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Tras comprobar la temática de los tres artículos que componen esta sección: la situación actual de España en Europa, las previsiones sobre la ruptura de la unidad de mercado a corto plazo y la encrucijada actual en la que se encuentra nuestro marco constitucional, me viene a la cabeza una de las más famosas películas de Billy Wilder, protagonizada por Jack Lemon y Shirley McLaine: El apartamento. Y me preguntaba… ¿podrá de verdad España convertirse en eso… en un apartamento?

En el largometraje de Wilder, estrenado en 1960, Woody Baxter es un empleado contable de una gran empresa de seguros ubicada en Nueva York. Ha descubierto que la forma de «ascender» en la empresa consiste en ceder su apartamento por horas a varios directivos. ¿Les suena esta melodía argumental? ¿No les parece que la situación de nuestro país es similar a la del apartamento del filme?

Los jefes (socios en sus andanzas) del protagonista son gente sin escrúpulos que para poder disponer de un apartamento a sus anchas y sin compromisos -o más bien para atender a estos últimos- están dispuestos a ayudarle de manera sibilina. En realidad no piensan en él o en lo que se podría denominar «interés general» sino única y exclusivamente en sus intereses particulares. No practican entre ellos la solidaridad ni, por supuesto, con el pobre Baxter, que no hace más que pescar catarros en el frío clima de la soledad.

Baxter presta a todo el mundo su llave para que dispongan de ella y ninguno hace caso de su única condición: dejar la llave debajo del felpudo de la entrada. Nadie obedece y volver al apartamento se convierte en su odisea cotidiana.

Y… ¿cómo ven desde fuera el apartamento? Pregúntenle al vecino de al lado, el doctor Dreyfuss, que no termina de creerse lo que pasa noche tras noche en aquel reducido espacio inmobiliario. ¿Nos verán desde Europa igual que el doctor percibe incrédulo las aventuras de Baxter? Esperemos que a pesar del «sonoro terrorismo» y el transitar constante de personas por nuestras fronteras, cuando llegue el momento de la crisis vengan a curarnos de nuestros males sin hacer muchas preguntas.

Tiene gracia que el título de la película sea un sinónimo de «solución habitacional». Precisamente aquello en lo que se puede convertir España si a «nuestro» señor Baxter no se le ocurre guardar la llave bajo llave: un conjunto de apartamentos dentro de un edificio, totalmente independientes unos de otros, cada uno a un precio distinto, reformados a su aire, con unos servicios diferentes, unos con agua y otros sin ella, y ni oír hablar de la comunidad.

Algunos especialistas definen esta película como «la crónica amarga en clave humorística de las miserias de un anodino trabajador necesitado de promoción profesional». Pero Baxter en su interior no es así y se rebela. Si se le presenta al principio como tal, al final se supera y logra recuperar su honor. Nuestro Baxter aún está a tiempo de emular al protagonista de la película y mudarse rápido de apartamento o la bella Shirley McLaine no va a querer llegar a un consenso con él. Al menos deberá estar dispuesto a perder su trabajo -como ocurre en el largometraje- con tal de no manosear más la llave de un espacio que, como se encarga de repetirle cada día la dueña del apartamento, «antes de que llegara usted era un lugar muy decente».


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