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En el libro ¡Viva la ciencia!, Antonio Mingote y José Manuel Sánchez Ron la aproximam al gran público, al tiempo que demostrar que hoy no se es culto, si no se conocen los rudimentos de la ciencia y los protagonistas de la misma. En nuestra sociedad, se considera inculto, por ejemplo, a quien desconoce a Homero, Platón, Cervantes, Beethoven o Velázquez, pero, en cambio, no se considera inculto a quien desconoce a Galileo, Newton o Lavoisier. Esta obra no sólo consta de unos magníficos y sugerentes textos, sino que va acompañada de unos espléndidos dibujos, debidos al dibujante más genial que tiene la prensa de nuestros días.

Viva la ciencia, (Crítica), 248 págs.

Los autores pretenden definir lo que se entiende por ciencia y las ventajas que ha producido a los hombres. Por ejemplo, hace muy pocos años, la vida de los humanos era mucho más corta que en la actualidad, las enfermedades eran más peligrosas y la más sencilla operación quirúrgica resultaba muy dolorosa. En el capítulo titulado «¡Vivan las Matemáticas!», donde se pasa revista a esta ciencia o forma del conocimiento. Por ejemplo, salen a relucir las tres geometrías, la de Euclides, la de Lobachevski y Bolyai y la de Riemann. Aparece Cantor y su teoría de los infinitos y se presenta la complicada figura de Gödel con su incertidumbre dentro de la certidumbre.

En el capítulo tercero se analiza la problemática del Universo. Después de explicar el descubrimiento del fondo de radiación de microondas, debido a Penzias y Wilson, aparecen los agujeros negros y la figura de Stephen Hawking. En el capítulo cuarto emergen unas preguntas muy difíciles de responder. Hace unos 13.500 millones de años que comenzó la vida del Universo con un gigantesco estallido, con un «big bang», y ¿qué pasa con nosotros, con la materia de la que estamos formados o con la de los objetos estelares, incluida la Tierra? ¿De dónde proviene?, ¿cómo surgió? Y así la historia del Universo comenzó con una fase inicial, con una temperatura de 100.000 millones de grados Kelvin, en la que estaba formado por una «sopa» de radiación y algunas partículas elementales, tales como electrones y neutrinos y en una proporción mucho más pequeña, protones y neutrones.

Al ir disminuyendo la temperatura, esta «sopa» se fue diferenciando. Surge después la química como una ciencia omnipresente, con la figura de Lavoisier. Y aparece el gran hecho del sistema periódico y los fenómenos electromagnéticos, de la mano de Faraday y Maxwell. Luego se estudian las figuras de Einstein y Planck, con la teoría de la relatividad y la mecánica cuántica. Se dedica especial atención a Heisenberg, Bohr y Schrödinger.

En un divertido dibujo aparecen los 40 principales de la ciencia, que van desde Gödel hasta Maxwell

La física cuántica es un prodigio. Vivimos en un mundo poblado de objetos y artilugios imaginados y construidos gracias a lo que la física cuántica nos ha enseñado. Instrumentos tan cotidianos como células fotoeléctricas, aparatos electrónicos que utilizan dispositivos semiconductores, en los que los poderosos chips (cuyos componentes están integrados en una pequeña lámina de material, habitualmente de silicio) desempeñan un papel central. En un divertido dibujo aparecen los 40 principales de la ciencia, que van desde Gödel hasta Maxwell. Y en el dibujo se incluyen los dos autores del libro, con lo que de 40 pasan a 42.

Probablemente, el capítulo más interesante es el quinto, en el que se aborda cómo será la ciencia en el futuro. Si alguien dijo que «el pasado es un país extraño», ¿qué decir del futuro? Se recogen las palabras de Michelson, premio Nobel de Física en 1907: «Las futuras verdades de la Física se deberán buscar en la sexta cifra de los decimales». Después de analizar los posibles éxodos planetarios y la clonación, los autores concluyen que «todo esto nos enseña la ciencia. No todos son hechos particularmente agradables, pero ya dijimos que lo que la ciencia da es conocimiento, no necesariamente alegría y felicidad. De lo que no cabe duda es de que da dignidad».

En definitiva, un libro inteligentemente escrito, que nos divierte y nos hace pensar. ¿Qué más se puede pedir?


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Alberto Miguel Arruti (1932-2011) licenciado en Ciencias Físicas, periodista y escritor; trabajó muchos años en RTVE, donde llegó a ser Director de los Servicios Informativos de TVE y RNE. También fue miembro de la Junta Directiva de la Asociación Española de Comunicación Científica. Impartió docencia en la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid, así como en las Universidades Europea de Madrid, CEU San Pablo y Universidad Internacional de Andalucía.