Ignacio Roldán

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Profesor de Literatura Hispanoamericana
María Aboal Lopez La muerte en Galdós

María Aboal López. La muerte en Galdós

No hay duda de que la muerte es uno de los temas recurrentes en la literatura: no solo en la lírica y en el drama, sino también en la narrativa, en la que puede llegar a vertebrar la trama. La muerte, desde siempre, nos ha conducido al Más Allá, sea este el vago ultramundo de la mitología grecolatina y de los héroes clásicos, sea el infierno, el purgatorio y el cielo por los que precisamente un escritor latino, Virgilio, conduce a Dante. Y, sin embargo, esta mirada que trasciende cede su paso a una nueva en el siglo XIX: la del mero observador, la de quien se queda tan solo con los hechos que puede percibir: la enfermedad, la agonía, el cadáver, el cortejo, la tumba. Más allá de esta última, la mirada no alcanza a ver. Este nuevo fenómeno es objeto de análisis minucioso por parte de María Aboal en La muerte en Galdós. En sus páginas, la autora se centra en la representación de este tema en las novelas del fundador del realismo español decimonónico, consciente de estar, a la vez, retratando las formas en las que el hombre de aquel tiempo se enfrenta a la muerte. La línea de investigación predilecta de Aboal es la literatura decimonónica, lo que explica su interés por la novela galdosiana; pero también ha incursionado en el campo del periodismo digital y, últimamente, en el de las ediciones académicas digitales de obras de teatro galdosianas y de Pedro Muñoz Seca. La estructura de La muerte en Galdós contribuye a que el análisis sea minucioso. Tras un prólogo de Enrique Rubio Cremades y la introducción, cinco grandes capítulos abordan la mirada galdosiana hacia la muerte, ordenados de acuerdo con una doble secuencia temporal: la de la evolución del escritor canario desde el Romanticismo hasta el Realismo, y la de la misma peripecia del personaje de sus obras, desde la enfermedad hasta el cementerio. Si en el primer capítulo se contempla el abandono progresivo de las huellas románticas en la visión de la muerte, el segundo se centra en la mirada clínica posterior hacia la enfermedad y el cuerpo, y en cómo esta pasa a caracterizar la focalización (en términos de Genette) en las novelas galdosianas. En estos dos capítulos considerados como unidad es en los que se hace patente esa primera secuencia temporal que estructura la obra de Aboal. A la vez, introducen los siguientes, pues la mirada clínica de la que hablamos permite entender la representación onírica de la muerte en novelas como Gloria, Fortunata y Jacinta, Miauo Ángel Guerra, tema de estudio del tercer capítulo; la representación de la muerte (religiosa, de ateos y agnósticos, de los ángeles, repentina, figurada y del suicidio), tema del capítulo cuarto; y, por último, el olvido que sigue al cortejo, al cementerio y a las tumbas, tema con el que, en una especie de clímax, culmina el capítulo quinto. De esta manera, tal y como recuerda la autora al estudiar la evolución de la imagen de la muerte y de su representación en las novelas galdosianas,...

Cuentos (Hans Christian Andersen)

Comentario de Cuentos de Hans Christian Andersen(1837). Cien volúmenes de la Biblioteca de Occidente en contexto hispánico.

Cumbres borrascosas (Emily Brontë)

Comentario de Cumbres borrascosas de Emily Brontë (1847). Cien volúmenes de la Biblioteca de Occidente en contexto hispánico.
Marcel Proust © Wiki Commons

Jean Santeuil (Marcel Proust)

La novela "Jean Santeuil" de Marcel Proust es el borrador de "En busca del tiempo perdido", por su estilo y por sus temas. Obra emprendida en el verano de 1895, quedará inconclusa y será publicada póstumamente en 1952. Es uno de los libros de la Biblioteca de Occidente.

La isla sin aurora, Azorín (J. A. T. Martínez Ruiz)

Comentario de La isla sin aurora de Azorín (J. A. T. Martínez Ruiz),1944. Cien volúmenes de la Biblioteca de Occidente en contexto hispánico.

El Aleph (Borges)

Comentario de El Aleph de Borges (1949). Cien volúmenes de la Biblioteca de Occidente en contexto hispánico.

Memorias de Adriano (Marguerite Yourcenar)

Comentario de Memorias de Adriano de Marguerite Yourcenar (1951). Cien volúmenes de la Biblioteca de Occidente en contexto hispánico.

Utopía (Tomás Moro)

En 1516 se publica en Lovaina el Libro del estado ideal de una república en la nueva isla de Utopía, de Tomás Moro; habrá que esperar a 1551 para que la primera traducción inglesa, la de Ralph Robinson, vea la luz. La obra tiene forma de diálogo y se divide en dos partes. En la primera, Peter Gilles, amigo de Moro, le presenta a Rafael Hithlodeo, pensador, viajero y alguna vez acompañante de Vespucio: la sugerencia de nuevos horizontes tras el descubrimiento del Nuevo Mundo es evidente. Cuando Moro y Gilles le sugieren entrar al servicio de algún rey, Hithlodeo se detiene en una crítica de los reyes y consejeros, la cual da pie a que en la segunda parte describa la isla de Utopos, visitada en uno de sus viajes, y la sociedad armónica que en ella prospera. El modelo de Moro es clásico: La República de Platón. Y es que las utopías, tercas en su deseo de hacerse presentes una y otra vez, aparecen con persistencia a lo largo de la historia de nuestra cultura. Quizás sea porque objetivan, en un espacio relativamente aislado, el deseo de armonía y de justicia de las que carecen los días. No es gratuito que esta que nos ocupa, la más famosa de ellas y de la que reciben su nombre, viera la luz en los albores de una época tan inclinada al equilibrio: el Renacimiento; ni que la forma adoptada por Moro —el diálogo— fuera la del encuentro. El nombre no debe llevar a engaño: es cierto que «utopía» es el «no lugar», si acudimos al prefijo griego «ou» (negación); pero también «el lugar bueno o deseable», si reconocemos en el vocablo el prefijo «eu» (lo bueno, lo deseable). Refleja, por así decirlo, la tensión interna de un hombre que, como Moro, lo es de su tiempo. Hombre de leyes y de Estado, humanista, entregado a la construcción de una sociedad justa, da forma mediante las palabras de Hithloday al reino de Utopos tan solo cuando ha expuesto con crudeza los males que asolan Inglaterra y, de manera especial, la ambición y el deseo de poder, y la falta de paz y de justicia. De esta manera, la isla descrita no aparece en la obra como término de una mera fuga, sino como respuesta a los males de la sociedad europea del momento; esto es, como concreción alcanzable de las aspiraciones morales y políticas. La mirada de Moro a su tiempo sorprende por su capacidad de abarcar y su agudeza. El hecho de apuntar a las razones morales hace que su crítica del momento sea tan actual. Tanto, que aún hoy en día abundan dispersas en la red de palabras de Utopía, tales como: «Cuando miro esas repúblicas que hoy día florecen por todas partes, no veo en ellas — ¡Dios me perdone!— sino la conjura de los ricos para procurarse sus propias comodidades en nombre de la república. Imaginan e inventan toda suerte de artificios para conservar, sin miedo a perderlas, todas las...

Cántico espiritual (San Juan de la Cruz)

Comentario de Cántico espiritual de San Juan de la Cruz(1578). Colección Biblioteca de Occidente en contexto hispánico.

El mundo, a pesar de todo, gira enamorado

“El mundo gira enamorado”(Victor Frankl) Un café de Madrid. Les quedaba a mano, a unos pocos pasos de donde se ha producido el reencuentro. Llovía fuera y, desde dentro, desde esta parte del cristal, las gotas escurridas parecen lágrimas. Lágrimas por los dos, y por los trenes parados, y por los barcos que no llegan, y por los titulares que se quejan de esa fórmula hueca que una y otra vez yerra.Una mesa, dos cafés. Veinticuatro años son suficientes para ahondar los surcos de una tierra reseca. La ausencia de agua se aprecia en la falta de brillo de los ojos. Pero ahora, por unos momentos, olvidan las sequías que vinieron después de los primeros años de actividad febril e ilusionada: los años en los que, lejos ya uno de otro, jugaron a dibujar en un papel dos mapas del mundo a la medida de cada cartógrafo.Olvidan las sequías. Reviven los años en que ambos compartían la mirada y el asombro, el riesgo de vivir y la esperanza fresca. Las manos sobre la mesa -las de ella inquietas- se rozan casi. El beso anhela.Fuera, se desmoronan los edificios y las calzadas se agrietan. Semáforos turbados no saben ya de qué color ponerse. El tráfico es un caos. Los viandantes huyen. Y sé, como un relámpago, que si ese beso anhelante no se sella, si esas manos ansiosas no se rozan, los números febriles les llevarán corriente abajo, y se despeñarán con fuerza.Fuera, otros labios se besan, otros ojos se miran, otras manos se entregan. Son labios tiernos, ojos inquietos, manos ilusionadas. Ella es lirio y clavel, él musgo o hiedra. Caen los ladrillos a su alrededor, y los aviones. Pero no les alcanzan. El mundo vuelve a girar. Gira, por fin, enamorado.

Vaclav Havel y el momento actual de España (con apéndice)

No hace mucho, me demoré en saborear unas palabras de Vaclav Havel, presidente de una Checoslovaquia liberada tras la caída del telón de acero. Hoy me parecen de lo más actuales, cuando España se debate sin saber qué camino tomar. Las copio:“… sueño con una república independiente, libre y democrática, una república económicamente próspera y, no obstante, socialmente justa. En pocas palabras, una república humana que sirva al individuo y que, por tanto, albergue la esperanza de que el individuo la sirva a ella a su vez. Una república de personas enteras, porque sin ellas es imposible solucionar ninguno de nuestros problemas, ya sean humanos, económicos, medioambientales, sociales o políticos”.Apéndice: Se me viene a la memoria una canción que cantaba Merecedes Sosa. La letra, casi ya al final, decía:“Merecer la vida / es erguirse vertical más allá del mal de las caídas./ Es igual que darle a la verdad/ y a nuestra propia libertad la bienvenida”.Quizás la haya recordado por la referencia de Vaclav Havel a esas “personas enteras”, justas, dignas. Porque, como decía también la letra de la canción: “no es lo mismo que vivir honrar la vida”.
Nueva Revista

Dolor, barbarie

Me sorprende la red con las noticias del atentado en Brindisi. De momento, ha fallecido una joven, y otras tres se encuentran en grave estado. Las sospechas apuntaban al principio hacia la mafia; ahora, a un hombre enojado con el mundo.No me puedo explicar un odio tan grande como para que alguien asesine a nuestros hijos. Hijos a los que, en la mayoría de los casos, no les ha dado tiempo a ser culpables de nada ante la sociedad. Hijos inocentes. A veces niños. El recuerdo doloroso de los horribles atentados de Noruega y los más recientes de Francia nos asaltan. Y los de la infancia víctima de los conflictos que asolan el mundo, y de la explotación en trabajos de muerte o en las redes de la prostitución.Maldita sea la avaricia, malditos el odio y el agoísmo, y los inteseres económicos o políticos que nos ahogan con la sangre de los inocentes.En medio del vértigo provocado por tragedias como la que hoy nos sacude, seguimos clamando por el respeto sagrado a la vida humana en todas las etapas de la vida, desde que es concebida hasta que da el salto a la eternidad. Mientras, solo nos queda compartir el dolor de unas familias que de manera bárbara y criminal se han visto privadas del rostro alegre del ser que más aman.

Borges: el yo en el laberinto

A Borges le gustaban las duplicaciones: un lugar que repite otro lugar, un espejo que devuelve la imagen del espacio que en él se refleja. De todas ellas, quizás sea la de la biblioteca una de las más sugerentes.
Nueva Revista

Vaclav Havel

 Hoy me siento un poco más huérfano. Sí, un poco más, porque en esto de las orfandades es posible el más y el menos. Me siento un poco más huérfano porque uno de los padres de mi pensamiento ha fallecido: Vaclav Havel, defensor de la dignidad humana, perseguido y preso por sus ideales, presidente de la Checoslovaquia recién liberada, dramaturgo, intelectual, hombre justo.Hoy, un poco más huérfano, leo sus palabras y me sorprendo de su actualidad. Porque, aunque hablan de la herencia dejada por los sistemas totalitarios marxistas hace ya veintidós años, parecen describir también la Europa enferma de ahora.Perdón por la extensión de los fragmentos, pero no hay prisa: puedes leerlos como si gozaras ya de la eternidad que goza Vaclav.“Vivimos en un entorno moral contaminado. Nuestra moral enfermó porque nos habíamos acostumbrado a expresar algo diferente de lo que pensábamos. Aprendimos a no creer en nada, a hacer caso omiso de los demás, a preocuparnos solo por nosotros mismos.Conceptos como amor, amistad, compasión, humildad o perdón perdieron su profundidad y sus dimensiones, y para muchos de nosotros pasaron a representar tan solo singularidades psicológicas. Nos parecían recuerdos extraviados de una época ancestral, algo ridículos en la era de las computadoras y las naves espaciales.(…) El régimen anterior -armado con su ideología arrogante e intolerante- redujo el hombre a una fuerza productiva y la naturaleza a una herramienta de producción. Al hacerlo, atacó tanto a la esencia misma de ambos como a la relación que los une. Redujo personas autónomas y de gran talento, que trabajaban con destreza en su propio país, a tuercas y tornillos de una maquinaria monstruosamente enorme, ruidosa y pestilente, cuyo significado real nadie comprende. Esta no puede más que desgastarse lenta pero inexorablemente, tanto a sí misma como a todos sus tornillos y sus tuercas”.Vaclav Havel no solo describe con crudeza la situación de aquel momento. Se arriesga a parecer desfasado cuando reclama el protagonismo de la ética en la actuación pública:“Enseñémonos, y enseñemos a los demás, que la política debería ser la expresión del deseo de contribuir a la felicidad de la comunidad en lugar de la necesidad de engañarla o expoliarla. Enseñémonos, y enseñemos a los demás, que la política no solo puede ser el arte de lo posible, en especial si esto implica el arte de la especulación, el cálculo, la intriga, los tratos secretos y las maniobras pragmáticas; sino incluso también el arte de lo imposible, el arte de mejorarnos a nosotros y mejorar el mundo”.Más de uno sonreirá con cinismo -expresión, una vez más, del desencanto- ante los ideales de Havel. Pero yo los comparto, como hago mío su sueño. ¿Utópico? Puede. Pero merece la pena perseguirlo.“… sueño con una república independiente, libre y democrática, una república económicamente próspera y, no obstante, socialmente justa. En pocas palabras, una república humana que sirva al individuo y que, por tanto, albergue la esperanza de que el individuo la sirva a ella a su vez. Una república de personas enteras, porque...

Tan cerca, tan lejos…

La nieve cubre el pueblo minero, allá lejos, en la Alaska de los buscadores. Chaplin, con su habitual indumentaria, mira a través del cristal del ventanal, desde la calle. Es Nochevieja, y están a punto de dar las doce. Dentro, la cálida compañía, la alegría de la fiesta, la risa despreocupada y los ojos palpitantes de una mujer a quien no se atreve, pobre él, a declarar su amor. ¡Tan cerca, tan al alcance de su mirada, y a la vez tan lejos!Ya no hace frío; al menos, el de la nieve, el de la escarcha, el de los vientos helados que azotan el rostro en pleno invierno. Chaplin camina por las calles de una gran ciudad. Unos rapazuelos se mofan de él, le ridiculizan sin saber que ese hombre de aspecto miserable ha sido capaz de desprenderse de todo, hasta de lo que no tenía, por pagar una operación que devolviera la vista a la mujer que ama. Y ahora se la encuentra, como por azar, del otro lado del cristal que proteje el escaparate de una floristería, rojos sus labios como el clavel y como el lirio su piel blanca. ¡Tan cerca, nuevamente, pero a la vez tan lejos!La primera escena es de La quimera del oro; la última, de Luces de la ciudad. Y las tengo grabadas en mi imaginación desde que percibí en ellas  algo que tiene mucho que ver con los deseos más íntimos del ser humano.Ayer de noche me asaltó su memoria, y se volvió insistente. Tanto, que recordé esa puerta en la que nunca me había fijado, y que en Luces de la ciudad se encuentra abierta. Por ella saldrá la florista con una moneda como limosna para el pobre vagabundo; y entonces descubrirá, al tacto -¡cercanía!- con sus manos, la incontable riqueza de quien ha sabido amarla hasta el olvido de sí.(Borrador para Dinámica del deseo, de próxima aparición)

Regreso soñado al Paraguay

El autor trata del libro que responde a dos momentos de la historia paraguaya, separados entre sí por ocho décadas y marcados por acontecimientos de diverso signo.

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