Artículo

V Centenario del Caballero de Gracia

por Juan Moya

Rector del Real Oratorio del Caballero de Gracia

Publicado en Religión, Iglesia y sociedad | Cabellero de Gracia | historia de la Iglesia | Jacobo de Gracia

January 2017 - Nueva Revista número 160

ABSTRACT

El próximo 24 de febrero se cumplirán los quinientos años del nacimiento de Jacobo de Gracia, más nombrado como el Caballero de Gracia. Nació en Módena (Italia) y murió en Madrid el 13 de mayo de 1619, con ciento dos años de edad. Es una figura poco conocida de la Historia de la Iglesia y, sin embargo, no es un caso menor. Murió con fama de santidad y san Simón de Rojas inició su proceso de beatificación en 1623. Con motivo de este aniversario se han organizado diversos actos cuya presidencia de honor ostentan los Reyes de España. He aquí una semblanza que desea contribuir al mejor conocimiento de esta interesante figura.

ARTÍCULO

 

DIPLOMÁTICO DE LA SANTA SEDE

Jacobo de Gracia tuvo una biografía muy densa. En Bolonia, la mejor universidad de su tiempo, conoció a Juan Bautista Castagna, que llegaría a ser el papa Urbano VII, y convertido en su estrecho colaborador y amigo de confianza, comenzó a trabajar con él para encargos de la Santa Sede desde 1550 en que el papa Paulo III le envía a Francia y, después, a otras misiones.

En 1551 interviene en el tratado de paz para poner fin a la guerra de Parma entre Francia (Enrique II), Venecia y la Santa Sede de una parte y España (Carlos V) de otra. En 1553 Jacobo marcha con Castagna, que había sido ordenado y nombrado obispo de Rossano. Pero enseguida vendrán otros encargos, como el gobierno de Fano (1555), Perugia y Umbría (1559) y la pacificación de las ciudades italianas de Ferno y Espoleto (1560). Jacobo demuestra ingenio, acierto y prudencia y, como recogen sus biógrafos, «se va labrando ante su amigo y superior Castagna una altísima consideración».

En 1563 participa como colaborador de Castagna en la tercera sesión del Concilio de Trento, donde se trató la presencia real de Cristo en la eucaristía, lo que, tal vez, tuvo que ver en su iniciativa de fundar la Congregación del Santísimo Sacramento.

LA NUNCIATURA DE ESPAÑA

De 1566 a 1572 está en la Nunciatura de España, cuya importancia se puede calibrar por el plantel que ha enviado el papa Pío IV: el cardenal Hugo Boncompagni, futuro papa Gregorio XIII; Felice Peretti, futuro papa Sixto V, sucesor del anterior; y Juan Bautista Castagna, nuncio, futuro Urbano VII, sucesor a su vez de Sixto V. Con ellos, un auditor de la Rota Romana, Juan Aldobrandini, y Jacobo de Gracia.

En esos siete años Jacobo formó parte de esa delegación papal que tuvo que intervenir en los asuntos que interesaban a la corte de Felipe II y al Vaticano, tales como la formación de la Liga Santa para la batalla de Lepanto; la guerra en Flandes o de los ochenta años (sobre la independencia y la influencia calvinista contra el catolicismo); las guerras de religión en Francia; etc. Y sobre la resolución del proceso contra el obispo Bartolomé Carranza, cardenal de Toledo y primado de España, encarcelado por el tribunal de la Inquisición.

Escribe su biógrafo Graciliano Roscales que en los asuntos de más consideración y más delicados que se planteaban entre el pontífice y Felipe II, por medio del nuncio Castagna, «Jacobo intervenía tan razonablemente que cobró fama de hombre prudente y sagaz. Junto con ello se comportaba con una urbanidad política, labrada y fundamentada en la verdad y nobleza, con la que siempre actuó». También intervino de manera activa con el nuncio Castagna en las negociaciones de la Liga Santa, redactando consultas, borradores y demás documentos que exigen un acuerdo de esa naturaleza.

Madrid le encantó a Jacobo, y llegó a decir ya entonces: «Con qué alegría viviría y moriría yo en esta provincia si fuera natural de ella». Lo que acabó haciéndose realidad.

La buena relación de Jacobo con la princesa Juana, hermana de Felipe II y madre del rey don Sebastián de Portugal, la cual vivía en el convento de las Descalzas Reales y a la que Jacobo le proporcionó abundantes reliquias romanas, hizo que esta pidiera a su hijo para él la máxima distinción honorífica del reino de Portugal: Caballero de la Orden del Hábito de Cristo. De ahí el nombre de Caballero de Gracia con el que ha pasado a la historia.

En 1572 Castagna, y siempre Jacobo con él, es llamado a Roma porque Gregorio XIII, que ha sucedido al papa del Concilio de Trento, san Pío V, le ha nombrado nuncio en Venecia, además de visitador del Patrimonio de San Pedro. Ormaneto sustituye a Castagna en la Nunciatura de España. En Venecia se declara la peste y son años difíciles y peligrosos en que murieron muchas personas. Castagna y Jacobo arriesgaron sus vidas en la atención de enfermos.

SEGUNDA Y DEFINITIVA ESTANCIA EN ESPAÑA

Pocos años después, tras una breve estancia de nuevo en Bolonia, a finales de 1575 Gregorio XIII quiere enviar a España a su buen amigo Castagna para una delicada misión secreta, de la que no sabemos con certeza en qué consistía, aunque el biógrafo Roscales apunta que podría tener relación con la cuestión sucesoria del reino de Portugal, que, como es sabido, acabó incorporándose al reino de España con Felipe II. Castagna no se encuentra al parecer con muchas fuerzas y pide al papa que envíe a Jacobo.

Durante la estancia de Felipe II en Portugal, acompañado del nuncio Ormaneto, toca a Jacobo hacer las veces de este, y es nombrado protonotario apostólico, con poderes para asuntos seculares. Así, hasta 1583, año en que Felipe II vuelve a Madrid. Para entonces, el Caballero de Gracia ya ha tomado la decisión de quedarse en esta ciudad. Pero en ese momento tendrá que hacer frente a una grave acusación: según sus acusadores, durante esos años que estuvo al frente de la Nunciatura, se habría aprovechado de su cargo para quedarse con treinta mil escudos de oro, entonces una cuantiosa cantidad de dinero. Sufrió arresto domiciliario y fue sometido a un juicio en el que se comprobó la falsedad de las acusaciones porque pudo informar minuciosamente de todos sus actos y demostrar que las cuentas estaban bien justificadas.

Aunque, absuelto de toda culpa, renunció a cualquier tipo de represalia contra los falsos acusadores, perdonándolos y ofreciendo a Dios el sufrimiento moral que le causaron. El papa Gregorio XIII tuvo noticia de estos sucesos y alabó a Jacobo como varón prudente y maestro de paciencia. Felipe II, por su parte, le mandó llamar y le honró de palabra y con alguna remuneración de cierta importancia.

Jacobo hace ahora un viaje a Colonia para acompañar a Castagna en otro cometido encargado por la Santa Sede: averiguar la ortodoxia del obispo de la ciudad. Este les engañó y se supo después que se había pasado al luteranismo. «Nunca hemos echado paso en falso sino este», diría Jacobo. Vuelto a la Nunciatura de Madrid en enero de 1580, sigue prestando sus servicios en ella hasta 1592.

Antes, se había producido un suceso que pudo haber tenido gran influencia en la biografía del Caballero. Tras el fallecimiento de Sixto V, Giovanni Battista Castagna, su mentor, es elevado al solio pontificio con el nombre de Urbano VII el 15 de septiembre de 1590, pero muere el 27 del mismo mes y le sucede Gregorio XIV. Todo quedó, pues, en un guiño del destino.

LA ORDENACIÓN SACERDOTAL Y LAS DIVERSAS FUNDACIONES

Jacobo se había ordenado sacerdote en 1587 con setenta años de edad y desde ese momento intensificó su dedicación a sus diversas fundaciones, «manifestación de su preocupación por los más necesitados y por su amor a la eucaristía, a la Iglesia y a sus instituciones». Invirtió sus propios medios en la puesta en marcha de alguna de ellas, además de buscar la colaboración de otras personas. Y tuvo que vencer no pocas dificultades e incomprensiones.

Ya antes de su ordenación, en la primera estancia en España, fundó el convento del Carmen Calzado en 1571, que corresponde a la iglesia del Carmen actual en la madrileña calle de su nombre. En la siguiente década, mientras hace funciones de nuncio, funda el Hospital para Italianos, en la calle del Sordo, junto al actual Palacio del Congreso, en 1581-1582. Y de esa misma época es también el Hospital para Convalecientes, promovido en colaboración con el beato Bernardino de Obregón, en la calle San Bernardo. También es de ese año el colegio para niñas huérfanas, Nuestra Señora de Loreto, institución que, con estatutos cambiados, subsiste hoy y cuyo edificio está al final de la calle O’Donnell.

Siendo ya sacerdote, en 1594, funda en su propia casa el convento de los clérigos regulares menores de San Francisco Caracciolo. Aunque les facilitó que pudieran implantarse en España y pensaba dejarles en herencia su casa, hubo falta de entendimiento y se trasladaron a otro sitio. El que ellos dejaron lo ocuparían en 1604 las Concepcionistas Franciscanas del Caballero de Gracia, que actualmente, tras muchas vicisitudes en siglos posteriores por la persecución religiosa y la desamortización que las expulsó del convento, residen en la calle Blasco de Garay.

Por último, aunque no fue su última fundación, la Congregación de los Esclavos del Santísimo Sacramento, que ya existía en 1595 y fue aprobada en 1609 por el cardenal de Toledo Bernardo de Rojas y Sandoval. Su finalidad era y sigue siendo la difusión de la devoción a la eucaristía. Unas dos mil personas pertenecieron a ella en vida del fundador. Diversos papas confirmaron sus estatutos y concedieron diversos privilegios: Pablo V, Urbano VIII y Clemente XIV, en 1612, 1623 y 1774, respectivamente.

EL CABALLERO DE GRACIA Y SUS AMIGOS LITERATOS

El Caballero cultivó en su casa un ambiente literario y culto, en el que participaban desde personas como el beato Obregón y san Simón de Rojas hasta Lope de Vega, Alonso Remón, Tirso de Molina y el joven poeta Gabriel Bocángel. Cervantes ingresó al mismo tiempo que el Caballero en la Congregación de Esclavos del Olivar, en cuyas reuniones debieron coincidir.

A la tertulia asistía también Andrés de Spínola, amigo de la pintura y primer hermano mayor laico de la congregación, que fundaría en la calle de la Reina el colegio de niñas Nuestra Señora de la Presentación, conocido como «Niñas de Leganés». Gabriel Bocángel fue también hermano mayor de la congregación, y puede que tratase al Caballero los últimos años de su vida. Seguramente, según el biógrafo Roscales, participaría también un insigne historiador benedictino, Prudencio de Sandoval, autor de una crónica de su orden, La soledad laureada. Y otros, como el capitán Calderón, Juan del Espada, Alonso Cedillo, etc.

También tenía relación con Agustín Moreto: cuando Gabriel Bocángel describe en su Historia de la Congregación el traslado de los restos del Caballero en 1644, nos habla de que se cantaron letras de alabanza y, entre ellas, una de Moreto.

Con Lope tuvo un trato más intenso, pues este perteneció a la Congregación de los Esclavos del Santísimo Sacramento y en el archivo del oratorio consta su firma en tres actas que contienen acuerdos de los años 1609, 1610 y 1611. El mismo Lope canta su entrada en la congregación con estas palabras: «Hoy por esclavo me escribo / dulce pan, en tu prisión / porque me dice la fe / que eres Dios y pan de amor». En la Navidad de 1615, penúltima Navidad antes de su muerte, Lope hace representar a la compañía teatral de Riquelme, la mejor del momento, el auto sacramental Caballero de Gracia, adaptándolo para representarlo en la iglesia.

MUERTE Y FAMA DE SANTIDAD

Falleció el Caballero en la madrugada del 13 de mayo de 1619. En los días anteriores era consciente de que se acercaba ese fin y además de pedir la misericordia de Dios y la paz de la Iglesia, se preocupó de los detalles de su herencia sobre los que le habían atendido, de la atención a las concepcionistas franciscanas y de las limosnas. El 9 de mayo se levantó para celebrar misa y confesar, pues decía que allí estaba su verdadera salud. Pidió el viático y la unción de enfermos.

Remón recoge estos testimonios sobre el Caballero en su biografía: «Yo puedo testificar una cosa por verdadera, tocada por mis propias manos y oída por mis oídos, que no se llegaba a hablar a persona que preguntase ¿quién se ha muerto?, ¿qué oficios funerales son estos?, que en acabando de decirle: murió el Caballero de Gracia, no respondiese: gran santo, gran siervo de Dios [...]. Y por enterarme más de esta uniformidad [...], lo pregunté a diferentes gentes, de diversas calidades y estados, ricos y pobres, discretos, ignorantes, criados, jueces, príncipes, superiores, inferiores, seculares, eclesiásticos, hombres, mujeres, y a nadie se oyó desdecir, ni variar, ni torcer, ni mudar el crédito, ni dudar en decir a boca llena que había sido el Caballero de Gracia un santo».

En los doce días siguientes a su muerte, aunque en su testamento había dispuesto que sus funerales fueran sencillos, muchas comunidades religiosas y numerosos fieles celebraron funerales por su alma con los mejores predicadores y gran solemnidad. Acudieron feligreses de los más diversos ámbitos sociales, hombres y mujeres, personas importantes y gente sencilla. Otros muchos escribieron cartas desde diferentes tierras y provincias resaltando sus virtudes. Por ejemplo, el secretario del duque de Medina Sidonia decía: «Su doctrina era santa y su lenguaje dulce, sus consejos celestiales y sus avisos importantes. Era padre del buen ejemplo, maestro de la buena crianza, gran cristiano, grande observante, grande penitente y varón de gran fervor de espíritu». Sus restos, tras diversos traslados, se veneran en el oratorio, a la derecha de la nave. Una inscripción escrita en 1644 en la lápida dice: «Aquí reposa el Venerable Jacobo de Gracia... noble por su sangre, ejemplar por las virtudes, insigne por la penitencia, admirable por la vida y ajustado por la muerte...».

En 1623 su sucesor en la Congregación de los Esclavos del Santísimo Sacramento, san Simón de Rojas, promueve su proceso de beatificación. El dominico conventual de Atocha fray Domingo de Mendoza llevó los trabajos del proceso. En 1633 se terminó la primera fase y la documentación se trajo de Toledo, donde estaba, a Madrid. Cuando años más tarde se quiere enviar a Roma, se ha perdido. No se conocen con seguridad las causas de la pérdida. En los lugares en que se guardó (el convento y el colegio de Santo Tomás) ha habido incendios y cabe la posibilidad de que desapareciera por ese motivo. Ahora la Asociación Eucarística que fundó está haciendo las gestiones oportunas para reanudarlo.

LA LEYENDA DEL CABALLERO

Dos siglos y medio después de su muerte, en 1863, Antonio Capmani y Montpalau, en dos libros suyos, presenta al Caballero como un nuevo don Juan Tenorio, que tras enamorar a diversas damas, tuvo una inspiración divina mientras intentaba seducir a otra más, y cambió de vida. No dice de dónde saca esos relatos; no cita ninguna fuente documental; no se refiere a la biografía de Alonso Remón, contemporáneo del Caballero.

Posteriormente Luis Mariano de Larra en 1871 recoge la versión de Campmani que da lugar a la conocida zarzuela de Chueca en 1886. Pedro de Répide (†1948) en su callejero de Madrid se limita a recoger lo mismo que los anteriores.

Pero seguramente el Caballero no tuvo necesidad de «arrepentirse» de modo milagroso, como dicen los autores más arriba citados. Jerónimo de la Quintana (1570-1664), contemporáneo del Caballero, en Historia de la antigüedad, nobleza y grandeza de Madrid, escribe que «el varón de noble alcurnia Jacobo de Gratiis, fundador de la Vble. Congregación de Indignos Esclavos del Santísimo Sacramento, fue hombre eminente en virtud y ciencia y murió a los ciento dos años en olor de santidad». Mesonero Romanos (1803-1882) afirma que «la calle del Caballero de Gracia lleva este título del Caballero de la Orden de Cristo Jacome o Jacobo de Gratiis, virtuoso sacerdote, natural de Módena, que vino a España con el Nuncio de su Santidad».

Hoy, su cuerpo se venera en el oratorio que lleva su nombre, en Madrid, y muchas personas rezan ante él1.

1 El Real Oratorio del Caballero de Gracia es una importante obra arquitectónica neoclásica de Juan de Villanueva. La fábrica tiene entradas por Caballero de Gracia, 5 y Gran Vía, 17.

BIBLIOGRAFÍA

REMÓN, Fray Alonso: Vida ejemplar y muerte del Caballero de Gracia. Fray Alonso Remón fue predicador y cronista general de la Orden de Nuestra Señora de la Merced. Contemporáneo del Caballero de Gracia, al que conoció y trató. La primera edición fue publicada por Diego Flamenco, Madrid, 1920, aunque Muñoz sostiene que fue publicada el 7 de junio de 1619, es decir, veintiséis días después de la muerte del Caballero, lo que le da un sello especial de autenticidad. Reeditada en 2009.

QUINTANA, Jerónimo: Grandezas de Madrid, Madrid, 1629. Se refiere al Caballero como varón de noble alcurnia, fundador de la Congregación de los Indignos Esclavos del Santísimo Sacramento, hombre eminente en virtud y ciencia y muerto en olor de santidad.

nueva revista · 160

TIRSO DE MOLINA: Comedia devota. Obras completas, tomo III, Ed. Aguilar, Madrid, 1968. La crítica a esta obra ha señalado que más que comedia es una crónica dramatizada de la vida piadosa del Caballero.

GARCÍA RODRIGO, Francisco Javier: El Caballero de Gracia. Historia imparcial y vindicativa de este venerable y ejemplar sacerdote. García Rodrigo fue hermano mayor de la Congregación de Esclavos del Santísimo Sacramento. Editado por la Junta Provincial de la Asociación de Católicos en Madrid. Imprenta de Alejandro Gómez Fuentenebro, Madrid, 1880.

ROSCALES OLEA, Graciliano: El Caballero de Gracia. Más de cien años de aventura, Ed. Avapiés, Madrid, 1989. Roscales, sacerdote e historiador, fue durante muchos años encargado del Archivo Histórico del Real Oratorio de Caballero de Gracia y utilizó la numerosa documentación que sobre el Caballero se encuentra en el archivo. Es la obra más documentada.

SANABRIA, José María: El Caballero de Gracia y Madrid, Ed. Rialp, Madrid, 2004. Sanabria era archivero de la Asociación Eucarística de Caballero de Gracia. En su libro, Caballero y Madrid «dialogan» sobre los acontecimientos de la vida de Jacobo y de la Corte. Aporta datos históricos de época que ayudan a comprender el contexto en que se movió el Caballero y sobre personajes de la curia romana con los que tuvo relación.

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