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ade_img1.jpgEl papel que ha desempeñado España en la historia de Europa y, a su vez, Castilla dentro de España, ha suscitado numerosas y encendidas polémicas en las que han tomado parten o sólo historiadores y cronistas sino también intelectuales, filósofos y escritores, sin que falten, cómo no, pensadores políticos. La cuestión permanece viva y no sólo en el ámbito doctrinal o teórico, sino que también están presentes en ciertos planteamientos de sectores nacionalistas, dispuestos a interpretar el pasado en función de sus aspiraciones presentes y futuras.


El análisis mesurado y sereno de la realidad histórica, es, tal vez, la mejor forma de acercarse al descubrimiento de la verdad. Este ha sido el criterio seguido por los coordinadores del presente volumen, Antonio Morales Moya y Mariano Esteban Vega, catedráticos en las universidades Carlos III, de Madrid, y de Salamanca, al reunir diversos estudios elaborados por un grupo de historiadores españoles y franceses.


Aunque, dadas las dificultades de espacio, resulta difícil examinar como merecen, uno a uno, los distintos trabajos de investigación incluidos en la obra, sí es posible ofrecer una visión del conjunto de las valiosas y bien orientadas aportaciones facilitadas por los diferentes autores. Predominan los ensayos de dicados a la controversia inacabada sobre la significación de Castilla dentro de la historia general de España.


Nos encontramos, según los expertos, ante una cuestión que ha recibido un tratamiento diferente, en función de la procedencia de los historiadores, o de la época en que escribieron. Precisión importante, al tener en cuenta que la Castilla de Fernando III el Santo y Alfonso X, no es la misma de Isabel I de Castilla, de Felipe II o de Isabel II. Otro factor a considerar, antes de ensalzar o denigrar el papel de Castilla entre los de más reinos, regiones o comarcas, sería observar su origen y expansión, circunstancias condicionadas también y, en gran medida, por la posición geográfica, central, que ocupa dentro de la Península Ibérica. Sin embargo, el concepto de España ha sido siempre mucho más amplio y complejo y, desde luego diferent e, al de Castilla. Las pretendidas ansias de dominio absolutista y centralismo que se le atribuyen, quedan desmentidas por la realidad: España es uno de los países europeos que con mayor vigor y riqueza mantiene vivas sus diferentes lenguas y culturas locales, variedad en la que reside, precisamente, uno de sus más destacados rasgos nacionales.


Queda claro, además, que los esfuerzos de austrias y borbones en mantener el control de la administración sobre sus territorios, no deberían atribuirse tanto a la «soberbia invasora castellana» como al ejercicio de medidas administrativas consideradas, con razón o sin ella, necesarias para el buen gobierno de la monarquía.


Los elementos definidores de la visión negativa de España y de Castilla como origen de crueldad, intolerancia y despotismo, encuentran adecuado tratamiento en el artículo del hispanista francés Jean-René Aymes. Quedan al descubierto los exageraciones de los forjadores, dentro y fuera de España, de la Leyenda Negra. Triste literatura, teñida de mitos y prejuicios que, basados en los abusos de la Inquisición y en ciertos momentos del reinado de Felipe II, atribuyen a todo un pueblo vicios connaturales que los alejan de las honestas virtudes, consideradas por los críticos propias de las naciones europeas más civilizadas. Es de agradecer que la cordura y el rigor prevalezcan, en este caso, a la hora de enjuiciar una historia común en la que errores, vicios, virtudes, desmanes y actos heroicos se reparten con generosa equidad entre las distintas regiones de la vieja Europa.


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