| POMACOS Y OTRAS MINORÍAS MUSULMANAS EN TRACIA Ciudadanos europeos, rehenes de Grecia y de Turquía |
| por
BEGOÑA CASTIELLA , Periodista
Estos últimos —una minoría dentro de la minoría— tienen posiblemente un origen eslavo —no turco— y fueron islamizados en el siglo XIII. Los griegos piensan que su origen se relaciona con las tropas de Alejandro Magno; pero esta versión, aunque romántica, es poco verosímil. Desde su islamización en la Edad Media han mantenido vivo su idioma, el pomaco, que forma parte del bulgaro-macedonio y que se habla pero que no tiene escritura. Su particular relación con los «otros» pomacos que residen en el sur de Bulgaria, al otro lado de la cordillera de Rodopi, es también un reflejo de la compleja situación política del siglo XX. LA COMUNIDAD POMACA Esta comunidad se ha identificado con los turcos provenientes de Turquía, habla turco delante de los extranjeros y se relaciona y celebra nupcias con la minoría turca, pero no con la gitana. Muchos pomacos mantienen en su físico caracteres eslavos, siendo en su mayoría más altos y más claros de piel que el resto. Siguen formando una comunidad muy cerrada en sí misma, aunque reconocen que con tan pocas tierras y el precio del tabaco disminuyendo cada año, tendrán que buscar nuevas fuentes de ingresos. El cultivo del tabaco va a perder la mitad de sus ayudas comunitarias en el 2009 y la totalidad de las mismas en el 2013. La falta de educación secundaria, el limitado contacto con el mundo exterior (únicamente para compras y visitas a médicos o abogados en la capital de la provincia), así como la percepción del griego como una lengua extranjera, hace que los pomacos sigan sintiéndose más aislados respecto de los griegos que el resto de la minoría. Para paliar este sentimiento, muchos miembros de esta comunidad han decidido renunciar a sus características particulares y pasar a formar parte del grupo de los turcos. La posibilidad de ver ininterrumpidamente, vía satélite, la televisión turca hace que su estilo de vida, sumamente concentrado en las costumbres de su comunidad agrícola, encuentre algún entretenimiento. Los hombres jóvenes que han emigrado a Alemania, Holanda o Dubai, mejoran con los ingresos obtenidos allí el nivel de vida de sus respectivas familias. Las mujeres aún no se han decidido a dejar de un lado sus costumbres, a vestirse como ciudadanas europeas que son y a estudiar al menos hasta los dieciséis años. «Aquí no se hace esto», contestan mirando al suelo cuando les digo que sus bonitos bordados podrían venderse en Atenas, o que las chicas —no importa que ya estén casadas— podrían terminar sus estudios. Son muchos años de vivir aislados, de sentirse más minoría que el resto de la minoría turca. Las autoridades griegas siempre han temido que los pomacos pudiesen introducir el comunismo en territorio nacional griego. No hay que olvidar que esta minoría han convivido durante años con un país, al otro lado de las montañas, que pertenecía al Pacto de Varsovia, con una gran industria militar, minas de uranio y hasta, según se rumoreaba, misiles nucleares almacenados por cuenta de los soviéticos en los años ochenta. Secretos que sólo ahora se están revelando... y con los que se quería justificar la vigilancia por parte griega de los pueblos pomacos que se mantenían aislados. Poco a poco se han ido levantando las medidas restrictivas que rodeaban a los pueblos pomacos. Hasta mediados de los años noventa se encontraban totalmente aislados. Para realizar una visita había que pedir permiso a las autoridades militares y ellos, por su parte, tenían que justificar su deseo de abandonar eventualmente la zona. De hecho, la barrera del control militar a la entrada de esta región habitada por pomacos fue retirada en 1995. La única salida conocida de la pobreza en que vivían era la emigración a Turquía; pero en la actualidad, en aquel país hay mucho desempleo y constituirían una nueva minoría en él, pero esta vez griega y, por tanto, sospechosa. Rechazan de momento el turismo y no se dejan fotografiar con sus ropas oscuras: «No somos un museo», comentan, algo incómodos. EL FUTURO Pero el futuro de la minoría está abierto. La educación de sus jóvenes y el que dominen el griego les abre ya nuevas perspectivas laborales y el camino a una más plena integración. De ahí la importancia del nuevo programa de educación que se está realizando, pero que, por intereses políticos ajenos a sus excelentes resultados, está en peligro de no poder abordar su tercera fase en los próximos años. Todavía falta esa plena integración, como es manifiesto por los contados matrimonios entre individuos de la minoría y de la mayoría, que en todo caso se ven obligados a emigrar a otras ciudades o países. El mejor conocimiento del griego facilitará que todos puedan informarse y conocer sus derechos como ciudadanos griegos —y no sólo sus deberes—. Se conseguirá así que la minoría pueda confiar en el Estado griego, por el que hasta ahora no se ha sentido apoyado. Los políticos se interesan en este momento por las mejoras reales entre los pomacos. No sólo porque Grecia pertenece a la Unión Europea, sino por algo más concreto: el actual primer ministro, Costas ![]() Karamanlis, quiere que Tracia salga de su aislamiento y deje de ser una de las zonas más pobres de la UE e inclusive de Grecia. Dos de sus viceministros son diputados de la zona: el de Asuntos Exteriores, Evripides Stilianidis, y el de Desarrollo Agrícola, Alexandros Kontos. Junto a ellos, el único diputado musulmán elegido en las últimas elecciones por los conservadores de Rodopi es un joven abogado que terminó su carrera de Derecho en Tesalónica, llamado Ilhan Ahmet. Los tres luchan contra la maquinaria estatal y las mentalidades atrasadas. Insisten en la educación bilingüe y en el conocimiento del griego, que sacará a la minoría del gueto en el que viven. Quieren mejorar las carreteras locales que van a conectar estas poblaciones pomacas con la nueva Vía Ignacia, proyectada para atravesar el norte de Grecia desde la costa adriática hasta la frontera turca; y abrir en 2007 nuevos pasos fronterizos con Bulgaria, lo que será una fuente de turismo e ingresos. Quieren asimismo aumentar el turismo ecológico, sacando provecho de los magníficos paisajes, bosques y ríos de la zona, rica en fuentes termales. Y también ofrecer una solución alternativa al cultivo al tabaco, actividad en la que se ocupa el 95% de la minoría, con el cultivo de plantas energéticas. Se estudia asimismo el consumo de «biodiésel» y la creación de dos fábricas que comercializarían este tipo de combustible alternativo. Según muchos observadores, la juventud de la minoría de Tracia podrá convertirse en un ejemplo de integración multicultural y los interlocutores ideales para abrir paso a Turquía en Europa, ya que podrán ayudar a solucionar los problemas procedentes de la parte turca ante el mundo europeo. La muestra más expresiva del mejor clima político y social que se vive actualmente ha sido la visita del primer ministro turco, Erdogan, a Tracia, la primera desde la efectuada hace cincuenta y cuatro años por Celal Bayar. Su viaje fue organizado personalmente por Stilianidis y ha resultado todo un éxito. El que las minorías prosperen y dejen de sentirse aisladas y amenazadas es una muestra inequívoca de adelanto y de prosperidad, tanto para Grecia como para Turquía. Una última medida que se perfila como necesaria en un futuro no muy lejano es la separación de la personalidad jurídica del mufti —líder musulmán y árbitro en temas religiosos— de su faceta como legislador en temas económicos y de derecho familiar en la minoría. De momento, sigue siendo el mufti quien puede aprobar un matrimonio de una niña de trece o catorce años con un joven de quince (ilegal para los restantes griegos), o impedir un divorcio. Aunque la Constitución griega se adecua al derecho europeo en estas cuestiones, se sigue respetando la letra del Tratado de Lausana entre Grecia y Turquía (1923) y autorizando el cumplimiento de las decisiones del líder religioso musulmán entre miembros de esta minoría. Hay personas de la minoría que consideran que se puede obtener un consenso entre las autoridades, respetando el espíritu del Tratado de Lausana pero llegando a una solución más acorde con los tiempos. Otra asignatura pendiente es atraer a la segunda generación de la minoría que ha emigrado a Turquía o a otros países, incentivando su regreso. Mucho queda por hacer, pero mucho se está adelantando para conseguir que Tracia se convierta en un ejemplo de sociedad multicultural, capaz de arrinconar esas dos culturas paralelas que vivían en la desconfianza y en el atraso. |
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