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El congreso «El humor y la literatura» se celebró recientemente en la Fundación Caballero Bonald en Jerez de la Frontera. Y participaron numerosos escritores de prestigio como los poetas Felipe Benítez Reyes, Benjamín Prado y Juan Bonilla, los novelistas Eduardo Mendicutti, Elvira Lindo, Rafael Reig y Antonio Orejudo, los periodistas Antonio Lucas o Juan José Téllez y o los profesores Ana María Freire o Javier Huerta Calvo, entre otros.

Las relaciones entre el humor y la literatura son un clásico, y en Nueva Revista ya hemos hablado de ellas. En este congreso, se profundizó aún más, con destacadas aportaciones de los ponentes. Aunque, naturalmente, el congreso estuvo repleto de anécdotas divertidas y los asistentes nos reímos como corresponde. De muestra, un botón. Benjamín Prado contó que un anciano Antonio Buero Vallejo fue a un entierro acompañado de Antonio Gala. A la salida, el cordobés le preguntó: «Y a estas alturas, Buero, ¿te compensa volver a casa?» Gala contaba que Buero Vallejo lo miró secamente sin un rictus ni un comentario. Benjamín Prado tuvo ocasión de preguntarle mucho después que le pareció la broma y Buero contestó: «Me sentó mal, muy mal y, sobre todo, lo que peor me sentó fue que no se me hubiese ocurrido a mí». Escritores: genio y figura, hasta, ejem, la sepultura.

Sin embargo, el interés del congreso fue más sistemático y triple. Hubo una dimensión filosófica, que aparecía como un estribillo en unas conferencias y otras y que se preguntaba qué es el humor. Desde una óptica más literaria, surgió la pregunta acerca del papel que el humor juega en la literatura. Y por último, la dimensión política se trenzó con las dos anteriores y aparecía y reaparecía periódicamente en unas intervenciones y otras la preocupación por la persistente censura y el cerco que lo políticamente correcto está estrechando sobre el humor también en la literatura.

TERCIO FILOSOFICO: ¿QUÉ ES EL HUMOR? 

Oportunamente, en la conferencia inaugural, Elvira Lindo consideró el humor un destino: «Vives prisionera de tu simpatía, yo daba lástima de lo alegre que era». Se describió como una escritora que tiene sin remedio «la inocencia como característica, aunque la ironía como oficio». Benjamín Prado también se remitió a los orígenes, aunque de vuelta: «El humor es aquello que nos mantiene en la infancia».

Para Antonio Orejudo, «intentar definir el humor es una de las definiciones del humor». Lo considera «una emoción, como el miedo», donde define más la comparación que la definición, si se piensa. Añadió que el humor es uno de los signos de la inteligencia del escritor, junto con la claridad expositiva y la bondad.

La superioridad para Hegel estriba en el orgullo de saber que hemos sido capaces de captar la broma

Con todo, Orejudo se atrevió a la más sistemática teorización del humor del congreso. Tenía en quien inspirarse, porque apenas ha habido gran filósofo que se haya resistido a escribir en serio sobre asunto. Para el escritor todas las tesis pueden agruparse en tres teorías principales:

1) Teoría de la superioridad, defendida por Platón en el Filebo o por Aristóteles cuando anota en su Poética que en la comedia los personajes salen peor de lo que son. La superioridad para Hegel estriba en el orgullo de saber que hemos sido capaces de captar la broma. Hobbes, Bergson, Baudelaire…, también se muestran partidarios de esta teoría. Incluso cuando nos reímos de nosotros mismos, apuntó un atento Orejudo, estamos desdoblándonos y viendo con superioridad al tonto que a menudo somos.

2) Teoría de la liberación. Es la más freudiana. El humor es la válvula de escape como de una olla a presión, que resopla o silba, por el tabú del que nos deshacemos. Se ve muy claro en el humor negro, en el verde y en el marrón, pero no explica otros tipos de humor.

3) Teoría de la desobediencia o de la incongruencia, que explica mucho mejor los juegos de palabras, las situaciones absurdas y la ironía o la paradoja en cuanto todos nos sitúan ante lo inesperado. Lo interesante de esta teoría —que según el novelista cubre un campo mucho mayor de sentidos del humor— es que subraya el carácter combativo, tanto de ataque como de defensa del humor frente a todo lo establecido e impuesto.

TERCIO LITERARIO: ¿POR QUÉ EL HUMOR? 

La constante presencia del humor en la tradición literaria española nos lleva a preguntarnos, además y en base de lo que sea en sí mismo, qué función cumple en el arte. Para Felipe Benítez Reyes actúa como «el conservante de la literatura». Juan Bonilla lo ve ejemplificado en las vanguardias, de las que lo que mejor ha resistido ha sido, con diferencia, su lado humorístico. Para Eduardo Mendicutti el humor es una actitud vital, una forma de estar en el mundo, por encima de teorías tan distintas y tan interesantes todas.

Rafael Reig parte del hecho de que en el arte hay una circulación con la vida, una espiral ascendente. Lo explicó confesando que le gustan mucho las películas basadas en hechos reales, pero todavía más los hechos reales basados en películas o en novelas o en obras de ficción. Le interesa el mecanismo por el que la creación influye en la vida cotidiana. El Quijote que imita a Amadís sería el ejemplo culmen. Reig sostiene que el humor facilita esa circulación.

Entre otras cosas, porque nos concede la visión estereoscópica que permite ver con tres dimensiones. En el mundo físico esa visión surge de tener nuestros dos ojos dispuestos en paralelo; en la literatura depende de la visión que otorgan a la vez la compasión y el humor. Sólo con ellas dos captamos nosotros la hondura de todo.

Rafael Reig destacó la función defensiva que ejerce el humor, que desarma el insulto y la indiferencia. En esa misma línea, Orejudo comentó que el humor había sido su oportunidad para ligar de joven y es la explicación de la adolescente sarcástica que fue Elvira Lindo. Eduardo Mendicutti se sumó al concepto: el humor es una forma de defensa, un manual de resistencia, un modo de ajustar cuentas e, incluso, un paradójico velo de pudor. Por eso mostró su preocupación de que, incluso obras que escribió hace no tanto tiempo, ya no podrían escribirse hoy o con demasiados problemas y presiones añadidas.

TERCIO POLITICO: ¿CÓMO EL HUMOR? 

Si un tema pesó en el ambiente festivo del congreso, fue la del humor amenazado por los vientos de lo políticamente correcto y la facilidad de todos los colectivos por sentirse ofendidos.

Javier Huerta lanzó la alarma al comparar la paradójica libertad que tenía el humor en el Siglo de Oro con lo constreñido que está en nuestro mundo 

El profesor Javier Huerta Calvo lanzó la alarma al comparar la paradójica libertad que tenía el humor en el rígido Siglo de Oro con lo constreñido que está en nuestro mundo líquido, fluido y tan satisfecho de tanta libertad. Notó que «la única religión de la que nos podemos burlar ahora es la católica». Confesó cierta nostalgia del siglo de Oro, aunque se corriese el riesgo de ir a la cárcel, porque ahora se están perdiendo parcelas enormes de libertad. El teatro actual tiene «obras profundamente aburridas. La gente no se sale porque es muy educada». A la vez, «cada vez es más difícil explicar literatura clásica».

El índice de los libros prohibidos fue invención de la Iglesia, pero hay muchos temas que en el Siglo de Oro «se hablaban con más libertad que nosotros». Puso inquietantes ejemplos como la dificultad de estrenar sin censura clásicos Fuenteovejuna o Tres sombreros de copa. Alabó, no obstante, la libertad creadora de Albert Boadella, entre los mayores, y de Álvaro Tato, entre los jóvenes.

Ya Elvira Lindo, que había abierto el congreso, abrió este tema, que terminó funcionando como el hilo rojo que cosía casi todas las intervenciones. Manolito Gafotas es un pícaro sin hambre, pero ni con la cobertura de esa tradición parece suficientemente correcto ni en España ni, mucho menos, en el extranjero. Desgranó hilarantes (y preocupantes) anécdotas de reservas, prohibiciones y sugerencias de correcciones a lo largo y ancho del mundo. En Francia les inquietó que Manolito duerma con su abuelo; en los países nórdicos, el maltrato físico de la madre; en Irán, que Orejones salga del armario; en USA, que Manolito esté contento con su mote o que le dé galletas Oreo a su perro, lo que les parece maltrato animal… Denunció Lindo, en suma, «el fanatismo y la cerrazón que puede dominar a los supuestos defensores de la infancia»

Ofreció un detalle muy significativo, además. ¿Por qué es un niño y no una niña, a pesar de los grandes retazos autobiográficos que la escritora ha volcado en su personaje? Elvira Lindo vio que a una niña no podría tratarla con tanta crudeza y tan poca «moraleja pedagógica» como se permitido tratar a su Manolito.

Antonio Orejudo arrancó su conferencia diciendo que el humor es un poco como el sexo, que todo el mundo presume de él, pero contra el que sigue existiendo «un prejuicio sordo». A todos nos gusta en la vitrina, pero, en cuanto se va acercando a los asuntos sagrados o delicados, nos inquieta. En estos tiempos puritanos, diagnostica, se está dando un paso más y nos deslizamos de la ofensa a la denuncia del humor, incluso por la vía penal. Esa denuncia olvida que «la mayor pena que existe para un chiste malo es que no haga gracia».

Mendicutti explica que «España es un país muy dotado para el humor, pero poco dotado para que se rían de nadie». Juan Bonilla expuso que el humor necesita de un contexto como del comer y que, si éste no respeta el humor, el humor no funciona. Por eso, la presión social de estos tiempos es tan peligrosa. El problema más grave, sin embargo, radica en que la estrechez mediática se transforma en autocensura, mucho más difícil de burlar en cuanto que el burlador tiene que burlarse a sí mismo. Mendicutti admitió que, hoy por hoy, no podría escribir sus famosos artículos de La Susi.

La contestación es el coraje. Pero un valor cívico y literario que, en vez de apretar las mandíbulas, las suelte en una sonora carcajada. La risa es el acto de rebeldía más insolente de nuestra época. El congreso dejó claro que el humor no es un tema menor, sino la última trinchera de la libertad de expresión. Un tema, por tanto, que concierne especialmente a la literatura actual.


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Enrique García-Máiquez (Murcia, 1969). Estudió Derecho en la Universidad Navarra y lo enseña en un instituto de secundaria de Puerto Real. Ha publicado cuatro libros de poesía, el último es “Con el tiempo” (2010), tres dietarios (el más reciente, “Un largo etcétera”, 2017), dos colecciones de sus columnas periodísticas (la última, “Un paso atrás”, 2012), un libro de aforismos, “Palomas y serpientes” (2016) y un brevísimo cuadernillo de haikus, “Alguien distinto” (2005). Tiene en prensa “El burro flautista”, nueva colección de columnas periodísticas. Ha traducido a Mario Quintana, a G. K. Chesterton, en prosa y en verso, y el “Tomás Moro”, de William Shakespeare, nada menos, y de otros. Codirigió la revista literaria “Nadie parecía” y escribe crítica de poesía en diversas revistas especializadas. Mantiene el blog “Rayos y truenos”.