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A menudo se reniega de los maestros supremos; se rebela uno contra ellos; se enumeran sus defectos; se los acusa de ser aburridos, de una obra demasiado extensa, de extravagancia, de mal gusto, al tiempo que se los saquea, engalanándose con plumas ajenas; pero en vano nos debatimos bajo su yugo.

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Stefan Zweig, pronunciaría en Buenos Aires su famoso discurso sobre el misterio de la creación artística, en 1938. No es la primera vez que el reconocido escritor austriaco medita sobre este interrogante. En su libro Momentos estelares de la humanidad, en el relato de “La resurrección de Händel”, cuenta cómo la pieza de “El Mesías” del compositor, y su famoso Aleluya fueron creados en un momento de genialidad y en condiciones excepcionales.

Plantea con este relato el interrogante de si los genios deben, como hace Händel, adjudicar los misterios de la creación artística a una fuerza divina superior. Cuenta que el músico ha recibido una inspiración divina, en un momento de gracia, en medio de un gran bache en una carrera, que ya muchos habían dado por terminada. Había triunfado, y había sido derrotado por los acontecimientos históricos, el infortunio de ser pobre.

Pero un día el artista recibe una carta con un Nuevo encargo. Al principio rechaza esta tarea, pero después obedece a un nuevo impulso. Camina a ciegas hacia su escritorio y empieza a componer una nueva pieza. Tira de un hilo y nace una melodía. Trabaja dieciseis días, ininterrumpidamente, hasta que al final, tras el último amén, cae presa de un agotamiento profundo. Acaba de crear “El Mesías”.

Händel nunca quiso recibir un penique por esta obra, y todo lo recaudado fue destinado a los enfermos y a los presos. “Yo mismo estaba enfermo, y gracias a esta obra he sanado. Me encontraba preso, y ella me liberó”, decía. Cuando en el estreno de la obra, el 13 de abril de 1741, sonaron por primera vez los cánticos de ¡Aleluya!, “los oyentes se levantan, como impulsados por un resorte”… “y durante años, la fama de de esta obra corrió como un río impetuoso, a través del tiempo”, cuenta Zweig.

El misterio de la creación artística es abordado de Nuevo por Zweig en Buenos Aires. Zweig trata de explicar en su dicurso qué es una obra de arte, cuál es su misterio y el proceso interior que experimenta el artista. “Cada vez que surge algo que antes no había existido cuando nace un niño o, de la noche a la mañana, germina una plantita entre grumos de tierra nos vence la sensación de que ha acontecido algo sobrenatural, de que ha estado obrando una fuerza sobrehumana, divina”.

Dante engendró la escritura de la Italia moderna, y en La Divina Comedia, el narrador, se encuentra algunos grandes genios en el infierno. Entonces le pregunta a su maestro, el poeta Virgilio, su guía a través del infierno y del purgatorio: “¡Oh tú, honor de la ciencia y del arte! ¿Quiénes son éstos, a los que se tributa la honra de recibir trato distinto de los demás?”. Virgilio responde: “La buena fama que de ellos se extiende por tu mundo les ha conquistado del cielo esta distinción”. De esta obra se deduce que los grandes genios no son como el resto de los mortales.

¿Cuál es el papel juegan estos en la Tierra, y que les otorga esta hipotética distinción? François Rabelais, seria considerado uno de los creadores de la escritura francesa moderna. Shakespeare sería un genio de la literatura inglesa, y las letras castellanas siempre le debieron su grandeza a un tal Miguel de Cervantes. De estos maestros bebieron muchos otros, lo que hace que en todos los tiempos se los reconozca como genios de la literatura. Muchos otros, inspirados en ellos, han generado y desarrollado nuevos movimientos literarios y artísticos y han iluminado a la humanidad con sus creaciones.

Edgar Poe se lamentaba, en su ensayo sobre The philosophy of composition, de que poseemos muy pocos informes autobiográficos del proceso de creacion de los propios artistas. Poe considera que la longitud, unidad de efecto y un método lógico son las principales reglas universales para crear una pieza literaria bien escrita; es el método, son las reglas, las que marcan las pautas. Son tan estrictas y rígidas, que todo su trabajo podría haber sido concebido como un ejercicio racional. Como señala Zweig, en el poema “El Cuervo”, Poe utiliza la precisión y consecuencia de un problema matemático”. “Y, milagrosamente, el resultado es el mismo (…) un poema perfecto”.

Zweig por el contrario parte de la hipótesis, en su discurso, de que “toda creación verdadera sólo acontece mientras el artista se halla hasta cierto grado fuera de sí mismo, cuando se olvida de sí mismo, cuando se encuentra en una situación de éxtasis”. Cita de nuevo el caso de Händel, que crea esta obra en un tiempo récord.

¿Podemos imaginarnos lo que ha acontecido en el alma de Händel, cuando crea El Mesías? Este cántico hacia la curación, hacia la inmortalidad, hacia la libertad de un artista enterrado en vida, ¿ha sido fruto de una inspiración, o por el contrario, obedece al impulso, a un anhelo o deseo de alcanzar la gloria que la vida le niega? A este “deseo de lo inalcanzable” haría referencia Beethoven en sus escritos, como un impulso que le empujaba hacia la creacion, y queda constancia de ello en la biografía de Emil Ludwig

Virginia Wolf daría una respuesta más realista. Cuando se le pregunta a la escritora qué necesitan las mujeres para escribir buenas novelas, ésta responde, en forma de un largo e inmortal ensayo con una inteligente y detallada exposición de sus pensamientos y condiciones económicas y situaciones propias. Ella concluye que es la independencia económica y personal, es decir Una habitación propia (el propio título del ensayo) lo que permite a las mujeres ser artistas y creadoras. Pero esto se refiere naturalmente a los medios, y elude sin embargo la cuestión de la fuerza de la creación en las mujeres… los dones que algunas artistas manifestarían a una edad muy temprana, y su imaginación para escribir historias complejas (el caso de las hermanas Brontë es uno de los más paradigmáticos).

¿Y qué hay de la inspiración fruto de los sentimientos? ¿Podemos imaginarnos lo que ha acontecido en el alma de Jorge Luis Borges cuando escribe El enamorado? ¿El amor es un ingrediente necesario para crear un poema como éste, o es prescindible?

Otro ejemplo. Vemos que Beethoven no era un hombre que obedecía a su genio, trabajaba encarnizadamente; en sus manuscritos no se encuentra la facilidad de un Mozart, que creaba casi sin apuntes y anotaciones y desde edad muy temprana muestra ser el niño prodigio de la música.

Al final de su ensayo, y poniendo como ejemplo el caso de Mozart y Beethoven, Zweig ya reconoce cuán enormemente distinto puede ser el acto de la creación artística en dos genios de igual rango.

El propio Zweig fue un magnífico creador, y abarcaría en El mundo de ayer los grandes acontecimientos de la Europa del siglo XX. Sería considerado uno de los grandes escritores de la época, y levantaría pasiones y envidias pese a dedicar él mismo parte de su obra a inmortalizar otros genios y creadores. ¿De dónde salió la genialidad de narrar un siglo en una obra autobiográfica?


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Cristina Casabón es periodista, especializada en relaciones internacionales y comunicación. Ha trabajado en el equipo de comunicación del Foro Económico Mundial y actualmente trabaja como consultora de comunicación en la Organización Mundial de la Salud. Puedes seguirla en Twitter: @casabonnline