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CONVERSACIÓN SOBRE LA ACTUAL ESTRUCTURA PRODUCTIVA.
Innovación y conocimiento en España, un problema cultural

por ENRIQUE MORALES , JEFE DE SECCIÓN DE ECONOMÍA Y POLÍTICA DEL DIARIO LA GACETA DE LOS NEGOCIOS Y RAFAEL LLANO, COORDINADOR EDITORIAL DE NUEVA REVISTA


La escasa productividad de los trabajadores, ligada a la baja cualificación, resulta un freno para que las empresas españolas sean competitivas. Esta situación tiene su origen en la falta de arrojo político para legislar en la dirección adecuada, pero sobre todo en la mínima calidad de la enseñanza, la prácticamente nula presencia de la formación profesional y en unos hábitos culturales que han convertido a los emprendedores prácticamente en una especie en extinción. El catedrático de Teoría Económica Rafael Rubio de Urquía y la profesora de Economía Aplicada Carolina Cañibano detallan para Nueva Revista las causas de esta grave situación; las posibles soluciones, en varias direcciones; y las graves consecuencias para la sociedad si no se aplican medidas en el corto plazo.
   ENRIQUE MORALES · La falta de productividad y el escaso interés emprendedor de los españoles tienen diversas causas, que son económicas, políticas y educativas. Para empezar a centrar el tema, ¿cuáles son los problemas que, a vuestro juicio, tiene planteado España en relación a la productividad de nuestros sistema económico?
  RAFAEL RUBIO DE URQUÍA · El estado de la productividad tiene relación con el tema principal de esta conversación. Junto a productividad hay otros temas conexos, como la creación de empleo, tasa de crecimiento, etc. Pero aunque todos ellos tienen relación con el tema principal de nuestra conversación son temas distintos de éste. No obstante diré algo acerca de productividad.
Se ha hecho alusión a la estructura del mercado laboral español y a deficiencias en nuestros sistemas de enseñanza. La rigidez relativa del mercado laboral español es una de las causas de nuestra situación. Conviene recordar, sin embargo, que no es cierto que la rigidez del mercado laboral sea, en todo caso y para cualquier configuración institucional y cultural, un factor negativo para el crecimiento económico. En España, por ejemplo, los índices de crecimiento real más altos del siglo pasado se dieron con una estructura del mercado de trabajo mucho más rígida que la actual.
Ahora bien, el tema de las deficiencias en nuestro sistema de enseñanza, en relación con el estado de la productividad actual, tiene ya más relación que el anterior con la cuestión principal. Aquí hay que distinguir. Si hablamos de educación formal, de horas impartidas en cursos, cursillos, programas reglados, etc., España no presenta malas estadísticas. Tenemos estudios de todo tipo, con una excepción muy importante a la que luego me referiré. Pero, no obstante esas buenas estadísticas formales, es preciso preguntarse si esa formación que se imparte es buena. Porque si los resultados son tan malos, es preciso admitir que el sistema en su conjunto, empezando por la enseñanza básica obligatoria, debe ser sometido a revisión radical.
La excepción a la que me refería es la formación profesional. Por ejemplo, cualquier persona que tenga una mínima relación con la construcción sabe bien que no existe un sistema eficaz y suficiente en nuestro país para formar albañiles, carpinteros, etc. Todo eso se ha dejado realmente de lado. La antigua formación de oficios se sustituyó por una suerte de enseñanza paralela al bachillerato, que en general ha sido un fracaso.

Junto a la instrucción formal, sobre la que volveremos, hay otros factores que inciden en la productividad. Muy en particular debe destacarse la ausencia de una cultura del esfuerzo y del trabajo bien hecho. Como en otros países, en España se puede hablar de una decadencia clarísima en ese sentido: trabajos que antes se hacían muy eficientemente hoy se hacen de modo negligente en todos los niveles. Sin duda se ha producido, en muchísimos casos, una alteración grave del sentido que se otorga al trabajo. Ahora bien, además de las cosas de las que tratan las estadísticas, hay otras que éstas ignoran y sobre las que, dada su importancia, me parece deberíamos centrarnos. Me refiero sobre todo a las relaciones que existen entre la estructura de nuestra actividad económica y los diseños estratégicos que la generan y gobiernan.
¿En qué consisten los proyectos a medio y largo plazo de los actores económicos? Esta es una pregunta inmediatamente relacionada con la innovación, la educación y los objetivos estratégicos empresariales y familiares; constituye, me parece, el núcleo del tema principal de nuestra conversación.


Cañibano: «El dato peculiar y significativo de los resultados educativos en España es que en nuestro país se da una polarización muy marcada».


  CAROLINA CAÑIBANO · Yo añadiría un comentario acerca de la falta de educación. Aquí nos enfrentamos, efectivamente, con datos de tipo cuantitativo y con otros de tipo cualitativo. ¿Qué nos dicen los primeros sobre las deficiencias en educación, a la que usted se refería? El dato peculiar y significativo de los resultados educativos en España es que en nuestro país se da una polarización muy marcada. Por una parte, tenemos mucha gente con un nivel educativo bajo: casi un 60% de la población activa no termina la educación secundaria; y luego, una proporción de gente con nivel educativo universitario, equiparable a la de los países más avanzados de la OCDE, de la UE. ¿Dónde nos falta gente en comparación con el resto de los países? En los niveles educativos medios. Ahí estaría el problema de la formación profesional, clarísimamente; y el de la gente que ni siquiera termina la educación secundaria. Muchos españoles se apean muy pronto del sistema educativo, y eso es algo que en los discursos políticos —el reiterado «fracaso escolar», por ejemplo—se cita con mucha frecuencia.


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