miércoles - 20 febrero - 2019

Entrevistas

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Josep María Coll sobre gestionar, producir y consumir de otra manera: el modelo oriental del Zen Business

Josep María Coll, profesor de EADA Business School, un especialista del Zen Business, explica a Nueva Revista este modelo económico.

Pere Gimferrer: “El escritor español ha sido casi del todo monolingüe”

Larga –y honda- conversación con uno de nuestros poetas más reconocidos, tanto en catalán como en castellano.

Conversación con Tom Burns Marañón

Miguel Ángel Gozalo conversa con el periodista y ensayista Tom Burns Marañón, quien desde su punto de vista, lleno de intuición y conocimiento, nos habla Winston Churchill en el cincuentenario de su muerte.

La obediencia en Psicología: una conversación con el profesor Fernández

El estudio de Milgram sobre la obediencia a la autoridad junto con el de Zimbardo sobre violencia y agresividad continúan al frente de los de mayor repercusión en Psicología.

Enrique García-Máiquez: “Voy de ida siempre, aunque sea de regreso”

Una charla en profundidad con un poeta –y aforista, y crítico, y dietarista…- singularmente celebrado, Enrique García-Máiquez

Entrevista a Eduardo Torres-Dulce. La nobleza del Estado

Miguel Ángel Gonzalo conversa con Eduardo Torres-Dulce, antiguo Fiscal General del Estado, sobre el estado de la Justicia, sobre su pasión: el cine, sobre la historia y la literatura.

Sergio Vila-Sanjuán: “En la novela, el empresario suele ser una caricatura”

  De formación historiador y de profesión periodista cultural, Sergio Vila-Sanjuán dirige actualmente Culturas, el suplemento cultural de La Vanguardia. En el 2013, ganó el Premio Nadal con Estaba en el aire, su segunda novela tras Una heredera de Barcelona. Es autor de distintos ensayos en torno al mundo editorial y literario: Pasando página. Autores y editores en la España democrática, Crónicas culturales o Código Best-Seller. Ahora vuelve a la ficción con El informe Casabona (Destino) una novela en la que la muerte inesperada de Alejandro Casabona, un reconocido empresario y mecenas, sirve a Vila-Sanjuán para retratar el empresariado catalán y para introducir al joven periodista Víctor Balmoral, encargado de reconstruir la trayectoria vital de Casabona y figura central de una novela que espera ser la primera obra de una serie de investigaciones biográficas noveladas. El Informe Casabona comienza con la muerte del empresario y mecenas Alejandro Casabona, pero no se relata el motivo de la misteriosa muerte, sino que se hace una reconstrucción biográfica del personaje. ¿Un intento de huir de los clichés de la novela negra o es que lo que menos le importaban son las razones del fallecimiento? Mi idea inicial era hacer una novela policiaca clásica con un personaje investigador que fuera un periodista, pero, una vez metido en harina, vi que había elementos de la estructura de la novela negra clásica que a mí no me funcionaban para lo que yo iba a escribir. Si bien es un género que a mí me gusta mucho -de hecho, creé el Festival Barcelona Negro- me di cuenta que tenía que buscar otra estructura. Hay gente que está dotada para el género negro, y no es mi caso; al ponerme a escribir vi de inmediato que el género negro no era mi camino y me dirigí hacia otro modelo narrativo, que encontré a partir de la película de Orson Welles Mr. Arkadin. Salvando las distancias, Welles utilizaba esquemas propios del género negro que luego adaptaba a su manera para poder explicar una investigación sobre personajes complejos y con claroscuros. El esquema de la novela negra le servía a Welles para dar dinamismo a una investigación biográfica Una investigación biográfica poco o nada tiene que ver con una investigación policial. Mientras la novela negra se plantea quién ha hecho qué y si a este quién hay que aplicarle el Código Penal, la investigación biográfica intenta acumular la máxima información posible sobre un personaje para poder explicar su verdad vital. Esto es lo que a mí me interesaba y aquello que me decidió hacer una novela en torno a una investigación biográfica para descubrir quién era un determinado personaje, Alejandro Casabona, que yo convierto en un arquetipo de toda una generación de empresarios españoles. Alejandro Casabona refleja un modelo de empresario reconocible: alguien que se enriqueció con el boom económico de los años sesenta, un monárquico que en su momento entró en política, un mecenas y alguien que termina sus días con problemas fiscales. En literatura, el personaje del capitán de empresa y del empresario suele...

Alfredo Taján: “El poema es una suerte de oración”

Empecemos por lo importante: la poesía. Acabo de leer –de releer- su antología, Nueva usura, editada en la célebre “colección de las rayitas” de Renacimiento. Y aunque no ha sido usted pródigo en publicaciones, su voz llama la atención por su registro culto, resonante de referencias y obsesiones, tan capaz de melancolía como de –si me lo permite- pícaro juego, y todavía con unas gotas de licor decadentista… De algo de ello ha hablado, por ejemplo, Luis Alberto de Cuenca. Sí, soy un poeta, si se quiere, más oculto que culto, precisamente porque tengo un gran respeto por el que considero el más difícil, al menos para mí, de los géneros literarios; desde mi punto de vista, la poesía hunde sus raíces en la filosofía, en la religión; por ese motivo, concibo el poema como una suerte de oración, la palabra poética debe brillar, refulgir, es incontestable, verdadera. Quizá sea el vértigo anunciado por Mallarmé en aquel verso que ya se ha convertido en consigna, “un golpe de dados no abolirá el azar” o, en otro ejemplo, El emperador de los helados, de Wallace Stevens: a mi entender, ambos representan fragmentos de la más alta creación poética, el máximo logro de la selección y de la pulcritud, la esencia, el numen... Después, a mi aventura lírica deben añadirse otras muchas lecciones: Lezama, Borges, Sarduy, Cernuda, cuyas poéticas me han invitado a realizar viajes, digamos, al más allá de la forma viva, pulida, exacta. La antología que usted cita, Nueva usura, sin embargo, parte de un comprometido, y controvertido, homenaje a Ezra Pound, en el momento en que fue aplastado por la ideología; Pound es otro de mis autores predilectos. Luis Alberto de Cuenca, uno de los poetas más eruditos de este planeta, exageró bastante sobre mis trabajos poéticos en el prólogo de esta antología, y es que nos une una gran amistad... Decía Borges que en Argentina no habían desembarcado argentinos, sino españoles, italianos, alemanes, etcétera. Usted parece llevar algo de ese cosmopolitismo inscrito en su vida –y, de hecho, se nota en toda su literatura. Le agradecería que nos contara de él, ante todo en lo que pudiera favorecer a su formación como escritor. Indudablemente los avatares de la vida personal tienen una presencia constante, más que constante, asfixiante, en mi producción literaria; por supuesto que hay páginas taimadas, pero las hay calcadas de la realidad. Y no puede ser de otro modo. Ese verso de Borges sobre Argentina: "no nos une el amor sino el espanto/será por eso que la quiero tanto", parece dedicado a aquellos que nos consideramos, y somos considerados, "objetos nacionales no identificados", es decir, escritores españoles en Argentina y argentinos en España. Esa deriva transatlántica se inscribe, efectivamente, como muy bien apunta usted, Peyró, a mi biografía, luego trasladada al papel como ficción; esa memoria activa está y estará siempre presente; se trata de una evocación extraña, una suerte de collage tamizado por las brumas de una nueva existencia en otro lugar que no ha sido...

Entrevista a Eloy Sánchez Rosillo

Larga y honda conversación con el reconocido poeta murciano Eloy Sánchez Rosillo, autor de unos versos afincados en el misterio, el asombro, la contemplación y finalmente la celebración y el agradecimiento

Reina Roffé: “La lección de Rulfo es decir mucho en pocas palabras”

Una conversación en profundidad en el aniversario de Juan Rulfo con una de las mayores conocedoras de su obra, Reina Roffé, que acaba de publicar en Fórcola la Biografía no autorizada del magistral escritor mexicano.

Armando Pego: “La defensa de la conciencia, al modo de John Henry Newman, es decisiva en el momento actual”

Profesor de filosofía y literatura en la Universitat Ramon Llull, “reaccionario a su pesar” como se define en el primer tomo de su Trilogía güelfa (Editorial Vitela), lector matizado y culto, de voz inconfundible, Armando Pego Puigbó ha trazado en estos últimos años, primero desde su blog, Donna mi prega, y, ya en papel, en su Trilogía güelfa –XXI güelfos, Teología güelfa, Memorias de un güelfo desterrado, ed. Vitela-, las líneas maestras de un territorio que se quiere voluntariamente antiguo, no en lo que tiene de baldío ni yermo, sino como humus de futuro. Nueva Revista dialoga con el autor en esta extensa entrevista.En las memorias del insigne historiador John Lukacs leemos que él se considera un reaccionario y no un conservador; del mismo modo, afirma que Chamberlain era conservador, pero Churchill sólo podía ser reaccionario. En XXI Güelfos, usted se declara reaccionario a su pesar. En una época como la nuestra caracterizada por el olvido de la tradición, cabe plantear una crítica al uso: ¿cuánto hay de idealización en la lectura del pasado que plantea el pensamiento reaccionario? Su pregunta se dirige al corazón mismo de la búsqueda que he emprendido con mi Trilogía güelfa. Como usted indica, me defino como reaccionario a mi pesar. Es adecuado distinguir un reaccionario de un conservador, pero también es preciso marcar las distancias entre un reaccionario y un tradicionalista. Quizás la línea de separación sea muy sutil “a mi pesar”. Dicho de otro modo: todo tradicionalista es reaccionario, pero no todo reaccionario es necesariamente tradicionalista. Dado un proceso de aceleración histórica como el que estamos viviendo (en el ámbito de las ciencias, de la medicina, de las nuevas tecnologías…), hacerse la ilusión de que se puede permanecer anclado en un determinado punto para oponerse o enfrentarse al progreso no es sino estar a punto de ser arrastrado por él. Tal vez paradójicamente, mi reaccionarismo se inspira en la interpretación que da Walter Benjamin al Angelus Novus de Klee. Bien quisiera detenerme, despertar a los muertos y recomponer lo despedazado. Pero el huracán del progreso amontona ruina tras ruina hasta el cielo. Ahora bien, con las alas extendidas, la mirada a estas ruinas constituye un testimonio que retiene (incluso en el sentido teológico del “katéjon” de san Pablo) la catástrofe última. Creo que el Apocalipsis consiste en el cierre de la transcendencia, en el triunfo absoluto de la inmanencia que hace ininteligible otra cosa que no sea un presente cuya presencia, al mismo tiempo, siempre echamos en falta. Mi reaccionarismo apela al pasado no para entronizar un cadáver, sino para trazar las líneas de fuga que garanticen, naturalmente, unas libertades básicas que consisten en el ejercicio consciente de las posibilidades que una tradición en crisis, hasta anémica, todavía exige repensar. Soy consciente de que la exasperación nihilista de nuestra época no puede simplemente ser remontada. De negar una negación ya no resulta una afirmación. Negar nuestros orígenes -biológicos, sociales y culturales- pone de manifiesto la presión intolerable que sigue ejerciendo sobre la...

Un homenaje a Carlos Pujol: recordamos su última entrevista

(Nota de la redacción: en el sexto aniversario de la muerte de Carlos Pujol, les ofrecemos la última entrevista que dio en vida. Su conversación con Ignacio Peyró apareció publicada en la Navidad de 2011 en La Gaceta de los Negocios. Junto a la entrevista, también publicamos el perfil con que el entrevistador la acompañó). PERFIL Han pasado ya años desde que Carlos Pujol nos enseñara a leer a Saint-Simon y ahora va publicando novelas, libros de artículos y libros de poemas como el goteo más feliz, en el plinto de los mejores, siempre avalado por la serena autoridad de la buena literatura. En realidad, seguramente casi todo el mundo ha leído a Carlos Pujol: por sus manos de traductor han pasado lo mismo Andrew Marvell que la Dickinson, Samain y Joubert. Si traducir es leer más hondo, he ahí a uno que ha buceado más que nadie por los clásicos, aunque para la gloria mundanal queden ante todo sus muchos años de factótum en la mayor editora del país. En una época de crítica en declive, sus reseñas y sus recopilaciones –de Itinerario francés a El espejo romántico– cumplen con la vieja aspiración de la crítica, a saber: configurar por sí misma un género literario, lo que incluye estar informado, ser leído, tener voluntad ecuánime y –ante todo– escribir bien. Es así como la literatura se hace fiesta. Mientras van y vienen los novelones de templarios y los ídolos del día, su labor narrativa –El lugar del aire, Jardín inglés, Dos historias romanas- tendrá siempre sutileza y ligereza, el ritmo necesario y el humor más cercano. Este humor viene a desmitificar las solemnidades del mundo, y también estará en esas delicias de género mixto que son libros como La casa de los santos o 1900. Todo tiene calidad para durar, porque la buena prosa nunca muere. “Para nombrar el mundo, / que es claro y misterioso como el agua”, Pujol lleva más de dos décadas publicando poemas: poeta tardío, ha tenido la suerte de que su poesía calara poco a poco entre gentes jóvenes. Así ha encontrado su reivindicación al margen de los codazos en pos del Parnaso y el numerus clausus de las antologías. Con cierta actitud moral de discreción en tiempos exhibicionistas, quizá a alguno le pueda parecer que en ciertos poemarios de Pujol –donde habla con la voz de Job o la Sevigné–, el poeta parece jugar al escondite. Pero todo queda sublimado en la calidad de su lírica, “como si se cumpliese una promesa / que al fin nos hace ser tal como somos”. ENTREVISTA: “El humor en la novela es el gran aporte de los españoles” Carlos Pujol, nacido en Barcelona en 1936, es una de nuestras personalidades literarias de mayor relieve. Autor de una obra amplia y sólida que abarca cuarenta títulos de todos géneros, también ha traducido un centenar de las  obras indispensables de la literatura universal: Balzac, Baudelaire, Hemingway, Austen o Shakespeare. Catedrático emérito de literatura románica y profesor durante cuatro décadas en la Universidad de...

“Hollywood sigue siendo una tierra de hombres”

“El cine ha hecho más por la mujer que todas las pancartas del mundo”. Belén Ester reflexiona en “En tierra de hombres” (Encuentro) sobre la mujer en el cine de ayer y de hoy. Entrevista publicada en noviembre de 2015.
Nueva Revista

“La vitalidad de una cultura se cifra en la familia”

Con un lenguaje desinhibido y mordaz, y con no poca inspiración en C. S. Lewis, Alfonso Basallo y Teresa Díez continúan en Manzana para dos (Planeta Testimonio) el éxito de las reflexiones de Pijama para dos en torno a la familia y el matrimonio en la sociedad contemporánea. Seré directo: el matrimonio, ¿está en crisis? La institución del matrimonio no está en crisis, porque es la cuna de la humanidad: al principio era… el matrimonio, Adán y Eva. Mientras haya humanidad habrá matrimonio. Fíjese que ha habido uniones de hombres y mujeres (el matrimonio natural) en todos los momentos de la Historia, en todas las latitudes de la Tierra y en todas las culturas. ¿Por qué? porque el matrimonio está inscrito en nuestros genes, hombres y mujeres hemos sido diseñados para unirnos y vivir juntos y tener hijos.  Los que están en crisis son algunos matrimonios de una parte del mundo: Occidente; y sólo desde hace 50 años aproximadamente. ¿Qué es eso comparado con los milenios que nos preceden? De tanto mirar el móvil hemos perdido perspectiva. Yo diría que esta es una crisis cultural y antropológica muy grave, porque es el mayor ataque que ha recibido la familia, pero no puede durar porque el río termina volviendo siempre a su cauce: es pretender luchar contra la naturaleza. Eso sí dañará a varias generaciones y sembrará Occidente de infelicidad.  Lo que hay es una formidable cruzada contra el matrimonio, impulsada por quienes debían protegerlo: los gobiernos. En Occidente hay una legislación antimatrimonio y antifamilia. Lo cual es suicida porque si te cargas el matrimonio te cargas la civilización. Las leyes divorcistas, por ejemplo, han generado una mentalidad divorcista, que se traduce en pensar que todo matrimonio es rompible mientras no se demuestre lo contrario. Es decir, hay un clima pesimista respecto a la indisolubilidad, de suerte que los jóvenes van a casarse, con ganas de hacerlo bien, sin duda, pero sabiendo que la unión conyugal es rompible y que la suya podrá también romperse. Hace medio siglo a nadie se le pasaba por la imaginación que el matrimonio no fuera para toda la vida. Pero no sólo es rompible el matrimonio sino que los Gobiernos ponen las máximas facilidades para que rompa a la velocidad del rayo y sin posibilidad de recomponerlo. Así, la Ley de Divorcio Exprés de Zapatero, eliminó el trámite previo de las separaciones con lo que ha propiciado más rupturas y más deprisa, la prueba es que los divorcios se han multiplicado en España; o la Ley contra la Violencia de Género impide la reconciliación en caso de conflicto… alguien puede alegar “pero es que la reconciliación en casos de violencia es remota”, y, en efecto, es remota pero no imposible, y el Estado se está encargado de cerrar esa portillo por minúsculo que sea. Se ha llegado a difuminar jurídicamente a la institución familiar. Así, matrimonio ya no es lo que ha sido durante milenios, ahora puede ser la unión de dos hombres y dos mujeres, por ley, fíjese qué arbitrariedad. No podemos acostumbrarnos a...

Julián Marías y el cine. Una conversación con Alfonso Basallo

 Después de 35 años y 1.500 artículos de cine, Julián Marías seguía sin considerarse crítico. El periodista Alfonso Basallo, cinéfilo admirador del filósofo vallisoletano, se adentra en el corazón de Marías para rebatirle su propia convicción, para demostrarle que por mucho que renegara de su condición, era un crítico de cine. Y un filósofo. Y un intelectual. Y un pensador. Una rara avis que no ha dejado herederos… Todo ello lo ha contado en Julián Marías, crítico de cine (Fórcola) del que Basallo habla para Nueva Revista.¿Por qué cree usted que un filósofo de la categoría de Julián Marías decidió dedicar tantos artículos, tiempo y talento al cine, considerada hasta hace muy poquito la menor de todas las artes?Porque era un gran cinéfilo y porque le parecía que en el cine había respuestas a grandes preguntas. Lo impresionante es que él rescataba esas ideas de una manera muy llana e inteligible. Era capaz de hablar de Aristóteles o Kant con un estilo claro y elegante, muy en la estela de Ortega, que estaba obsesionado con que la filosofía fuera accesible a todo el mundo. Así que digamos que llevó la esencia de la filosofía a la butaca del espectador.¿Pero era sobre todo un filósofo o sobre todo un espectador?Las dos cosas (risas). No se puede separar ni elegir. Él decía: “ver es pensar con los ojos”, de nuevo siguiendo a Ortega. No se puede disociar la filosofía de la expectación, de la contemplación, de mirar la realidad del mundo y del hombre. Por eso sus críticas están tan intrincadas con la razón, pero también con la vida. El cine es para él una realidad inventada que tiene que tener sentido, tiene que tener lógica y coherencia, pero una realidad, desde Fort Apache a My fair lady.Pese a que no se sentía crítico de cine hay pocos que le hayan superado en tiempo y artículos.Marías empezó a escribir artículos sobre cine en el año 62 en La Gaceta Ilustrada, y ya entonces le empecé a seguir. Estuvo cerca de veinte años hasta que empezó su larga y rica trayectoria en Blanco y Negro. Sí es verdad que su estilo no se acoge al género de la crítica cinematográfica propiamente dicho, pero me llamó siempre la atención la insistencia con la que renegaba de esa condición, quizá es porque quería mantenerse al margen de la crítica ideológica, tan en boga en los años 60 y 70 cuando los críticos eran de izquierdas o derechas y por tal se les conocía. Su acercamiento al cine era meramente cultural, y por supuesto antropológico y filosófico, pero nunca ideológico o político.Del estilo de Marías sigue asombrando hoy en día su lenguaje claro y meridiano, hablara de cine o de razón pura.Cuando termina la Guerra Civil, Marías, por ser orteguiano, es castigado: le suspenden la tesis y no le dejan enseñar. Se tiene que ir a Estados Unidos a dar clase y se pone a escribir libros porque tiene que comer. Por eso tiene tanto...
Nueva Revista

Luis de León Barga: “La Transición fue admirable porque se sobrepuso al inmovilismo y a la ruptura”

 El periodista Luis de León Barga escribe Los durmientes (Fórcola), una novela que, inscribiéndose en la tradición de la narrativa de espías, retrata –a través del personaje de Jaime Monasterio– la España de los primeros años de la Transición, una España de traiciones ideológicas, de ausencia de lealtades y de reacomodación al nuevo escenario democrático. A través de la mirada de una joven historiadora, contratada para investigar a Monasterio, antiguo espía de la URSS, León Barga se acerca a la Transición, al tiempo que desmitifica los ideales políticos e indaga en las relaciones extra oficiales entre los servicios secretos y la alta diplomacia.Uno de los temas principales de Los durmientes es la falta de lealtad, que se hace particularmente evidente en el campo político en el cambio de “bando” de algunos de los protagonistas de la política de la Transición. ¿esta falta de lealtad puede leerse también como una relativización de las filiaciones ideológicas o de las propias ideologías?En cierto modo sí porque la traición, si nos retrotraemos al arquetipo arcaico, tiene que ver con el concepto del honor, en el sentido de que la persona posee un referente claro que le invita a no quebrantar la palabra dada o el juramento de fidelidad hecho a un vasallaje, creencia o ideología. Cuando esto se ha extinguido, la traición no es vista como tal porque el vínculo se ha disuelto. Ya no hay un arquetipo, solo un individuo y éste se convierte, al ser uno consigo mismo, en el referente de sí mismo, por lo que cabe cambiar de lealtades según las oportunidades del momento, algo que él no ve como traición sino como una readaptación a una nueva situación.Las motivaciones para convertirse en traidor, se lee en la novela, “son el dinero, la ideología, la conciencia, el sexo, el ego y el resentimiento”. Excluyendo la ideología y la conciencia, los otros motivos nada tienen que ver con ideales políticos, que son los que, al final, terminan por ser menos determinantes en las trayectorias de los personajes.Efectivamente, los personajes de la novela son en cierto modo “víctimas” de los hechos históricos que les toca vivir, y en los que se ven obligados a desenvolverse. La figura del traidor y del espía se inscriben en parte, a partir del protagonista, Jaime Monasterio, en la Transición, que usted desmitifica. ¿Debemos hablar de la Transición más que como un proceso admirable como una remodelación de cargos y representantes provenientes, en gran parte, del régimen franquista?Resulta evidente que la correlación de fuerzas fue determinante para el desarrollo de la Transición, y también que los principales actores de la Transición procedían de los sectores más jóvenes del régimen, que eran conscientes de que Franco no era inmortal. Pero no hay que negar que fue un proceso admirable porque se impuso a las fuertes resistencias de los sectores inmovilistas del franquismo y el deseo de ruptura de una mayoría de la oposición antifranquista.En este sentido, ¿la Transición fue, para muchos, una continuidad política solo que bajo un...
Nueva Revista

José Andrés Rojo: “Siempre estamos negociando; nunca somos iguales a nosotros mismos”

 “Es necesario decirle adiós a nuestros muertos –leemos en Camino a Trinidad, el último libro de José Andrés Rojo-. Y consuela saber que algunas cosas pueden seguir vivas”. La buena literatura, por ejemplo, sedimentada en una memoria que se confiesa libre. Ambientada en parte en la Bolivia de Hugo Bánzer, Camino a Trinidad (Pre-Textos) es una excelente novela, sobria y meditativa, que reflexiona sobre el misterioso azar que atraviesa, con sus interrogantes, el sentido de nuestras vidas. Empecemos por la biografía. Usted es nieto del general Rojo, héroe republicano de la Guerra Civil, a quien le ha dedicado una magna biografía. Al terminar la guerra, su abuelo se exilió, si no recuerdo mal, primero a Argentina y después a Bolivia, donde nace usted en 1958. Quería preguntarle en primer lugar por la sombra de su abuelo en la familia. ¿Qué recuerdos guarda de él y de qué modo su personalidad y su ejemplo conformaban un capítulo del “léxico familiar”? No guardo recuerdos del general porque no llegué a conocerlo. Regresó a España -estaba ya enfermo y creía que iba a morirse enseguida-en 1957. Aguantó una larga temporada, hasta 1966, unos cuantos años antes de que mi familia se trasladara a Madrid en 1971. Así que no coincidimos nunca. Pero ha estado siempre presente, de la misma manera (imagino) que en tantas otras familias siguen pesando en los hijos y los nietos los abuelos y, de paso, aquella remota Guerra Civil. Esa antigua herida dura quizá un poco más en los que tuvieron que irse y luego volvieron. Como si no pudieran terminar de quitársela de encima. Yo tenía que haber sido boliviano y terminé siendo español. Al final no eres de ninguna parte. El léxico familiar, en nuestro caso, está por eso lleno de lagunas, no hay continuidad. Hay muchas palabras que vienen de lejos y que ya no sabes qué significan. Me embarqué en escribir sobre mi abuelo porque quería entender qué significaba aquello de que, en la guerra, “había cumplido con su deber”. La honradez de su posición nos ha marcado a todos, pero de manera muy distinta.   En el año 71 usted regresa a España, estudia Sociología y termina, ya en el año 92, trabajando en uno de los periódicos centrales de la democracia española, El País. Su itinerario, siendo singular, es también representativo de una España determinada: la que regresa del exilio y participa vitalmente, tras la muerte de Franco, en la construcción de un país democrático y plenamente europeo. Hoy en día, en cambio, hay una corriente social importante en España que rechaza de plano la Transición y la democracia que surgió del 78, achancándoles todo tipo de déficits democráticos. Me gustaría preguntarle por este periodo y por la evolución que ha vivido el país desde que usted llegó en el 71 hasta nuestros días. ¿Qué lectura hace de este casi medio siglo?Madrid era, cuando llegué en 1971, una ciudad gris e infinitamente triste. Yo venía de un país pequeño y pobre de solemnidad, y...

Francisco Reyero: “Con Trump va a gobernar un aborigen de los años ochenta”

 Francisco Reyero, fascinado por Estados Unidos, su país favorito, ha escrito un libro sobre Donald Trump. Muy necesario porque desmonta el personaje. Lo analiza, radiografía, disecciona. Y para ello ha estado varios meses en Estados Unidos. En Nueva York, en Los Ángeles, en Las Vegas, donde empieza la obra desde el cielo de Nevada. Una labor de narrador entremezclado con el reporterismo. Entrevistas a fondo, olfateando atmósferas y escenarios. “Trump: el león del circo”, editado por El Paseo, está a punto de lanzar su segunda edición. El autor habla con Nueva Revista. Esta es la conversación. Nadie creía que Trump iba a ganar. Bueno, casi nadie…En la primera edición del libro no descartaba que el desastre no se concitara a nuestro alrededor y estimo algunas vías de victoria para Trump. Incluyo al final del libro una previsión con un análisis interesante de ‘Wall Street Journal’ destacando dónde estaban las vías de victoria, el sendero de Florida, el sendero sin Florida, que parecía más complicado… Al final todo eso ha quedado empequeñecido, pero se valoraba. Yo pensé que era una especie de prototipo de lo que va a venir por llegar, resultado de la globalización, en Silicon Valley… Sin embargo, va a gobernar un aborigen de los años 80. Trump es el presidente electo que tiene a Ronald Reagan como modelo.  Bueno, su modelo es Reagan y John Wayne, pero no John Wayne en ‘El hombre tranquilo’, sino como poco en ‘Fort Apache’. . Trump reproduce esos modelos simples, reiterativos, aunque es diferente porque Reagan tenía espacios para redimir a la ciudadanía, como el gran anuncio de campaña de 1984 titulado ‘It’s morning in America’, que habla de cómo todo va mucho mejor. Eso no se da con Trump, que da la parte áspera y la parte más matona. En Reagan siempre había algo de confort. Él hablaba que América era más que un espacio físico, una idea, la del recurrente sueño americano. En el capítulo de Reagan del documental de los años 80 que produce Tom Hanks, aparece Colin Powell . Powell, que no es un hombre dado a la sensiblería, dice: “Al final Ronald Reagan se fue, se despidió de la Casa Blanca, y todo se acabó”.  A Powell se le saltan las lágrimas y dice: “Era magia, pero una magia real”. Reagan, aunque sea simple, ni mucho menos era un intelectual, ofrecía una imagen de solidez personal y de cierta verdad, dentro de la interpretación de la política. Donald Trump es una impugnación permanente de todo, de lo que hace y lo que no hace. ¿Cómo te puedes fiar de alguien así?Recién elegido sorprendió con un discurso moderado. Incluso conciliador.Eso es interesante, porque uno es presidencial o no en función de las circunstancias.  Aunque las exigencias para tener un cargo sean las ideas de honestidad, disciplina, facilitar la convivencia y regenerar el bienestar… Eso no importa para Trump. No creo esa transformación en alguien que ha ganado soliviantando la propia convivencia, la estabilidad. Y ahora sus detractores se encomiendan al...

David Felipe Arranz: “Hay un cine que produce nostalgia de lo complejo”

David Felipe Arranz es licenciado en filología hispánica, en Teoría de la Literatura y en periodismo. Ejerce la docencia en la Universidad Carlos III de Madrid y, a la vez, el periodismo cultural: dirige el programa radiofónico El marcapáginas y colabora con distintos medios escritos. Además de todo esto, David Felipe Arranz ha tenido tiempo de escribir dos ensayos, Arquitecturas de la ficción y Sueños de Tinta y Celuloide, dos textos (ambos publicados por Líneas Paralelas) en los que reúne artículos en los que reflexiona sobre el acto de la lectura y su carácter hermenéutico en la conceptualización de la literatura y de las obras a lo largo del tiempo así como sobre el cine y la relación de este con el texto escrito. Dos libros, uno de artículos ensayísticos sobre literatura y otro de artículos ensayísticos sobre cine, y una afirmación: “la literatura es la hermana mayor del cine”. Sin embargo, leyéndote, uno podría afirmar que esa mayoría de edad de la literatura parece convertirse en un arrinconamiento social en favor del cine, que se impone. - La literatura y el cine, es indiferente el orden en que se mencionen, nos inician en las intimidades de otros horizontes, ampliándolos, porque nuestro vivir cotidiano es finito y va languideciendo con nuestras pequeñas servidumbres a medida que nos vamos complicando la vida. De esta forma, el visionado de una película maravillosa o la lectura enriquecedora de una novela o un poemario exquisito nos engrandece. Cada vez que cerramos un libro o nos levantamos de ver una gran película, no nos quepa ninguna duda de que volvemos a esa jungla de barbarie que es nuestro día a día, sobre todo en las grandes ciudades, mejores y más sabios. En ese sentido son manantiales de recuperación de los que es muy aconsejable beber, como si se tratase de las aguas de un balneario salvífico. Cierto que el mundo audiovisual le está ganando la partida al literario, pero, aunque siempre ha sido así, la caída de ventas en la taquilla y en el mundo editorial acusa un cambio de paradigma que, como mínimo es preocupante y que tiene mucho que ver con las descargas piratas y una mirada saturada, agotada, infoxicada, que muchas veces no es capaz de filtrar y se deja llevar por un ritmo de consumo mainstream, de hamburguesas culturales a medio hacer y con unos ingredientes poco nutritivos. “Son tiempos difíciles para todo, especialmente para la cultura en general y la literatura en particular”. Así empieza Arquitectura de la ficción, ¿un antídoto contra estos tiempos difíciles o la confianza en que, a pesar de todo, la literatura sigue teniendo su peso? -Me gusta recordar la frase de Bertolt Brecht de los Malos tiempos para la lírica, que pertenece a los Poemas de Svendborg (1939) y que reivindica la necesidad de leer y de escribir poesía en momentos de crisis. La literatura sigue teniendo un peso en la sociedad, muy a pesar de los políticos, poco o nada preocupados por el fomento de la cultura,...

Celebrar el mundo mutilado. Una entrevista con Adam Zagajewski (II)

Su poema “Intenta celebrar el mundo mutilado”, se dio a conocer después del 11-S. En general, hay en su poesía esta coexistencia entre la vida y la belleza, por un lado, y el desastre y la catástrofe, por otro. ¿Cómo afronta usted esta escritura del desastre, y cómo cree que es posible dar testimonio de él? Yo nací justo después de la guerra. Las generaciones, en literatura, tienen su importancia. No se debe exagerar, es decir, no se puede pensar que participar en una generación es una cosa única y determinante, pero tampoco podemos negar el hecho de que los escritores y artistas pertenecen a generaciones. Yo veo mi generación como a la sombra de los desastres de la Segunda Guerra Mundial. Una sombra larga que aún hoy permanece. Es algo que me llevó tiempo comprender. Cuando era joven tenía otras preocupaciones literarias, pero terminé viendo que, si existe algo así como una lista de labores para los escritores, en la lista de mi generación está en primer lugar la de ser conscientes de esa sombra pero también contribuir a la reconstrucción de la vida. En mi caso, se podría decir que nací en medio de ruinas. No literalmente, puesto que la ciudad de Lvov, donde yo nací, no fue ferozmente bombardeada, aunque sí sufrió terriblemente el Holocausto, tal y como mis padres me contaron. Nací en el paisaje de después de la batalla, donde la pregunta “qué hacer ahora” era muy importante. Yo no quería consagrarme a la escritura de novelas sobre la guerra, eso no era lo mío. Creo que mi instinto era más bien el de construir, renacer, mirar la vida, pero no podía hacerlo sin tomar en consideración las ruinas. En la ciudad a la que mi familia debió trasladarse, en Silesia, sí había ruinas de bombardeos, americanos según parece. Como el comunismo no era un sistema económico muy fiable, esas ruinas permanecieron mucho tiempo allí. Varsovia en cambio se rehízo muy rápido, fue casi un milagro, y también Gdansk, en la costa, reconstruida de una muy bella manera, pero no las ciudades como aquella en la que yo crecí. Estaban las ruinas pero también el renacimiento con nuestro entusiasmo, el de los jóvenes. Es lo que leí y vi también en otros poetas de mi entorno en aquella época. En mí, desde luego, coexisten esos dos hechos: haber nacido en un paisaje de ruinas y estar fascinado por la plenitud de la vida. Como reconciliar ambas cosas, todavía hoy no lo sé. Es una de mis cuestiones principales. Eso nos lleva a la relación entre escritura y compromiso político. El hecho de haber comenzado su andadura poética en un régimen dictatorial comunista, donde la confesionalidad era quizás una disidencia, ¿ha marcado de alguna manera esa relación entre literatura y política? Bueno, hay que aclarar algo al respecto. En el caso de Polonia no había, como en otros países, un programa estético fijado como el del realismo social. Era casi un milagro, pero en Polonia, después de la...

Franco, Cataluña y todo lo demás. Una conversación con Jon Lee Anderson

Hablamos con Jon Lee Anderson, reportero de guerra y columnista del The New Yorker. Su reciente artículo sobre Cataluña provocó una agria reacción en los medios españoles y puso de manifiestoque la mirada de algunos observadores extranjeros sigue nublada por la sombra de Franco.

Celebrar el mundo mutilado. Una entrevista con Adam Zagajewski (I)

El polaco Adam Zagajewski (Lvov, actualmente Ucrania, 1945) es autor de una valiosa obra ensayística, poética y narrativa, algunas de cuyas muestras más representativas han sido publicadas en España por editorial Acantilado. Le entrevistamos aprovechando su presencia en Mallorca durante el mes de septiembre: ha sido invitado a inaugurar con su estancia el proyecto Habitació 2016, que pretende reflexionar sobre la relación entre hotel y escritura, turismo y cultura, a fin de recuperar vías que hoy parecen rotas entre ambos espacios.¿Es Adam Zagajewski un turista? Nos encontramos con él en el hotel donde ha residido este mes: un lugar silencioso, de espléndida sencillez, en una antigua finca que representa uno de los enclaves más hermosos de la isla. Nos recibe con preguntas en torno al enigma que pesa sobre esta isla y por el que más de una vez los locales somos objeto de curiosidad: nuestro invierno. La sombra de George Sand y su Un invierno en Mallorca es alargada, y el paso de Chopin enfermo por tan húmedos parajes arroja sobre la isla un imaginario gris, frío, algo tenebroso. Querríamos, al ser preguntados, aportar una visión más luminosa. El artista Miquel Barceló, con quien Zagajewski se ha encontrado estos días, le ha contado que él se baña todo el año, que el agua nunca se enfría por debajo de los 18 grados. Escribir por las mañanas, nadar por las tardes, en eso ha consistido la rutina del poeta estas semanas. Nos asegura que ha descubierto un pequeño rincón, una de esas calas minúsculas donde uno se encuentra de pronto en la más absoluta y sorprendente soledad, y le aconsejamos que no revele el secreto, ni siquiera a nosotros. Su mirada es escrutadora, y su rostro transita entre la seriedad, la timidez y la afabilidad. Se toma su tiempo en escoger las palabras, así que la cadencia de sus respuestas es sosegada, pero no vacilante.¿Cree usted que en el contexto de masificación y uniformidad que genera hoy el turismo es posible todavía el viaje como tal? Si fuera así, ¿cuáles serían sus espacios y procedimientos?Es una cuestión complicada. Respecto del turismo, ocurre que cuando estamos dentro de la masa de turistas tendemos a pensar que no somos como los demás, que somos en cierta manera mejores, pero no somos los únicos que tenemos ese pensamiento. Hay, por supuesto, personas que no son muy reflexivas y que por tanto no se hacen preguntas cuando viajan, pero es probable que dentro de esa masa estemos rodeados por otras personas que, como nosotros, piensen que son diferentes a los demás, que no son turistas comunes. Caemos en cierto esnobismo, en cierta arrogancia. En relación con su pregunta, creo que sí, que el viaje todavía es posible, y que siempre habrá viajeros y escritores de viajes, aunque yo no me considero un viajero. A lo largo de mi vida he vivido en diferentes ciudades: Cracovia, París, Chicago, e incluso Texas, en Houston. Prefiero habitar los lugares que moverme de un lado a otro....

Rivero Taravillo: “La proporción de genios en Irlanda es altísima”

El autor sevillano publica en Fórcola En busca de la Isla Esmeralda, un “diccionario sentimental” de la cultural irlandesa.

Ferran Caballero: “En España lo débil no es la democracia, sino el Estado”

Una charla en profundidad sobre lo malo -y lo no tan malo- de nuestra situación política a raíz de la lectura del “Maquiavelo para el siglo XXI” (Ariel) del joven filósofo catalán.

J. Bustos: “El deber del humanista es reeducar a los llorones”

Para algunos será el joven periodista que participa en las principales tertulias televisivas, para otros una de las plumas más afiladas del que ya, podríamos denominar, como nuevo columnismo español o columnismo post-Umbral. Ambas facetas definen, sin duda, a Jorge Bustos, lo definen, pero no lo retratan en su totalidad a este licenciado en Teoría de Literatura, estudio que realizó tras realizar un primer ciclo de filología clásica. Podríamos decir que la erudición es la característica principal de Bustos, sus columnas en El Mundo no son solo un ejemplo de extraordinario estilo para la pieza breve, sino un alarde de referencias culturales que, lejos de ser un mero adorno para el lucimiento personal, son el punto de apoyo sobre el cual Bustos consigue reflexionar más allá de la anécdota o noticia impuesta por la actualidad. Sin embargo, hablar de Jorge Bustos simplemente como alguien erudito resultaría injusto, puesto que, como demuestra el periodista en El hígado de Prometeo (ensayo con el cual fue Finalista del Premio Internacional de Ensayo Jovellanos 2016), Bustos es alguien capaz de organizar un libro que, a través de una serie de ensayos autónomos, propone una reflexión socio-cultural del presente: combinando la crítica literaria, la teoría política, la estética y la filosofía, Jorge Bustos elabora un ensayo que se inscribe en la tradición  orteguiana a la vez que bebe directamente de la  más reciente crítica cultural (disciplina que abraza desde la sociología, la lingüística, la etnología o la filosofía de la comunicación), entendida como lectura hermenéutica del todo social a través de las expresiones culturales, intelectuales, políticas y de los hábitos de este todo social, que no es otra cosa que nosotros mismo. El libro se abre con una disertación sobre las raíces culturales del futuro, paradójico título puesto que una de las tesis del libro es precisamente la pérdida de las raíces culturales. ¿Ironía del título, exageración o confianza en la recuperación de dichas raíces? La paradoja quiere decir que no hay otro futuro que el pasado, del mismo modo que no hay copa sin raíces en el árbol que crece. Lo mejor del mundo futuro está contenido en lo mejor del mundo pasado: se trata de reivindicar ese canon acrisolado por el tiempo, y desconfiar de las banalidades ultramodernas que carezcan de tradición contrastada. Una postura aristocrática, si se quiere, que por su exotismo es ya vanguardia. En el ensayo, solapas dos temporalidades: por un lado la postmodernidad como expresión de nivelación y relativismo cultural en cuanto al canon se refiere y, por otro lado, el tiempo por Auschwitz como momento en desconfianza hacia la razón ilustrada. ¿reactualiza El hígado de Prometo el discurso adorniano y el discurso bloombiano desde este presente ajeno tanto a Adorno como a Bloom? Veamos. Tanto Adorno como Bloom reivindicaron el canon frente a la cultura de masas, y en ese sentido solo puedo aplaudir, sí. El ensayo al que aludes, que es el que abre el libro, parte de la sima trágica del siglo XX para llegar a la superficialidad...

‹‹Camba es mucho más que los libros que conocemos de él››

Experto cambiano, Francisco Fuster es responsable de diversas antologías de gran mérito que han contribuido a acercar a los lectores a un escritor fundamental en la memoria de nuestro siglo XX.

J. Jiménez Lozano, I: ‹‹Nadie está obligado a sumarse a una crisis espiritual››

José Jiménez Lozano (Langa, 1930) es uno de los escritores españoles más relevantes del último medio siglo. Distinguido con el Premio Cervantes en el año 2002, la obra de Jiménez Lozano toma cuerpo y anuncia su verdad precisamente en esa intersección en la que se concretan las pequeñas verdades de los anhelos, las miserias, los gozos y las alegrías del hombre. A raíz de la publicación de sus nuevos diarios, Impresiones provinciales (Confluencias), conversamos con José Jiménez Lozano sobre su obra y los grandes temas que alumbran su literatura. - Su trayectoria como dietarista es larga, ya desde los lejanos Los Tres Cuadernos Rojos, un libro que resultó seminal para la dietarística española. ¿Qué le incitó entonces a llevar y publicar un diario y qué cree que aporta este género, en apariencia menor, a la literatura de un país? No tengo ni idea de por qué se me ocurrió publicar lo que, en realidad no es un diario, ni un dietario, sino pequeños apuntes o notas sobre la naturaleza, algo que me cuentan o que leo o veo, pero no pensé nunca en aportar nada a la literatura. Por lo pronto, no sé si son literatura exactamente. Me es más que suficiente con que, a quien lea esas páginas, le interesen o le susciten una cavilación o una melancolía. - En Los Tres cuadernos rojos aparecen muchos de los temas que conforman la particular mirada de José Jiménez Lozano. Una de estas ideas cruciales es el sentido casi artesanal del valor de la literatura. Usted ha afirmado que “el escritor es alguien que no tiene apenas nada propio, pues todo se le regala y se le da”. Y también que la misión del escritor consiste en entregar de nuevo aquello que ha recibido, de modo que formaría parte de una cadena.  Si le entiendo bien, usted se refiere al valor de una tradición que nos sustenta y de la cual nos alimentamos. Hoy en día, en cambio, asistimos a un eclipse de la tradición y me atrevería a decir que también del sentido artesanal de la vida… Efectivamente, he dicho que al escritor se le concede todo, porque no es de la nada de donde saca sus historias o sus poemas, sino que, como decía Henry James, tiene el don “de imaginar lo desconocido por lo conocido, de averiguar la implicación de las cosas, de juzgar el todo por una parte, la cualidad de sentir la vida en general tan intensamente que va bien encaminado para conocer cualquier rincón especial de ella”. Así parece que funciona un escritor. Y también creo que de algún modo nuestra escritura es un eslabón de una gran cadena, desde hace unos cuatro mil años. Ciertamente ha habido una siembra de liquidación del pasado, de nuestros pensares y sentires,  como si este pasado fuera el equivalente de los anuncios de un periódico de hace dos meses. De tal manera que lo que usted llama el “sentido artesanal de la vida” suena al estilo normal del vivir, heredado de siglos y no diseñado por ideólogos sociales....
Luis de Guindos

Economía en tiempos difíciles

El Ministerio de Economía y Competitividad es una construcción sólida, vertical, casi orgullosa de su cemento que, al norte de Madrid, en el Paseo de la Castellana, comparte un área de tranquilidad, vigilada por guardias civiles, con el de Industria, Energía y Turismo. El ministro Luis de Guindos (Madrid, 1960) es uno de los actores destacados del gobierno de Mariano Rajoy y ahora está, como todos sus compañeros, a la expectativa. O sea, en funciones. Pero sigue, muy activo, en la brecha. Acaba de hacer unas largas declaraciones al diario ABC en las que reconoce la desaceleración, anuncia que en breve se presentará un plan a Bruselas para corregir la desviación del régimen de las autonomías y confirma la preocupación europea porque en España pueda haber un gobierno populista. Camino de su despacho, en una habitación que da a un pasillo en el que cuelgan retratos de exministros, veo fugazmente un televisor al que se asoma Pablo Iglesias. De estas cosas que nos preocupan (la economía ha pasado a ser materia de interés general), he venido a conversar con este economista que ahora es ministro: una persona dialogante y asequible, con el currículo de la gente que ha pasado por muchos sitios y en todas partes ha dejado huella. Seguidor del Atlético de Madrid, jugador de tenis, está en ese momento en que uno de sus dos hijos le puede hacer abuelo. Confieso que lo que me apetece es empezar a hablar de fútbol (que no es una cuestión de vida y muerte sino algo más que eso), pero me resigno a empezar por Davos. —Empecemos por la crisis económica mundial. ¿Qué conclusiones destacaría del Foro Económico de Davos, al que usted ha asistido? ¿No se ha hecho una lectura muy pesimista de la reunión? —Tanto en Davos como más recientemente en la reunión del G-20 en Shanghái se ha constatado un empeoramiento de las perspectivas de crecimiento para la economía mundial. La incertidumbre sobre China, la caída de los precios de las materias primas y su efecto sobre los países emergentes y el agotamiento de los márgenes de actuación de la política monetaria, están detrás de esta percepción. Creo que la clave está en poner en marcha reformas estructurales, como ha hecho España. Así debemos continuar, para aprovechar mejor los estímulos monetarios y contrarrestar un entorno internacional menos favorable. —Este déficit imprevisto con que hemos cerrado el año, ¿cómo lo encaja? —Ya sabemos todos cuáles han sido las desviaciones. Yo nunca lloro por la leche derramada. Nos hemos desviado en un punto y lo importante a la vez es cómo lo reconducimos. Hay que mirar al futuro y en el próximo programa de estabilidad tomaremos las medidas en relación con las comunidades autónomas, como hemos anunciado, y pactaremos dicho déficit público con la Comisión Europea. Y evidentemente, aplicaremos la ley de estabilidad, que es una medida que ya aprobó el gobierno español.    Luis de Guindos y Miguel Ángel Gozalo                                     Foto: Jorge Pareja —Usted iba para presidente del Eurogrupo y (de momento) no lo ha...

José Carlos Llop: “El tiempo da a la literatura la pátina que necesita”

José Carlos Llop (Palma de Mallorca, 1956) entiende el mar como una segunda piel y la poesía como una llamada repentina que o se atiende o se pierde. Como entiende y recuerda que la isla de su juventud existió al margen del tiempo, con un perfume alejandrino y un color ocre que ya no son. Aquellos años, los de su juventud, eran el tiempo donde la vida y la libertad esperaban a ser estrenadas; el tiempo que se le impuso en la prosa porque estaba enraizado en la memoria de un pasado que otros abandonaron.“¿Éramos modernos o éramos raros? Ambas cosas éramos, como no se fue antes y no se ha sido después. Acampamos bajo el árbol del bien y del mal. Todo lo conocimos. Pero el tiempo cayó sobre nosotros como un diluvio.”‘Reyes de Alejandría’ (Alfaguara) es una rapsodia sobre la juventud que todo lo quiso, compuesta por un escritor reconocido en toda Europa que lograr abrir su memoria para revelarnos la vida en su máximo esplendor.-          ‘Reyes de Alejandría’ reconstruye el relato de una juventud que, tras heredar todos los males del siglo XX, estrena la vida. ¿Qué ofrecía esa vida?Fue una vida preciosa que tuvo su exaltación y también su némesis, como ocurre en todas las generaciones. Pero sí que inaugurábamos la vida. A España llegó tarde el espíritu que había empezado a extenderse por Europa en los sesenta, pasada la resaca de la Segunda Guerra Mundial. No solo llegó tarde sino que hubo sitios en los que tardó mucho más en llegar. La Barcelona de los setenta era una ciudad espléndida y maravillosa que nos acogía a todos los que llegábamos de otras partes del país, con la cual nosotros también éramos generosos y aportábamos lo nuestro. Era una ciudad llena de vitalidad y de cultura callejera. De alta cultura: desde jazz a música clásica, rock, literatura, poesía en castellano, poesía en catalán, revistas de vanguardia, revistas contraculturales y musicales… La calle estaba más viva que nunca. Sigue estándolo, pero aquellos años de esplendor quedaron casi olvidados porque les pasaron por encima los ochenta y los noventa. Al menos desde mi punto de vista literario. Habían quedado ensombrecidos y socialmente como si no hubieran ocurrido, como si no hubieran pasado. Este libro es también un rescate de aquella época a través de la educación sentimental de un  individuo y sus amigos. Ese individuo es la voz narradora que establece un monólogo donde va presentando personajes e historias mientras cuenta lo que ocurrió bajo su mirada a través del teatro de las pasiones que tuvo entonces. Esas pasiones eran la música y la literatura y, al hilo de esa frase que decías, también podría decirse que la música fue nuestra religión y que los evangelios eran los libros, la poesía, los ensayos y la novela. Pero sobre todo la poesía, que tenía un entronque con la música y son parientes muy cercanos. Fue una buena educación sentimental. Caótica, pero buena.-          Esas pasiones brotan en Palma. El...

Arias Maldonado: “No es extraño que el nacionalismo sea xenófobo o el populismo nacionalista”

Una conversación en profundidad a propósito de uno de los ensayos más esperados del año: "La democracia sentimental" (Página indómita), del profesor Manuel Arias Maldonado, titular de Ciencia Política en Málaga.

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