Compartir:

La lectura de este libro de conversaciones lleva a una primera reflexión: aquí, algunos sí que piensan. Manuel Hidalgo, periodista, escritor, guionista y algo más, que también piensa, ha supuesto que sería bueno saber cómo llevan eso del pensar —y de contemplar la vida que nos rodea— algunos de los mascarones de proa de la escuadra española de la intelligentzia, que tantos naufragios ha sufrido en nuestra historia. Sus diálogos, rescatados de la prensa de papel, componen un volumen que nos acerca a lo que hoy hacen y piensan algunos reconocidos intelectuales españoles.

Manuel Hidalgo: Pensar en España. Editorial Confluencias, 2018. 211 páginas.


Desde los Diálogos de Platón, al menos (y, por supuesto, desde antes), el diálogo es uno de los caminos de la sabiduría. Sin diálogo no hay transmisión del conocimiento. Nuestros afanes se concretan en la capacidad de entendernos con los demás, de escuchar al otro y de compartir, por el intercambio de ideas, los proyectos y los objetivos que conforman la vida colectiva. En España arrastramos muchos tópicos (Hidalgo indaga sobre ellos en el cuestionario que, como una declaración de aduanas, añade a las conversaciones), entre ellos el de que somos diferentes a los demás y el de que, además de desdeñosos con la ciencia (Unamuno nos acabó de rematar con su «que inventen ellos»), no dialogamos.

«Para dialogar, / preguntad primero; / después… escuchad», pedía Antonio Machado, consciente de las dificultades de que el vecino te atienda, mientras habla a gritos en el Comercial de la Glorieta de Bilbao, en Madrid, al que el poeta acudía en demanda de tertulia. Quizá por ello el escritor sevillano había dedicado sus Proverbios y cantares a José Ortega y Gasset, que dijo que los españoles nos afirmamos mientras golpeamos las fichas de dominó sobre el mármol de la mesa de un café.

En los años de dictadura y, por tanto, de monólogo, la necesidad de diálogo se imploraba como un banderín de enganche para un horizonte democrático. Cuadernos para el diálogo era el título de una publicación que se conformaba con ser, en tiempos oscuros, un vehículo para la discrepancia.

Los españoles nos afirmamos mientras golpeamos las fichas de dominó sobre el mármol de la mesa de un café.

Este libro de Manuel Hidalgo, fruto de un concienzudo trabajo periodístico, es un ejemplo de lo que se conoce como entrevista en profundidad, que, como él dice, «tantas aportaciones ha hecho al periodismo y que no debería decaer nunca en los medios de comunicación». La entrevista es un artículo que se escribe entre dos, un concierto a cuatro manos, en el que, para encontrar el grano entre la paja, el entrevistador tiene a veces que transformarse en minero y correr el riesgo de oscurecer a su antagonista. Pero la lámpara debe iluminar sobre todo al entrevistado, al que hay que ayudar a mostrarse como es. Porque, en palabras de un gran entrevistador, Joaquín Soler Serrano, una entrevista es, en el fondo, un autorretrato.

Manuel Hidalgo lo sabe y, bajo un título ambivalente —Pensar en España, esto es, pensar dentro de España y sobre España, aquí y ahora—, ha reunido sus conversaciones con dieciséis personajes, a los que, en entregas mensuales, «ha convocado entre libros y en el sillón de la conversación relajada», para ir publicando en El Mundo (donde él es un destacado columnista y donde lleva varios centenares de artistas glosados en su «Galería de imprescindibles») el fruto de esas charlas en torno al pensamiento y la creación. Este ha sido el plantel de los entrevistados:

Fernando Savater, Javier Gomá, Carmen Iglesias, Javier Marías, Aurelio Arteta, José Álvarez Junco, César Antonio Molina, Juan Pablo Fusi, José Antonio Marina, Luis Alberto de Cuenca, Manuel Gutiérrez Aragón, Jorge de Esteban, Juan Mayorga, Ian Gibson, Antonio Muñoz Molina y Jon Juaristi.

Todos ellos despliegan talento y atención a su país, todos parecen estar al día de lo que ocurre en el mundo y todos demuestran conocer la Historia. Algunas de las preguntas del cuestionario miran a nuestro pasado: para siete, el peor personaje histórico es Fernando VII, y para cinco Francisco Franco; sobre el mejor personaje hay más división de opiniones, aunque la Monarquía derrota a la República: tres eligen a Fernando el Católico, dos a Alfonso X el Sabio y uno a Carlos III; Azaña se lleva dos nominaciones y Negrín, una, igual que Jovellanos, Colón, Hernán Cortés, Unamuno y el conde-duque de Olivares.

Pensándolo bien, España no está tan mal.

El libro ayuda a acercarnos a estos maestros de nuestro tiempo, a los que Manuel Hidalgo introduce, al comienzo de cada charla, con descripciones cortas y ceñidas, penetrantes y precisas, que permiten situar a cada personaje frente a su mundo. Con la política al fondo, aunque Hidalgo introduzca las cuestiones de actualidad sigilosamente, repreguntando con prudencia, el conjunto desprende cierta serenidad y confiada naturalidad ante los asuntos que nos preocupan. Para la mayoría, a la llamada Transición se le puede colgar la etiqueta de éxito. Ninguno de ellos exhibe, por descontado, lo que Unamuno llamó «la lepra intelectual de España, el resentimiento, la envidia, el odio a la inteligencia». Al contrario.

Al terminar el libro, en el que no falta cierta beligeran- cia, pero en el que las inclinaciones políticas se muestran sin exceso de trompetería, uno hace suya la frase con que Iñaki Gabilondo cierra su brillante prólogo: «Pensándolo bien, España no está tan mal».


© de la imagen principal (La rendición de Breda, Diego Velázquez (1599–1660)): Wikimedia Commons


Compartir:
Compartir

Ha sido, a lo largo de su larga trayectoria periodística, director del diario “Madrid” y presidente de la agencia EFE, entre otros muchos cargos.