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Desde los primeros años del siglo hasta su muerte en 1954, Eugenio d’Ors construyó día a día, a través de las páginas de los periódicos, el edificio del Glosario. Glosari, Nuevo Glosario y Novísimo Glosario constituyen las tres partes de este edificio.

En algunos casos, estas glosas diarias constituyeron series que adquirieron una cierta autonomía y que fueron publicadas como obras independientes: La bien plantada, Gualba la de mil voces…. Otras, sobre temas diversos, fueron agrupadas cronológicamente, e, inicialmente, publicadas en volúmenes anuales.

La recopilación y publicación del Glosario de forma sistemática llega hasta 1945. La mayor parte de las glosas escritas a partir de ese año y hasta la muerte del autor no han vuelto a ver la luz, y duermen escondidas en las hemerotecas; entre ellas, muchas de las pertenecientes a la serie denominada Crónicas de la Ermita.

Las Crónicas de la Ermita fueron escritas por Eugenio d’Ors desde su retiro catalán en Villanueva y la Geltrú: una antigua Ermita, que da nombre a la serie, adosada a una Capilla dedicada a San Cristóbal. Este conjunto arquitectónico está sobre un cerro, frente al mar, y, cerca, el Faro. Así describe Eugenio d’Ors en la glosa titulada “La Ermita, la Capilla y el Faro”, la unión de estos tres elementos: “Hay a dos pasos, en nuestro mismo cerro, erecto y luminoso, mira de meridianos, vigilancia de noches, el Faro. Nada mejor para aliar a la tarea que Ermita y Capilla hemos emprendido juntos, que ese tercero y que a todos nos guarda y en sus reflejos nos funde, la Cultura”.

Allí solía pasar muchas temporadas, especialmente las vacaciones de verano, Navidad y Pascua, y allí murió. Fueron diez años de reencuentro con su amada Cataluña, en los que no pudo faltar el diálogo con la cultura catalana, diálogo que propició el nacimiento, el diez de septiembre de 1946, de la “Academia del Faro de San Cristóbal-“… nueva Academia Breve, pero científica ésta”—, que, tras su muerte, permaneció activa hasta abril de 1978.

Las largas temporadas pasadas en la Ermita, así como las anécdotas que a éstas acompañaron, constituyen el argumento fundamental de las Crónicas de la Ermita. Eugenio d’Ors explica de esta forma la diferencia entre su “glosar consuetudinario” y las glosas de esta serie: “Para las primeras, tomo un material de carácter, a su manera … histórico. Se trata de extraer y destilar de cuanto acontece, la esencia ideal, transformando así, según la consabida fórmula, la anécdota en categoría. Por un juego, que solo alcanzo a practicar de tarde en tarde, cabe tomar un material eterno —estructuras, gestos y estilos humanos, que son siempre los mismos—, para, al revés que antes, convertirlos en episodio, en acontecimientos, siquiera menudos, susceptibles de crónica”. Así los temas preferidos son las andanzas de Bieló -figura central de estas crónicas—, las costumbres y preocupaciones de los pescadores, las peripecias de las chicas de “Educación y Descanso”, los bañistas, el Faro, y su propia vida en la Ermita.

Estas glosas aparecen, de forma intermitente, en el diario Arriba entre 1945 y 1948, con un total de 92 títulos. El 6 de octubre de 1946 escribe la glosa titulada “Ultima crónica de la Ermita”, en la que Eugenio d’Ors afirma que: “…ya no habrá más crónicas de la Ermita. Ni este año, ni el que viene”, pero la serie se reanuda el 28 de diciembre de ese mismo año y seguirá apareciendo, de forma esporádica, como ya es su costumbre, hasta el 3 de octubre de 1948.

Hasta el presente han sido publicadas, en dos ediciones —Plaza y Janés, 1966; Ediciones del Cotal, 1982- 33 de esas glosas. Quedan 59 sin publicar, de las cuales adelantamos aquí 11, pertenecientes al año 1946.

En estas Crónicas aparecen, entre otros, Bieló —”el malicioso amigo de la Ermita”-; el Angel Custodio —tema tan querido para d’Ors—; la Argentina —país con el que mantuvo estrechos vínculos intelectuales y al que visitó dos veces en prolongadas estancias—; Octavio de Roméu —su alter ego—; todo ello, envuelto en ese clima “donde se mezclan en dosis oportunas la soledad y la amistad”.


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