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Cuatro historiadores han compuesto este diccionario, cada uno según su especialidad: los papas de las edades Antigua y Media (L. Suárez), los de la Edad Moderna (M. Barrio) y los de la Contemporánea (J. Paredes); a los ue se añade el acertado complemento de los concilios ecuménicos (D. Ramos-Lissón). Es un verdadero diccionario, y algo más. Porque este libro contiene unos valores que merecen destacarse: estilo ágil y sustancioso, objetividad en la exposición, atención a la trama histórica ambiental, explicación adecuada de los problemas dogmáticos y doctrinales, y referencias bibliográficas sobre los temas o figuras de mayor relevancia. Al final, un glosario y un útilísimo índice alfabético de nombres y conceptos facilitan la consulta rápida de cualquier asunto.

La obra constituye, ante todo, un diccionario biográfico. No falta ninguno de los 263 papas legítimos, desde san Pedro hasta Juan Pablo II, ni de los numerosos antipapas que les disputaron la sede apostólica. Por riguroso orden cronológico se narran las vidas de los papas, antes y después de acceder al solio pontificio, utilizando apartados o epígrafes, cuando lo aconseja la diversidad de los temas. Se ha dado mayor extensión a los papas de los dos últimos siglos, por la relevancia de sus figuras admirables, y por las soluciones que dan a los problemas de nuestro tiempo. Los autores se han esmerado en trazar semblanzas con objetividad, distinguiendo las leyendas de los datos comprobados, y sin ocultar los defectos que aquejaron a algunos pontífices. De todo hubo en la silla de San Pedro. Santos y pecadores, personas brillantes y vulgares. Es impresionante la galería de hombres insignes en todas las épocas (León, Silvestre, Dámaso, Gregorio Magno, Nicolás, Hildebrando, Inocencio III, etc.); pero no faltan papas indignos, o que se dejaban arrastrar por abusos muy extendidos en su tiempo, como el nepotismo. El lector encontrará siglos de historia, se percibe, sin embargo, la tensión constante entre la misión espiritual del papa y los condicionamientos temporales en que esa misión tenía que desarrollarse. Los dos aspectos aparecen constantemente en el libro. El primero, esencial e irrenunciable, explica las actuaciones espirituales de los papas, sus declaraciones doctrinales, sus afanes misioneros por la propagación de la fe y sus repetidos intentos de reforma de la Iglesia. El segundo, la dimensión temporal, ha obligado a los reyes de Roma, durante muchos siglos, a mezclarse en las luchas por el poder, sin descartar la guerra, la represión o la violencia. Es la gran paradoja de la historia de los papas, hasta el despojo final (felix culpa!) de los Estados Pontificios, un lastre temporal, que, sin embargo, se consideraba muy conveniente para mantener la independencia espiritual. Esta doble dimensión, espiritual y temporal, explica las tensiones y contradicciones en la vida de muchos papas. Una dicotomía que no ha quedado soslayada en este libro, útil y ameno, muy recomendable por su rico contenido y fácil manejo.


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