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Cinco fueron las piezas del Cancionero Tradicional que incluí en mis Cien mejores poesías de la lengua castellana, concretamente ojos ”, “Si la noche hace escura”, “Al alba venidas “En Ávila, mis buen amigo”, “Mal ferida iba la garza”, y “Que de noche la mataron”. En la última selección se me cayó la pieza “Tres morillas me enamoran”, y la verdad es que desde entonces Axa, Fátima y Marién se me aparecen en sueños pidiéndome que entone la palinodia. Lo hago ahora muy gustoso, porque las tres morillas se lo merecen y porque, además, estoy dwseando que dejen de incordiarme. Lo de cantar palidonias viene de Estesícoro de Hímera, que era un poeta griego muy antiguo. La figura de Helena tenía muy mala prensa entre sus casi homónimas las helenas. Refugiada en los brazos de un truhán barbilampiño llamado París, se había escapado con él del hogar conyugal, dejando con tres palmos de narices al barbudo Menelao, su marido. Aquello no podía tolerarse, de modo que a Estesícoro se le ocurrió inventarse una historia “alternativa” (como suele decirse), para aplacar los ánimos de las “marujas” griegas: la verdadera Helena no se fugó con París ni estuvo en Troya durante la guerra, sino en Egipto, en la corte del rey Proteo, asediada, eso sí, por el hijo de éste, Teoclímeno, que quería casarse con ella; luego, de regreso de Troya, Menelao recogió en el país del Nilo a su mujer y se la llevó a Esparta, deduciendo que la víctima de Paris fue una falsa Helena, una cosa rarísima, un fantasma hecho de nube y éter, un holograma. En lo sucesivo, las amas de casa de la Hélade podrían descansar tranquilas. Y todo gracias a la Palinodia de Estesícoro.

Así que yo también canto mi palinodia, que no intenta disimular ningún adulterio ni quedar bien con ningún gineceo, sino declararles mi envidia y mi admiración a esas tres moras del villancico, que intentaron coger aceitunas y manzanas en Jaén hace no sé cuántos cientos de años y siguen intentándolo ahora y aquí, desmintiendo el paso del tiempo y burlándose de la muerte. Para los hologramas de Axa, Fátima y Marién, que encontraron, encuentran y encontrarán vado el árbol de la vida, pero que fueron, son y serán garridos y lozanos para siempre, la magia dulce de esta palinodia.

Tres morillas me enamoran
en Jaén:
Axa, Fátima y Marién.

Tres morillas tan garridas
iban a coger olivas
y hallábanlas cogidas
en Jaén:
Axa y Fátima y Marién.

Y hallábanlas cogidas
y tornaban  desmaídas
y las colores perdidas
en Jaén:
Axa y Fátima y Marién.

Tres morillas tan lozanas
iban a coger manzanas
[y cogidas las hallaban]
en Jaén:
Axa y Fátima y Marién.


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