sociedad española sin referentes éticos públicos a los que poder demandar y exigir una gestión eficaz, honesta y ejemplar de los recursos públicos y privados.

De ahí la oportunidad del libro que Antonio Núñez Martín nos ofrece y en donde se detalla una sólida y argumentada propuesta para una profunda transformación del sector público español, a partir de las buenas prácticas de la gestión pública (a través, en muchos casos del «estudio del caso», una práctica muy anglosajona que se hace presente en todos y cada uno de sus capítulos) que se han revelado con éxito en otras latitudes y en nuestro país.

El autor une a su sólida formación académica y alta capacitación (licenciado en CUNEF, MBA por IESE, máster en Public Administration por la prestigiosa Harvard Kennedy School o doctor por la Universidad Rey Juan Carlos) una amplia experiencia atesorada en los sectores público y privado, primero como director de programas de la prestigiosa Escuela de Negocios IESE, situándose al frente de su Instituto para el Liderazgo Público y Gobierno; más tarde, en su calidad de máximo responsable de Políticas Sociales en el Gabinete de Presidencia del Gobierno; y, por último, en la actualidad, como socio de Parangon Partners, consultora especializada en el asesoramiento de alta dirección, consejos de administración o «recruitment» de directivos.

En este sentido, España S.L. ofrece algunas claves de cómo trasvasar el talento y técnicas del management empresarial a la gestión pública, pero también de qué forma el sector privado puede también aprovecharse de un liderazgo forjado a menudo en la adversidad, la gestión de la crisis, la resiliencia, la transparencia y el permanente escrutinio público. No en vano, identifica la figura del directivo público (al que dedica el primero de sus capítulos, «El equipo directivo de España S.L.») como el principal agente de la modernización nacional requerida, asignándole unos perfiles y rasgos identitarios propios y diferenciados de los ejecutivos de las principales compañías del índice bursátil español, el IBEX 35.

En el segundo de sus capítulos («La sede de España S.L.: la Administración pública») el autor pone en evidencia cómo, a pesar de la crisis y de los complejos tiempos que corren, el papel del Estado es determinante y se le exige un mayor protagonismo para las dificultades crecientes. El panorama que dibuja, a partir de un debate muy norteamericano (¿cuál debe ser el tamaño del Estado?), sitúa a España en el justo medio, tanto en términos del empleo público (18%), a pesar de la política de ajustes que ha reducido más de medio millón de empleos en lo que va de legislatura, como si tenemos en cuenta el nivel de gasto financiero sobre el producto interior bruto (PIB), y donde «España se sitúa entre los diez países de la uecon menor gasto público en porcentaje de PIB (43,4%), frente a un 49,9% de media de la eurozona y a bastante distancia de los niveles de las grandes economías, como Francia (56%), Alemania (45%), Reino Unido (48,5%) o Italia (50,7%)». El capítulo concluye con la apelación a una necesidad, la reforma siempre in fieri de nuestro segmento directivo profesional, a partir del análisis realizado por la ocdesobre las reformas operadas en más de doce países sobre dicho ámbito, destacando las distintas velocidades impresas sobre las mismas.

Entre las medidas de mayor trascendencia para la reorganización del sector público español dentro de las políticas de reforma estructural, destaca el Plan de Reestructuración y Racionalización del Sector Público Empresarial y Fundacional Estatal, aprobado en marzo de 2012. Fruto del análisis que este supuso, meses más tarde, se creará la Comisión para la Reforma de las Administraciones Públicas (más conocida por su acrónimo CORA), llamada a pilotar los cambios más trascendentales de ese cometido, que consigna el grueso del tercero de sus capítulos («El plan estratégico de España S.L.»), y que ha venido precedido o simultaneado con otras importantes reformas, como la aprobación de la Ley Orgánica de Estabilidad Presupuestaria y Sostenibilidad Financiera, que introduce una regla de gasto común a todas las Administraciones; la Ley de Racionalización y Sostenibilidad de la Administración Local, consecuencia de aquella a partir del lema «una administración, una competencia»; o la más reciente Ley de Transparencia, Acceso a la Información y Buen Gobierno, que introduce por primera vez en nuestro país la cultura del «gobierno abierto» a pesar de las dificultades que están revelándose en su aplicación práctica.

El núcleo de su contenido se centrará, no obstante, en los principales resultados de los que ha sido su tesis doctoral (dirigida por el director del inapy catedrático de la Universidad Rey Juan Carlos, Manuel Arenilla, y cuyas conclusiones anticipa la presente monografía), tales como: la evaluación del desempeño, movilidad interna, plan de carrera (analizados en el capítulo 4: «La plantilla de España S.L.») o formación continuada (analizado detalladamente en el capítulo 9: «Los modelos de formación para el directivo público»). Sin descartar tampoco una investigación (destilada en el capítulo 5: «Las funciones del directivo público») que ha convergido con la primera, a partir de una encuesta sobre más de 400 directivos públicos (los mismos que han pasado por los programas de gestión pública que Antonio Núñez dirigía en la prestigiosa Escuela de Negocios IESE), y en la que se detallan las principales funciones que los directivos públicos están llamados hoy a desempeñar, como spin doctors, mediadores o negociadores, emprendedores, planificadores estratégicos, evaluadores de políticas públicas o como headhunters.

La síntesis de la investigación del profesor Núñez llega en la parte final de su obra, en la creciente y cambiante interacción entre lo público y lo privado, a pesar de sus diferencias (capítulo 6); e incluso, las técnicas invasivas que han llevado al management (a la que en Ciencias Políticas llamamos «Nueva Gestión Pública», como paradigma de estudio) a hacerse imprescindible en una nueva realidad que exige una agenda compartida y colaborativa para los sectores público y privado (capítulo 7).

Por último, y a pesar de las recientes reformas institucionales (véase el proyecto de ley reguladora del ejercicio del alto cargo de la age, que actualmente está en discusión) y las demagógicas proclamas dirigidas a impedir o dificultar las llamadas «puertas giratorias» entre la política y la empresa, al sector privado le puede ser muy útil la capacitación singular del directivo público, como bien detalla el autor en el último de sus capítulos («El decálogo de la gestión por pasión: ¿Qué puede aprender un directivo privado del directivo público?»). Es esta una tarea urgente que debe definirse con prontitud (incluso con luz y taquígrafos) pero nunca a costa de soluciones maximalistas que impidan que los mejores profesionales vayan a la política y viceversa, que las mentes más preclaras de lo público puedan finalizar su trayectoria profesional al frente de las grandes corporaciones del país, realizándose también (¿por qué no?) en lo privado.

Cada uno de los capítulos tiene una historia de vida, de éxito de trayectoria que el autor acomoda como un guante a alguno de sus capítulos. Este aspecto cualitativo enriquece la monografía con alguna de las mentes más lúcidas del ámbito empresarial (Marcelino Oreja Arburúa, consejero delegado de Enagás), institucional (Jaime Pérez Renovales, subsecretario de la Presidencia del Gobierno y presidente de la cora, o Santiago Menéndez, director general de la Agencia Tributaria) o profesional (el exministro Jordi Sevilla, senior counsellor de la consultora Pwc, o José Ramón Pin Arboledas, titular de la Cátedra José Felipe Bertrán de Gobierno y Liderazgo en la Administración del IESE).

Esta es una lectura imprescindible para quienes bien por trayectoria bien por profesión estamos interesados por la gestión pública. Son muchos sus retos. Un sector público y privado que se entiendan y colaboren para abordar retos comunes. El aprovechamiento de los mejores talentos allí en donde se encuentren. Las reformas necesarias para devolver a nuestro país a la senda de la recuperación y la competitividad. Pero no debemos olvidar que nada hay que más influya en el presente y futuro de una nación que la salud de sus Administraciones y de qué modo la gestionan sus políticos y directivos. Algunas de las claves han sido apuntadas por Antonio Núñez en este libro, pero ahora hace falta que también entren dentro del ciclo de las políticas públicas de nuestros gobernantes para poder revertir una situación que, por momentos, se nos antoja insoportable.

Mariano Vivancos


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