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diamante_img_0.jpgUn viejo diario, un álbum de fotos, un portafolio lleno de documentos, legajos olvidados en una biblioteca… Tras ellos van los biógrafos con el objetivo de escribir la vida de un hombre o una mujer cuyas acciones han trascendido y pasado a la historia. Resaltar aquello que lo distingue de la mayoría, o lo acerca; descubrir el detalle que reafirma o niega su imagen impulsa la tarea de quienes aspiran revelar facetas ignoradas o reafirmar con nuevos datos lo ya conocido sobre el personaje. Es esta su meta, atractiva y utópica a la vez.

Los estudiosos de las obras literarias no escapan a esta fascinación por conocer al ser de carne y hueso. A la lectura profunda de un poema, novela o drama se suma la curiosidad por conocer el germen de la creación, aquello que impulsa a un escritor a escoger determinados tópicos y cómo estos obedecen a su manera de sentir y percibir, de estar en el mundo. Tal propósito conduce a los críticos a convertirse en «escarbadores de vidas» y recorrer las huellas de ese ser particular y sus circunstancias.

La inclinación por una época y un género, el teatro áureo, y la figura de un dramaturgo menor, Juan Bautista Diamante (1659-1687), llevan a Rubio San Román y Martínez Carro a internarse por el laberinto de legajos en el Archivo de Protocolos de Madrid, el Archivo Histórico Nacional y las parroquias de San Ginés y San Sebastián de Madrid. Búsqueda y hallazgo de manuscritos sustenta el contenido del volumen, afán de ubicar al personaje en el contexto histórico y familiar de aquella España del siglo XVII, de enriquecer los expedientes ya conocidos sobre los que se apoyan investigaciones previas dedicadas a explorar la vida del poeta; de ratificar datos y desmentir otros.

Los autores aspiraron, como bien señalan en la introducción, a enriquecer la biografía de este dramaturgo de prolífica obra, y matizar las afirmaciones que se han difundido sobre su vida de manera arbitraria; subsanar los equívocos y ofrecer conclusiones más mesuradas sobre ella. El empeño se cumple en el sobrio trabajo de 186 páginas.

Dos grandes bloques conforman el libro impreso. Una primera parte, Estudio, reúne en veinte entradas los hallazgos en torno a la biografía de Juan Bautista Diamante, cuyos títulos orientan al lector acerca de su contenido: los orígenes familiares del poeta, los negocios de la familia, las acusaciones de judaísmo, el ascenso social, los círculos literarios a los que accede Diamante, su éxito como dramaturgo, su ordenación como presbítero.

La segunda parte la integran un conjunto de anexos donde los autores explican los criterios que han orientado la edición, la abreviaturas, los índices onomástico y de notas léxicas, así como la bibliografía de consulta que ha servido de marco de referencia a la investigación, base del diálogo para presentar los propios hallazgos.

Se suma a estas dos partes una tercera, recogida en formato de CD, que contiene la transcripción de ochenta y cinco documentos, de diverso género: partidas de bautismo de Juan Bautista Diamante y de otros miembros de su familia, partidas de matrimonio de sus padres y hermanos, poderes, testamentos, partidas de defunción; corpus que sostiene el trabajo y testifica la ardua y minuciosa tarea de búsqueda, y que representa uno de los valores de esta edición. Otros son también los méritos.

Los especialistas reconocerán el esfuerzo realizado de compilar los documentos dispersos relacionados de manera directa o indirecta con Diamante y su familia, así como la transcripción de los mismos, en la que han buscado mantener la fidelidad a los manuscritos originales y el respeto a las formas lingüísticas de la época. Labor encomiable que testificamos cuando, habiendo concluido la lectura del libro y contagiados por la curiosidad de leer viejos legajos —modernizados sus textos siguiendo las actuales reglas de la RAE—, exploramos algunos de los documentos, entre ellos el número 73 (Petición de admisión de Pablo Diamante e Isabel Morales como Familiares de la Inquisición), y comprobamos la extensión de este solo archivo que reúne una serie de escritos diversos recogidos por los fiscales inquisidores, la riqueza de datos que iluminan los hasta ahora claroscuros en la vida del dramaturgo y ratifican, como acabamos de expresar, el tesón y meritorio quehacer de los biógrafos. Igualmente significativo es el diálogo continuo con los trabajos que anteceden al presente —los de Cotarelo y Mori, La Barrera, Pringle, entre otros— y que sirve de telón de fondo sobre el que medir el alcance de los datos inéditos aportados por la presente investigación.

Los menos expertos en el teatro del Siglo de Oro y de sus poetas menores, pero interesados en esta etapa de esplendor literario, agradecerán que, detrás de la sobriedad expositiva, los autores logran recrear con precisión el escenario social y familiar sobre el que se erige la vida de Juan Bautista Diamante; una radiografía individual, familiar y colectiva que nos hace comprender mejor la relación entre el poeta y su obra.

Mireya Fernández Merino


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