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Los periódicos no son archivos de bagatelas, como pensaba Voltaire, ni los periodistas hombres que se han equivocado de carrera, como creía Otto von Bismarck. Los periódicos —la prensa, para entendernos, incluyendo en esa palabra todos los medios de comunicación— son el reflejo pasajero de lo que va ocurriendo. Mejor que a la novela le cuadra a la prensa esa metáfora utilizada por Stendhal para explicar lo que representa contar la Historia a través de la letra impresa: espejo a lo largo del camino.

Cuando el camino dura cien años es mucho, sin duda, lo que el azogue ha podido recoger. No es fácil, por otra parte, que los medios duren tanto tiempo. «Después de cien años, todos calvos», se dice para relativizar nuestros problemas cotidianos, poniendo en los años que componen un siglo una distancia suficiente y tranquilizadora, prácticamente inalcanzable para la mayoría de los mortales, con nuestros avatares de hoy. Un siglo es mucho.

Muy pocos periódicos, por ello, llegan a centenarios. El periodismo, desde el punto de vista empresarial, es un negocio de eficacia no siempre garantizada. Los cambios tecnológicos, los sucesos de todo tipo que pueden acontecer a lo largo de cien años, ponen en peligro la continuidad de un diario. De ahí que sean las empresas familiares las que más posibilidades tengan de sobrevivir a las crisis forzosas de la edad. Probablemente tiene razón Ben Bradley, el que fuera director del Washington Post en los convulsos días del escándalo que costó la presidencia a Richard Nixon, cuando escribe en sus memorias, en elogio Je aquella mujer, Katharine Graham, que tanto le respaldó en su desigual lucha con el poder presidencial norteamericano: «No es casual que los mejores diarios sean aquellos controlados por familias para quienes hacer periódicos es una tarea sagrada».

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Abc, el periódico de la familia Luca de Tena que, poco antes de llegar a los cien años, se ha fusionado con el Grupo Correo, es uno de los diarios familiares que han logrado recorrer el largo camino del siglo. Con este motivo, tres libros muy interesantes se han dedicado a contar su historia, que es la de España y la crónica de lo que hemos sido los españoles en los últimos cien años.

Uno de estos libros, el de la bisnieta del fundador del periódico, Catalina Luca de Tena, titulado El periódico del siglo, recoge cien firmas de esos cien años y retrata así al hombre que lanzó el periódico: «Fue don Torcuato un innovador extraordinario. Con Abc no había hecho un periódico a gusto del lector medio; consiguió hacer un lector medio e imponerle sus normas periodísticas: la corrección, el rigor, la curiosidad por el mundo, la sensibilidad por la literatura y las artes, la contemplación de las novedades y, por encima de todo, la cortesía que respeta y se hace respetar. “De la prosperidad de esta Casa dependen el bienestar y el porvenir de cuantos trabajan en ella”, fue su lema empresarial. (Prensa Española fue la primera industria en establecer la jornada laboral de ocho horas; lo hizo en 1918, dos años antes de implantarse en toda España). Todo lo fió a la iniciativa y no al dinero, que en la mayoría de las empresas intelectuales —y un periódico nunca deber ser otra cosa— es, decía él, lo que menos vale. Sus dos exitosas innovaciones periodísticas fueron la incorporación constante de nuevas técnicas gráficas —con especialistas contratados en Alemania— y la independencia política, cuando todos los periódicos servían a un partido. Pero también fue un hombre de modestia: escribió bien poco —”¡Quién supiera escribir!”—, y siempre en páginas interiores. En su esquela autógrafa puso, simplemente, “Periodista”».

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Efectivamente, Abe fue una ruidosa novedad en la vida periodística española. Los otros dos libros que, a las puertas del centenario, han contado su historia —uno de Víctor Olmos, titulado Historia del Abc: cien años clave en la historia de España; otro de Juan Antonio Pérez Mateos, con el rótulo Cien años de un vicio nacional: historia íntima del diario— confirman, melancólicamente, ese papel que un periódico de influencia nacional representa como espejo de un país. Por algo dijo Arthur Miller que «un buen periódico es una nación hablándose a sí misma».

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La historia de Abc es la historia de este siglo que acaba de irse. Por sus páginas ha pasado toda la vida de España, sus mejores escritores, la política en estado puro, nuestras luces y nuestras sombras, ese cambio espectacular que hemos vivido y un sinfín de acontecimientos que hacen de estos tres libros algo que puede interesar no sólo a los profesionales del periodismo, sino a los lectores de Abc, esas tres letras que han acompañado en la iniciación de la lectura a tantos españoles. Es decir, al público con curiosidad por lo que han sido España y su prensa.


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