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Muchas veces nos preguntamos el porqué de tanta «seguridad» en los debates actuales. Sin lugar a duda junto con «libertad» y «democracia» es la palabra más citada en todos nuestros sistemas políticos. Y esto se debe precisamente a que vivimos una época de incertidumbre a la que no hemos encontrado respuesta. Nadie podía prever la caída del muro de Berlín, nadie podía prever el ataque a las Torres Gemelas, ni a la estación de Atocha, igualmente nadie podía prever que la mayor potencia militar del mundo junto con sus poderosos aliados fueran frenados e incluso puestos en jaque por un puñado de talibanes. Por eso es tan necesario el debate de la seguridad, porque la falta de respuestas es la que nos vuelve más vulnerables desde el punto de vista internacional.

No obstante toda la irracionalidad que se pudiera derivar de una respuesta rápida a esta cuestión, puede matizarse gracias a obras que intentan poner en orden este caos sistemático que es el debate sobre la seguridad. Entre ellas la recientemente presentada del doctor Antonio Rafael Rubio Plo sobre «la OSCE y su concepción de seguridad». El título se completa con «La convergencia de las organizaciones regionales europeas y de la OSCE en torno a una concepción integral de la seguridad». La baza de esta obra es que presenta una perspectiva interesante y sobre todo útil para abordar el reto de encontrar respuestas en lo insondable.

Tras años dedicado a la labor investigadora, el autor considera que no es de menor importancia citar lo que es la OSCE, la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa. Hoy en día en el que todo el mundo se apunta «al derribo» del muro de Berlín cuando ya apenas quedan añicos del mismo, pocos quieren conocer la importancia que tuvo la OSCE precisamente en este fenómeno, y fue por la inteligencia del diseño de esta organización.

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Rafael Rubio lo señala muy bien en este libro que es muy acertado en todos sus términos porque se apoya en una clara virtud, que es la descripción en su justo término de la realidad que tiene como objeto, sin querer, como le ocurre a la mayoría de las obras de seguridad, introducirnos en un falso halo de misterio opresión cuasi de thriller, para descubrirnos al final que el mayordomo no era lo que parecía.

Rubio acierta a señalar que la OSCE tiene un valor intrínseco en el panorama actual y es el valor de las instituciones en los tiempos de crisis, y sobre todo una institución que suma y no intenta restar. Frente a las tentaciones de otros conceptos de seguridad, la hegemonía o el equilibrio, el autor nos propone el concepto de seguridad de la OSCE. La OSCE apunta a un criterio si cabe más humanístico, a una visión positiva de la paz y de la seguridad, que son las que garantizan el respeto a los derechos humanos y a las libertades fundamentales.

Y de aquí se desgaja esa concepción integral de la seguridad que explica el autor, una seguridad que se basa en lo multidimensional y casi para sorpresa de algunos, casi sin necesitar la fuerza. Una seguridad que está más en consonancia con crear las coordenadas adecuadas para crear confianza y permitir que las tensiones se canalicen, apostando de una manera clara por la democracia, los derechos humanos y la educación. La OSCE siempre de forma complementaria a los principios que se incluyen en la Carta de la ONU, con el valor añadido de la defensa de la democracia, de los derechos humanos y del Estado de Derecho como valores asumidos por todos los estados participantes en la OSCE y que forman parte del Decálogo de Helsinki, que es una de las piedras angulares de la organización.

Sin embargo no mencionar la fuerza, no significa que los aspectos político-militares no tengan su radical importancia. De ahí la importancia del código de conducta que deben respetar sus integrantes y que se convierte en acerbo de la propia OSCE y con una innegable proyección exterior. Ésta se completa, como analiza el autor, con la Declaración de Lisboa sobre un modelo común y global de seguridad para Europa en el siglo XXI. Y bien entiende el autor que si no es con una ambición global y realizando concesiones entre los países para que sea común, el concepto no alcanza ninguna viabilidad como recogen posteriores hitos en la historia de la OSCE.

El análisis de la seguridad que se realiza en la obra, supera el marco de la OSCE y es por eso que la convierte en una moderna referencia en el campo de la seguridad. Hablar de la seguridad como un derecho, de la educación y de la cultura, o lo que es la dimensión humana de la seguridad, es sin duda una profundización necesaria en este concepto. Se completa con la seguridad político-militar, la dimensión económica y la medioambiental. Pero a su vez en un ejercicio de reflexión, analiza cuál es el papel de esta exposición con el concurso de la OTAN y la UE, y sus propias concepciones de seguridad, basado sobre todo en dos coordenadas para permitir la complementariedad, el principio de integridad y de indivisibilidad de la seguridad.

Y sin embargo ¿vadea el autor la polémica o silencia sus propios puntos de vista? Ni mucho menos. Es una obra cargada de reflexión y de juicios de valor, lo que la convierte en un referente y también en una guía práctica de soluciones. Es decir, o nos creemos la paz o no tiene sentido que hablemos de la democracia y del Estado de derecho a nivel internacional. O nos creemos que precisamente que la OSCE es una institución universal útil, o la tenemos que dejar abandonada a los intentos de la Federación Rusa de utilizarla como instrumento para oponerse a la ampliación de la OTAN, mencionando éste a título de ejemplo y por no citar otros. O nos creemos que debemos apostar por la seguridad en Europa sabiendo que la existencia de conflictos congelados pueden volver a envenenar las relaciones del continente, o la dejamos como institución residual para temas de elecciones y programas educativos. El caso de la crisis de Georgia nos debe de servir de respuesta inmediata.

Es la suma de todos estos rasgos, amén de la profunda erudición de la obra, y el ser probablemente una de las mejores explicaciones sobre la compleja OSCE, lo que convertirá la obra de Rubio en un referente en ambos temas, la seguridad y la propia OSCE. Y sobre todo nos plantea las cuestiones pertinentes, que como rezaba Chesterton al hablar de su conversión al catolicismo: «si un problema está mal planteado, la solución es casi imposible, pero si está bien planteado, la solución está en su enunciado», y ese es el valor de la obra de Rubio, que plantea con meridiana claridad los retos de las organizaciones internacionales de seguridad, su complementariedad y sus desafíos.


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