Discurso de Antonio Fontán
Discurso de Antonio Fontán
 
  • PRESIDENTE Y EDITOR
    Antonio Fontán
  • VICEPRESIDENTE Y COORDINADOR EDITORIAL
    Rafael Llano
  • CONSEJO EDITORIAL
  • Entrega del IV Premio Brajnovic de La Comunicación a
    D. Antonio Fontán Pérez
    Facultad de Comunicación. Universidad de Navarra
    Palabras de D. Pío Cabanillas Alonso (21.11.00)

          Sr. Presidente del Parlamento Foral de Navarra, Sr. Delegado del Gobierno, Sra. Alcaldesa de Pamplona, Sr. Rector, autoridades, académicos, amigos.

    Querido Antonio:

          Glosar tu atractiva y compleja personalidad, es una tarea al tiempo fácil, por la clara identificación de los fines que has perseguido a lo largo de tu vida, y difícilmente abarcable en pocos minutos, debido a la gran variedad de facetas en que ésta se ha materializado, todas ellas abordadas con enorme brillantez.

          Es por ello Sras. y Sres. que más que volcarme en una descripción cronológica de su trayectoria, de sobre conocida, me centraré en aquello que ha constituido la esencia del comportamiento de Antonio: su sincero compromiso con el entorno, y su defensa, siempre desde un espíritu crítico, de los valores en que firmemente se ha asentado su devenir: la libertad, la tolerancia y la convivencia.

          Antonio es ante todo, quizás como Séneca, el gran filósofo al que dedicó sus primeros años de investigación, un estoico moderno.

          De igual modo que su paisano andaluz, si bien no sevillano, Antonio configura su vida sobre la virtud, la búsqueda permanente por hacer lo que cada persona considera correcto; la conquista de una vida lo más llena y sencilla posible; y muy especialmente el abandono de la indiferencia hacia el entorno en la situación cotidiana de cada uno.

          No es fácil encontrar una mejor comparación de las claves vitales de Antonio. Sólo espero angustiado, que su indomable contribución a la vida pública española no le empuje a supremos sacrificios, como el que supondría un final análogo al del insigne pensador, por muy bella y cargada de dramatismo que nos pinte Rubens la escena. Ni Séneca está con nosotros ni lo está Rubens, y gracias a Dios tenemos a Antonio en dignidad plena.

          Antonio puede definirse como hombre de universidad, como "un animal" político y como un gran periodista. Es indiferente la faceta que analicemos. En todo caso siempre corre por sus venas la palabra compromiso.

          Antonio es un humanista, y ello le da traslado de un trabajo teórico en el conocimiento y divulgación de los clásicos, a una defensa ardorosa de nuestro patrimonio cultural y de los valores y contenidos clásicos presentes en el sistema educativo. Debería merecernos una reflexión colectiva en profundidad, constatar que Antonio considera que ésta es una de las batallas fundamentales de nuestra convivencia futura como país. Y no sólo una reflexión, sino un posicionamiento activo y beligerante, acorde con dicha advertencia.

          Decía en su día Brajnovic, figura que enmarca este premio que Antonio hoy recibe, que "el hombre vale cuanto es capaz de amar, de juzgar, de valorar sus actos y de actuar eligiendo por su propia voluntad el bien y evitando el mal".

          Antonio comparte este propósito, ha hecho de esta constante preocupación la búsqueda de una voluntad propia, que viene sin duda constituida por una formación sólida y asentada en una escala de valores definida, por una educación integral en suma, uno de los ejes de su forma de ser y hacer.

          No en vano, la formación universitaria en la literatura y en la historia, de quien tiene a su cargo los designios de los españoles desde hace veinticinco años, está en gran medida ligada a la figura de Antonio. Como también lo están tantos estudiantes del que fuera Instituto de Periodismo, y que hoy nos acoge como flamante Facultad de Comunicación.

          Desde esta perspectiva resulta fácil comprender la coherencia que hay también en el Antonio Fontán periodista. Qué otra cosa podía hacer quien configura en torno a los valores del diálogo y de la libre voluntad su trabajo, que ser fiel a estos principios y defender la libertad de expresión no como fin en sí misma, sino como cauce de la formación de una conciencia libre.

          Desde sus comienzos en La Actualidad Española o al frente de Nuestro Tiempo en la Universidad de Navarra, Antonio cree firmemente en estos principios, y de ahí que ejerza sus funciones como periodista, en especial cuando una mayor carga de compromiso personal lo exige, no con un propósito de protagonismo sino de simple adecuación a dichos principios. Esto le distinguió a él, como director, y a su diario Madrid: La lucha por las libertades públicas en los difíciles momentos del tardofranquismo.

          Antonio plasma asimismo su compromiso público en el ámbito de la política, fundamentándolo, una vez más, en torno al diálogo, el intercambio de pareceres y la búsqueda del consenso.

          Su actividad pública más destacada coincide con dos momentos de gran trascendencia.

          Gana un puesto al Senado en su circunscripción natal, tras obtener 216.557 votos, una vez efectuado un recuento probablemente exacto, aunque manual de los mismos, y se convierte en Presidente de un Senado en el que convive entre otros con personajes como Julián Marías, Torcuato Fernández-Miranda, Domingo García-Sabell, Víctor de la Serna, José Luis Sampedro y otros muchos que, junto a los elegidos por voluntad popular, acuden a esta Institución por designación real. Qué mayor placer, unido sin duda a la ingente labor que representa la elaboración de una Constitución, que el de compartir horas de trabajo con hombres que, como él, creen que siempre hay algo que aprender del otro, y que hay que involucrarse personal y apasionadamente en la consecución de las metas.

          ¿Y a dónde llega Antonio a continuación? Ni más ni menos que a la cartera de Administración Territorial, donde el diálogo se transforma de instrumento en fin de sus responsabilidades. Pero Antonio no se aparta después del servicio público, entre otras circunstancias porque, para él, la política no deja de constituir sino una más de sus distintas vertientes, y para nosotros, Antonio sigue siendo arquitecto de la sociedad en que vivimos.

          En una entrevista publicada hace algunos años, y aún afirmando de forma claramente engañosa que se considera retirado de la política, Antonio insiste en enarbolar "la necesaria reivindicación, y puesta al día de los valores históricos". En un momento en que los logros de la Transición parecían cuestionarse, Antonio nos dice expresamente que "hay que saber que somos herederos de un país grande y de una cultura grande, y que tenemos, por lo tanto, un destino en el mundo que no es el de una nación vulgar". En efecto, hay que mirar al futuro sin complejos, con ambición y fundamentados en el orgullo que ha de generarnos nuestro rico y común pasado.

          Porque el mundo actual necesita impregnar todo el instrumental tecnológico e informático que nos rodea de valores y contenidos humanísticos que permitan una sólida formación personal. Esta política cultural del valor y del contenido, desde el fomento de la cultura clásica, la sigue defendiendo con ardor Antonio, y su último episodio es el "Manifiesto de Alcañiz".

          Quienes de forma temporal desempeñamos unas responsabilidades públicas y admiramos a Antonio, no podemos dejar de guiarnos por la coherencia con que desarrolla sus ideas y facetas. Acometer tantos empeños y tan brillantemente sólo puede deberse a un espíritu libre, sin ataduras de ningún tipo. Un espíritu que nos recuerda, incansable, que el fomento de la cultura es uno de los primeros deberes de la democracia.

          Sras y Sres, Antonio se incorpora hoy a una relación de premiados por la Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra en la que figuran Miguel Delibes, Violeta Chamorro y David Puttman. Creo no exagerar al afirmar que este magnífico elenco se ve completado y enriquecido sustancialmente con su figura.

          Por mi parte, espero poder mantener, en mi actividad presente y futura, algo al menos del espíritu que Antonio nos sigue legando. Y así, y aunque he intentado eludir a lo largo de mis palabras los dictados del corazón, honrar en cierta medida una doble deuda impagable: la entrañable amistad que le unió a mi padre, y los buenos consejos que tantas veces han allanado mi camino. Muchas gracias Antonio. Y gracias a todos.


     
  • Volver a la página "PRESIDENTE Y EDITOR"

    NUEVA REVISTA DE POLÍTICA, CULTURA Y ARTE
    Javier Ferrero, 2. 28002 Madrid
    Tel.: 91 519 97 56 - Fax: 91 415 12 54
    http://www.nuevarevista.net
    email: nuevarevista@tst.es
     
    Powered by TELNET SERVICIOS TELEMÁTICOS