Jaime Cosgaya García

3 publicaciones 0 Comentarios
PROFESOR DE HISTORIA CONTEMPORÁNEA. UNIVERSIDAD DE VALLADOLID

Antonio Fontán y el proceso autonómico: una hoja de ruta desestimada

Antonio Fontán fue nombrado ministro de Administración Territorial el 6 de abril de 1979, tras las segundas elecciones generales. Partidario de ralentizar el proceso autonómico, propuso restablecer provisionalmente el Estatuto vasco de 1936 en tanto se negociaba el de Cataluña. Rechazada esta posibilidad, su posición dentro del Gobierno se vio devaluada hasta quedar al margen de la discusión de sendos Estatutos. El resultado del referéndum andaluz, y el consiguiente desgaste que supuso para Suárez en el seno de UCD, terminaron por acelerar su salida del ejecutivo. En el momento crucial que vive el mapa autonómico español, nos ha parecido oportuno rememorar una página de los inicios del proceso.

Las empresas culturales de Rafael Calvo Serer

En los últimos años, la historiografía sobre el franquismo y, en consecuencia, el conocimiento de ese periodo se han visto enriquecidos con la publicación de diversas monografías que no sólo han atendido a la evolución gradual sufrida por el régimen, sino a otras cuestiones directamente ligadas al funcionamiento interno del mismo. Concretamente, y dentro de los márgenes específicos de la historia cultural, ha sido frecuente comprobar cómo el trabajo de los historiadores -sin perder de vista los cambios políticos, sociales o económicos experimentados por nuestro país a lo largo de esos casi cuarenta años- se ha volcado igualmente hacia la explicación de las disputas por el poder que concitaron los esfuerzos tanto de las minorías dirigentes como, en el tema que nos ocupa, de las élites intelectuales. Si bien en el primer caso las desavenencias no pasaron de ser los entresijos derivados de conseguir un determinado cargo o formar parte de un equipo de gobierno, en el segundo se trataron de auténticos debates públicos en los que sus protagonistas aprovecharon cualquier tribuna de opinión para, entre otros aspectos, poner en duda la política cultural diseñada por el Ministerio de Educación o cuestionar las esencias históricas de la cultura española.Bajo estas premisas, la obra de Onésimo Díaz -investigador y profesor de Historia Contemporánea de la Universidad de Navarra- pretende clarificar la compleja trama de cuestiones que encierra el mundo cultural del primer franquismo. En este sentido, las coordenadas temáticas y temporales en las que se sitúa este trabajo constituyen ya de por sí un reto, por cuanto no abundan los títulos centrados únicamente en este breve periodo sino, más bien, las síntesis de conjunto de diferente entidad y estilo. Entre otras, cabe citar la exhaustiva y minuciosa reconstrucción -interrumpida por su fallecimiento- que comenzara a realizar hace unos años Gonzalo Redondo (Pamplona, 1999, 2005 y 2009), y el ensayo sobre las «dos Españas» que le valió el PremioNacional de Historia a Santos Juliá (Madrid, 2004). El profesor Díaz, avalado por una trayectoria investigadora que conjuga el afán divulgador -véase su repaso al siglo XX europeo a través de novelas y películas (Pamplona, 2008)- con la dedicación a temas propios de especialistas como los antecedentes históricos del problema vasco o el panorama de revistas culturales en la posguerra, recoge en esta obra las mejores aportaciones de los autores citados anteriormente y consigue arrojar luz sobre diferentes aspectos que, con el tiempo, han cristalizado en lugares comunes a la hora de interpretar lo que fue el universo cultural del franquismo inicial.En primer lugar, armado de una importante base documental inédita -procedente en su mayor parte del rico patrimonio de archivos personales que atesora el fondo histórico de la Universidad de Navarra- y de una amplia y cuidada selección bibliográfica -fruto del conocimiento preciso que el autor posee sobre la materia que trata-, el libro invita a examinar hasta qué punto la consideración de «páramo cultural» que se ha venido empleando para valorar la labor de las élites intelectuales durante esos años se...

La escritura de la memoria. De los positivismos a los Postmodernismos

]Jaume Aurell es profesor de Teoría de la Historia en la Universidad de Navarra y especialista en historia intelectual y religiosa. Formando en el campo del medievalismo con numerosas obras sobre la cultura mercantil mediterránea, procede, en este sentido, de una fértil cantera donde el debate sobre el propio quehacer histórico siempre se ha revelado más sensible hacia este tipo de cuestiones.Este libro es fruto de una estancia investigadora que el autor desarrolló en la Universidad de California en Berkeley en 1999, la cual le permitió conocer más de cerca las corrientes y tendencias historiográficas predominantes a lo largo del siglo XX y aquellas que están más en boga en la actualidad. El resultado es el recorrido que nos propone en estas páginas, en las que analiza las líneas maestras por las que ha avanzado el discurso histórico durante estos últimos cien años, tomando como punto de partida el agotamiento de la vía positivista en el periodo de entreguerras y finalizando con el stanbye que han supuesto los diferentes giros postmodernistas de los noventa.Los postulados teóricos sobre los que asienta su labor el historiador han estado sometidos a constante revisión durante el siglo XX. Ver cómo esa discusión ha afectado a cuestiones tales como el objeto de estudio o sujeto histórico, la metodología empleada por el historiador, su modo (y posibilidad) de conocer el pasado o su manera de reflejarlo por escrito, es el propósito de este libro. La escritura de la memoria da cuenta, entre otros aspectos, de cómo los reyes o las batallas cedieron protagonismo ante las clases sociales (véase el mundo obrero, la burguesía, el campesinado o la nobleza); de cómo los factores económicos o las mentalidades redujeron la importancia que las acciones individuales tenían en el devenir de los siglos, lo que trajo consigo la sustitución de la historia política por la historia económica y social, y recientemente, por la historia cultural; o de cómo las estadísticas o las hipótesis contrafactuales — e l qué hubiera pasado si hubiera (o no) sucedido tal hecho— se prestigiaron frente a la recuperación textual del documento, en un intento por extraer de la Historia leyes o principios generales.Por el libro desfilan, además, las escuelas históricas con mayor caché a lo largo de este período: la escuela de los Annales y sus cuatro generaciones; la Escuela de Fráncfort; las sucesivas reelaboraciones nacionales del materialismo histórico; la sociología histórica; la Nouvelle Histoire... Muestra, asimismo, la interacción habida en todo momento entre las diversas disciplinas sociales y la discusión que se originó con motivo de otorgar a la Historia el certificado de calidad derivado de su carácter científico. El relato de Aurell tampoco es ajeno a la influencia con que los acontecimientos políticos promueven determinadas concepciones históricas. A este respecto, es clarividente la exposición que hace sobre el postmodernismo, cuyas principales manifestaciones cabe conectar fácilmente con la caída del muro de Berlín y el consiguiente derrumbe del universo soviético en el Este de Europa.Todas estas cuestiones son explicadas con gran amenidad,...

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies