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El terrorismo yihadista representa hoy una amenaza con una dimensión tanto endógena como exógena debido a su carácter diversificado y multiforme, como revelan los rasgos de los atentados planeados y otros indicadores que la sustentan. Por un lado, múltiples y diversos son los escenarios en los que se manifiesta la amenaza, como revelan atentados como los que costaron la vida a dos policías españoles en Afganistán en diciembre de 2015, o a catorce estadounidenses en San Bernardino (California) días antes, o a más de una veintena de personas en Bamako (Malí) poco antes, o a las ciento treinta víctimas mortales de los atentados del 13 de noviembre en París, o a las decenas asesinadas en Bruselas en marzo de 2016 y en Ankara unos días antes, por destacar tan solo algunos de los últimos.

Múltiples y diversos son también los actores amenazantes entre los que se incluyen: individuos autorradicalizados motivados por la dimensión de una violencia que el Estado Islámico ha elevado a su máxima potencia; células pertenecientes a dicha organización terrorista o a otras como Al Qaeda o sus filiales o con relación con miembros de estas; terroristas retornados de Siria e Irak; radicales frustrados por no haber podido viajar a dichas zonas; islamistas excarcelados en nuestro país y otros del entorno; y yihadistas provenientes de otros países.

Ante la centralidad que ha adquirido el denominado Estado Islámico, conviene destacar que otra organización terrorista como Al Qaeda en aparente decadencia, sin embargo, y a pesar de su debilitamiento, no ha desaparecido del panorama constituyendo todavía una importante amenaza. Los reveses sufridos por esta organización terrorista han sido complementados con éxitos tácticos que le han garantizado una supervivencia a través del establecimiento de alianzas con distintos grupos menores en diversos lugares del planeta. De ese modo ha conseguido mantener su influencia como fuente de inspiración para grupos e individuos que persiguen mediante el terror la imposición de objetivos políticos y religiosos como los que anhela el islamismo radical y violento. Frente a quienes han dejado de prestar atención a Al Qaeda, limitando casi exclusivamente al Estado Islámico el peligro de la violencia yihadista, Bruce Hoffman considera que «lejos de haber desaparecido como amenaza», el movimiento dirigido por Osama Bin Laden hasta su muerte «se prepara tenazmente para lo que sus combatientes y seguidores consideran será la épica última batalla y la confrontación final con Occidente». En su opinión, el movimiento ha dejado que el Estado Islámico «acapare y absorba todos los golpes mientras que Al Qaeda reconstruye en silencio su fortaleza militar», beneficiándose de esa «paradójica etiqueta de “extremistas moderados” en contraste con los incontrolados del EI»1.

En una línea similar algunos autores advierten sobre la «paciencia estratégica» del movimiento terrorista y la necesidad de que la mayor atención sobre otro foco de la amenaza terrorista, esto es, el Estado Islámico, induzca a subestimar el peligro que todavía comportan Al Qaeda y sus organizaciones afines2. La efectividad de AQ radica en su resistencia, en su capacidad de regeneración y establecimiento de alianzas3, y en la propagación y contagio de una violenta ideología4. Su éxito, no obstante, es limitado en tanto en cuanto no ha alcanzado su objetivo declarado de reinstaurar el califato e imponer a escala global su interpretación fundamentalista del islam.

Esa eficacia, matizada por una capacidad operativa mermada pero no invalidada, ha permitido la reproducción de un ideario violento que sigue atrayendo a radicales en todo el planeta. Al mismo tiempo el fenómeno de los denominados «combatientes terroristas extranjeros» ha adquirido una dimensión sin parangón. Y lo ha hecho debido a la confluencia de diferentes factores, entre ellos la permeabilidad de fronteras, el desarrollo de medios de transporte y comunicación que facilitan los desplazamientos y la trasnacionalización, así como la existencia de conflictos internacionales que actúan como un poderoso imán convirtiendo al fenómeno en una suerte de moda fascinante y glamurosa para muchos individuos. La fascinación por la violencia yihadista es claramente anterior a la eclosión del Estado Islámico, si bien se ha intensificado con los éxitos de esta organización terrorista. A este respecto, y a modo de ejemplo de la fascinación que el terrorismo llega a despertar, puede destacarse la portada con la que la prestigiosa revista Rolling Stone ilustraba su número del 1 de agosto de 2013. La fotografía de Dzhokhar Tsarnaev, autor del atentado de Boston en abril de ese año en el que fueron asesinadas tres personas y heridas más de doscientas, ocupaba toda la portada normalmente destinada a artistas del momento. El alcalde de la ciudad denunció que la revista concedió al terrorista un privilegiado trato como si se tratara de una «celebridad», reforzando un peligroso mensaje: el terrorismo otorga «fama» a sus responsables y a «sus causas». Las ventas del controvertido ejemplar se doblaron como consecuencia de una historia en la que la presentación del terrorista evocaba a la de una «estrella de rock»5.

Los éxitos del denominado Estado Islámico han reforzado el carácter del terrorismo yihadista como moda y tendencia, al haberse consolidado en determinados segmentos una imagen enormemente positiva y atractiva de este grupo mediante una intensa propaganda. Como ha destacado Ingram, varios son los rasgos de esa acción comunicativa que tan importantes réditos le reporta reforzando su atractivo como tendencia: un enfoque multidimensional con múltiples plataformas que simultáneamente se dirigen a amigos y enemigos para aumentar el alcance, relevancia y resonancia de sus mensajes; la sincronización de narrativa y acción para maximizar los efectos operativos y estratégicos sobre el terreno; y la centralidad de la «marca» Estado Islámico en toda su campaña6.

Como consecuencia de esa acción y de sus actividades terroristas, una serie de atributos positivos son constantemente identificados con esa formación favoreciendo la simpatía y adhesión. Entre ellos, el éxito de la violencia a pesar de los reveses sufridos que han permitido la disminución de una parte del control territorial ejercido en los últimos años; la instauración del «califato» y de un «Estado islámico» con una engañosa apariencia de estatalidad; la administración de amplios recursos económicos; su supremacía sobre otras organizaciones terroristas; su prominencia como los únicos y auténticos representantes del islam sunita; la adquisición de poder; la búsqueda de libertad y de experiencias fascinantes y emocionantes; el sentimiento de pertenencia, hermandad, e identidad; la obtención de sexo, dinero, una nueva vida y segundas oportunidades; una religión que aporta identidad y un proyecto vital y un marco justificativo para las conductas criminales y transgresoras a pesar de la superficialidad de los conocimientos religiosos en muchos casos.

Los considerables logros del Estado Islámico han favorecido su atractivo para los yihadistas al convertirse en algo «más que un grupo terrorista», ya que ha conseguido conformar «un ejército» y «cuenta con una población afiliada por convicción o por miedo» que complementa el decisivo control del territorio que en este momento ejerce7. Ello a pesar de los reveses sufridos en los últimos meses que han supuesto la pérdida de control por parte de dicha formación terrorista de enclaves controlados hasta entonces.

La expansión al territorio europeo de la violencia terrorista perpetrada y/o inspirada por el EI y el conjunto del yihadismo, tal y como se ha evidenciado a lo largo de 2015 y 2016, confirma la necesidad de una nueva estrategia. Esta requiere complejos equilibrios, habida cuenta de las múltiples variables que deben componer una respuesta eficaz contra una amenaza multifacética como la que comporta el terrorismo yihadista. Esa complejidad obliga a identificar los obstáculos que han mermado la eficacia contra una organización terrorista como el EI que ha convertido en una productiva marca los logros que su violencia le está reportando. Una parte de estos logros emanan precisamente de las debilidades de quienes deben combatirlo8.

Así lo han puesto de manifiesto diversos factores como los siguientes: la demora en conformar una coalición internacional contra el EI que al retrasar su constitución hasta bien entrado el 2014 permitió la consolidación de importantes logros por parte del grupo terrorista; la renuncia de las naciones occidentales a intervenir militarmente sobre el terreno con la determinación y los medios requeridos; el delicado equilibrio de intereses por parte de un heterogéneo grupo de socios entre los que se encuentran países musulmanes responsables de haber favorecido el fortalecimiento del Estado Islámico; y la renuncia de la Unión Europea a aplicar todos los instrumentos antiterroristas anunciados a lo largo de los últimos años.

Como afirmó en diciembre de 2015 el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, «El éxito del Estado Islámico es el resultado de nuestra inacción»9. En su opinión, el grupo terrorista «no tendría oportunidades si los países occidentales estuvieran dispuestos a actuar con determinación», de ahí que «su eficacia» emanase, precisamente, de «la debilidad de los otros». Al expresar su autocrítica, el dirigente reconocía: «Conozco los riesgos que derivan de la acción antiterrorista y nuestra experiencia con Libia e Irak puede que no sea muy alentadora, pero el éxito de Daesh es el resultado de nuestra inacción». Abundando en ese diagnóstico, Clint Watts aseguraba que «se ha dicho más de lo que se ha hecho», fracasándose también en uno de los desafíos más decisivos: «la creación y despliegue de una fuerza suní capaz de contrarrestar al EI en territorio suní»10.

A todo ello se suman otros dos factores que merman la acción antiterrorista: la rentabilidad que el EI ha extraído de la presencia del yihadismo en «regiones fallidas» altamente inestables en ausencia de gobiernos estructurados y sólidos, como sucede en países como Libia, Túnez y Yemen; y la subordinación y fidelidad al EI declarada por grupos que han abandonado la red de Al Qaeda11. En esas circunstancias, el EI ha podido erigirse en la organización con supremacía en el complejo de grupos y redes que conforman la amenaza del terrorismo islamista, identificándose además como el único y verdadero representante del islam sunita, capaz de imponer un «califato» al que han dotado de una eficaz apariencia de estatalidad.

Los peculiares rasgos del terrorismo yihadista obligan a situar en el contexto adecuado la amenaza a la que se enfrenta la sociedad española, que es también un blanco declarado de la violencia yihadista12. Nuestro país es constantemente identificado como objetivo del terrorismo yihadista, figurando en la propaganda terrorista como, Al Ándalus, territorio musulmán que debe ser recuperado por los radicales. Tampoco puede subestimarse el impacto que el regreso de los «combatientes terroristas extranjeros» tiene en países del norte de África, de donde proceden mayoritariamente y en los que diversos movimientos yihadistas actúan con considerable intensidad. En este sentido, debe preocupar especialmente la inestabilidad de países como Libia, Malí, Túnez, Argelia y el potencial de desestabilización que el yihadismo también tiene en el vecino Marruecos. Es en este entorno más cercano donde se encuentran otros focos de amenaza para la seguridad de nuestro país.

La proximidad geográfica y la permeabilidad de nuestras fronteras acrecientan los riegos derivados de factores desestabilizadores como los comentados. El fortalecimiento de estos repercute en tres ejes de conflictividad13. Por un lado, nuestro país es considerado por los fundamentalistas islámicos como un enemigo constituido por los infieles, cristianos o cruzados, según la propia retórica utilizada para identificar a la sociedad española. Asimismo, España es vista, junto con otras naciones, como garante de regímenes considerados como apóstatas por los yihadistas. Además, identifican a España con el mito de Al Ándalus donde, de acuerdo con su propaganda, prosperó el islam durante un largo periodo y que, por tanto, debería ser recuperada14.

En esas circunstancias la ubicación geoestratégica de España como frontera exterior de la Unión acrecienta los riesgos para nuestro país. La intensa actividad yihadista en Ceuta y Melilla nuevamente pone de manifiesto la dimensión endógena y exógena del desafío. En estas frágiles lindes entre uno y otro continente es constante el tránsito de individuos y mercancías, incluyendo en ocasiones armas y drogas de difícil detección en tan porosa frontera. También es creciente la radicalización de una parte significativa de la población musulmana con nacionalidad española en dichas localidades, donde confluyen numerosos factores facilitadores como la delincuencia, el desempleo, el absentismo escolar, la presencia de figuras religiosas que propugnan un islam fundamentalista y la proximidad de países en los que el islamismo radical no deja de crecer agudizando la inquietante inestabilidad regional.

Esta amenaza multifacética, la que comportan tanto el Estado Islámico como Al Qaeda y sus organizaciones afines, así como los individuos —en solitario o en células— seducidos por ellas e interesados en emular sus tácticas terroristas, posee una dimensión tanto endógena como exógena15 llamada a permanecer en el tiempo. En consecuencia, la respuesta también debe dirigirse tanto al interior como al exterior, doble responsabilidad que los gobiernos democráticos no siempre están dispuestos a asumir debido a sus elevados costes. Esta circunstancia plantea un preocupante interrogante cuando el terrorismo islamista desea escalar su violencia como está intentando a lo largo de los últimos años.

Una década después de los atentados del 11 de septiembre la estrategia antiterrorista contra el yihadismo no debería ignorar que el terrorismo y el fanatismo de quienes lo perpetran y justifican ansía unos objetivos claros: la expansión y consolidación de una ideología excluyente, dogmática y totalitaria que persigue la destrucción de nuestro sistema de valores y libertades. En este tiempo los indudables logros contra el terrorismo yihadista se han alternado con reveses, revelando importantes déficits que aumentan nuestra vulnerabilidad ante una amenaza permanente y en constante evolución. Nuestras debilidades fortalecen al terrorismo, siendo por ello indispensable la adopción de una respuesta estratégica más amplia y exhaustiva que abarque las diferentes dimensiones de este fenómeno socio político.

NOTAS

1 Hoffman, Bruce, «Al-Qaeda’s Master Plan», The Cipher Brief, 18/11/2015, https://www.thecipherbrief.com/article/al-qaedas-master-plan

2  Gartenstein-Ross, Daveed, y Barr, Nathaniel, «Osama bin Laden’s ‘Bookshelf ’ Reveals Al Qaeda’s Long Game», The Daily Beast, 17/03/2016.

3 Como ha destacado Byman, la constitución de alianzas genera beneficios para Al Qaeda pero también le plantea dificultades con el potencial de diezmar a la organización si no son convenientemente gestionadas y solventadas. Byman, Daniel (2014), «Buddies or burdens? Understanding the Al Qaeda relationship with its affiliate organizations», Security Studies, 23, pp. 431-470.

4 Hoffman, Bruce (2013), «Al Qaeda’s uncertain future», Studies in Conflict & Terrorism, pp. 635-653.

5 Saul, Heather, «Rolling Stone magazine sales double after controversial ‘Boston Bomber’ cover», The Independent, 01/09/2013.

6 Ingram, Haroro (2014), «Three Traits of the Islamic State’s Information Warfare», The Rusi Journal, 159:6, 4-11.

7Bardají, Rafael, «A las puertas del infierno», Diario de las Américas, 04/09/2014,http://www.diariolasamericas.com/blogs/puertas-infierno-faelbardaji.html.

8 Schweitzer, Yoram «Temporary isis: A risk assessment», inssInsight, n.º 564, 23 de junio de 2014; Schweitzer, Yoram, «isis: The real threat», inssInsight, n.º 596, 21/08/2014.

9 Abellán, Lucía, «El éxito del Estado Islámico es el resultado de nuestra inacción», El País, 03/12/2015; Traynor, Ian, «Detain refugees arriving in Europe for 18 months, says Tusk», The Guardian, 02/12/2015.

10 Watts, Clint, «U.S. Troops in Syria: A Quick Assessment Of The U.S. Strategy To Combat The Islamic State – One Year On». Geopoliticus: The FPRI Blog, Foreign Policy Research Institute, 04/11/2015, http://www.fpri.org/geopoliticus/2015/11/us-troops-syria-quick-assessment-us-strategy-combat-islamic-state-one-year.

11 Schweitzer, Yoram (2015), «One Year since the Establishment of the Islamic State: Al-Baghdadi’s Successful Gamble, Thus Far», INSS Insight n.º 715.

12 Saiz-Pardo, Melchor, «El Estado Islámico sitúa a España entre sus principales ‘enemigos’», El Correo 08/12/2015; Ortega Dolz, Patricia, «Interior alerta de la radicalización de los ‘lobos solitarios’ yihadistas», El País, 08/11/2015.

13 Echeverría, Carlos (2014), «Escenarios privilegiados de germinación del salafismo yihadista en la vecindad inmediata de Europa: del Maghreb y del Sahel hasta Siria», pp. 89-90, en Yihadismo Global. Documentos de Seguridad y Defensa 62. Escuela de Altos Estudios de la Defensa, Ministerio de Defensa, pp. 85-108.

14 Ibíd.

15 Véanse, por ejemplo, De la Corte, Luis (2014), «Yihadismo global: una visión panorámica», en Yihadismo Global. Documentos de Seguridad y Defensa 62. Escuela de Altos Estudios de la Defensa, Ministerio de Defensa, pp. 43-84; Jordán, Javier (2014), «The evolution of the structure of Jihadist terrorism in Western Europe: the case of Spain», Studies in Conflict & Terrorism, 37: 8, pp. 654-673; García-Calvo, Carola, y Reinares, Fernando (2014), «Pautas de implicación entre condenados por actividades relacionadas con el terrorismo yihadista o muertos en acto de terrorismo suicida en España (1996-2013)», Documento de Trabajo 15/2014, Real Instituto Elcano.


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