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Más de mil vidas
Antonio Moreno
Renacimiento, 2018, pp. 84

Antonio Moreno (Alicante, 1966) no es un poeta mediático, ni mediocre. Es de los grandes y discretos. Su obra extensa lo atestigua, tanto por verso como por prosa. El reciente Más de mil vidas es su segundo libro, tras Unos días de invierno (2016), dedicado íntegramente a los haikus, género poético que lleva unos años viviendo un sorprendente auge en España.

El hecho de que un poeta tan honesto y tan hondo se ocupe tan intensamente de la moda de los haikus bastaría para indicarnos que es más que una moda. El pequeño poema japonés, canónicamente 3 versos de 5, 7 y 5 sílabas, sin rima, sin desarrollo —una impresión, una sensación, una sugerencia, un argumento, si acaso, que se transparenta— es la unidad mínima de lirismo máximo. En el interés que despierta en España en los últimos años, hay un afán latente de volver a las raíces de la poesía, un refugio ante tanto verbalismo extendido y el propósito de hacerse fuerte en lo más puro.

Cuando José Luis García Martín define el haiku como “el soneto de los perezosos”, él, que no da puntada sin hilo, está fustigando a quienes ponen el automático para hacer haikus y lo consideran un género ligero, fácil, cool, hipster y resultón. Nosotros tenemos que rechazar, con él, esa calle de en medio y poner, a renglón seguido, el acento en el “soneto”, por su carga de exigencia formal y su condición de cauce flexible para la poesía más fina.

Estas diminutas maravillas de Antonio Moreno, que copiamos a continuación, lo atestiguan. Quien no puede ser perezoso de ninguna de las maneras es el lector de haikus porque tiene que extremar su atención, su selección y su sensibilidad.  Y no añadimos más, porque, como dijo Chantal Maillard: “El único comentario legítimo a un haiku es su mera repetición”:

 

Entre mis dedos

a punto de soltarlo,

el saltamontes.

*

La calle duerme.
El alma se parece
a una llamita.

*

¡Por fin en casa!
Bajo el paraguas crece
un breve charco.

*

No muy distintas
de las gotas de lluvia,
las hojas nuevas.

*

Me inquieta el rojo
si aproximo la mano
a la bombilla.

*

Aula. Un examen.
El sol da en su papel
y en su cabello.

*

Alzo la vista
del libro y han pasado
más de cien años. 

*

¡Tantas estrellas
en tanta oscuridad,
y ojos que ven!

 

 


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Enrique García-Máiquez (Murcia, 1969). Estudió Derecho en la Universidad Navarra y lo enseña en un instituto de secundaria de Puerto Real. Ha publicado cuatro libros de poesía, el último es “Con el tiempo” (2010), tres dietarios (el más reciente, “Un largo etcétera”, 2017), dos colecciones de sus columnas periodísticas (la última, “Un paso atrás”, 2012), un libro de aforismos, “Palomas y serpientes” (2016) y un brevísimo cuadernillo de haikus, “Alguien distinto” (2005). Tiene en prensa “El burro flautista”, nueva colección de columnas periodísticas. Ha traducido a Mario Quintana, a G. K. Chesterton, en prosa y en verso, y el “Tomás Moro”, de William Shakespeare, nada menos, y de otros. Codirigió la revista literaria “Nadie parecía” y escribe crítica de poesía en diversas revistas especializadas. Mantiene el blog “Rayos y truenos”.